"Es comprobar cuáles son las prioridades del PSOE. Para sancionar con una rapidez admirable al ciudadano que circula unos minutos por el carril izquierdo, eficacia absoluta. Para proteger una frontera española cuando es asaltada, resignación".
Este verano me pusieron una multa por circular por el carril izquierdo de una de esas autovías españolas cuyo carril derecho, por su falta de mantenimiento, el PSOE ha convertido, en algunos tramos de varios kilómetros, en un campo de minas. Harto de ir dando botes, me cambié de carril. Casi no había tráfico, no molestaba a nadie e iba rápido.
Apenas habían pasado unos minutos cuando aparecieron dos motoristas de la Policía de Sánchez. Uno se me puso delante, cortándome el paso. El otro se plantó junto a la ventanilla del copiloto, haciéndome enérgicos gestos para que saliera inmediatamente de la autovía.
Nervios. Movidón. «¿Qué coño he hecho yo ahora?». Debo de ser un peligroso delincuente para semejante despliegue. Solo faltaban los GEO y un helicóptero, que no descarto por la rapidez del operativo en echárseme encima. A ver dónde quieren que pare el coche.
Documentación. Preguntas. Explicaciones. Ochenta euros de multa. Cojonudo. Para un buen vermut del político de turno, pensé, porque para arreglar los baches y los socabrones (sic) no va a ser.
No protesté. ¿Para qué? Encima, si protestas, igual te llevas otra o, si te pones aún más tonto, acabas en el cuartelillo. Pero me quedé pensando en la rapidez con la que el Estado había aparecido. Bastó que un ciudadano inofensivo —quizás esa sea la clave— incumpliera una norma completamente menor para que la maquinaria funcionara con una eficacia admirable.
Es lo primero que se me vino a la cabeza al ver las imágenes de la invasión de Ceuta y la pasividad absoluta de esa misma Policía de Sánchez.
¿Dónde coño está ese mismo Estado que es capaz de parar un coche por circular por el carril izquierdo de una autovía? Comiéndose algún socialista unas gambas en un chiringuito cuqui con mis ochenta euros.
No descarten también que el socialismo vaya con Marruecos y con esa turba de jóvenes, todos hombres, que han invadido una ciudad española de 80.000 habitantes que paga impuestos para ser protegida y a la que el PSOE ha dejado sin defensa. Niñas, niños y mujeres rezando para que no se les cuelen en casa esas manadas que campan a sus anchas por las calles sin que el Gobierno haga nada para repelerlas, expulsarlas y devolver la seguridad a las fronteras españolas.
Si lo piensas, lo verdaderamente desesperante no son los ochenta euros. Es comprobar cuáles son las prioridades del PSOE. Para sancionar con una rapidez admirable al ciudadano que circula unos minutos por el carril izquierdo, eficacia absoluta. Para proteger una frontera española cuando es asaltada, resignación. Implacables con el ciudadano inofensivo; completamente sumisos ante los malos y peligrosos.
Salvo cuando se trata de robar dinero público, porque para eso el PSOE parece demostrar una eficacia extrema. Gobernando, da la impresión de que solo sabe dejar dos cosas tras de sí: corrupción y caos.
Qué deprimente panorama. Y eso es todo.