Pues ya estaría. Elecciones el 29 de noviembre y esta vez la campaña electoral ya ha comenzado antes del pistoletazo oficial, dos semanas antes de la cita con las urnas.
El psicópata instalado en la Moncloa ha necesitado menos de 24 horas tras anunciar la convocatoria de elecciones generales anticipadas para poner en marcha su maquinaria electoral, que pasa por prostituir una vez más las instituciones del Estado en su beneficio. Sánchez sabe que no puede demorar más la convocatoria de unas elecciones, pues cuanto más tarde, más saldrá a la luz toda la podredumbre que rodea a su Gobierno. Solo esperaba tener un filón de donde tirar para intentar hacer que los ciudadanos se olviden de todo ello. Y ha sido la vivienda (por el caso Maricarmen), como podía haber sido la legalización de la marihuana.
El aspirante a dictador convoca elecciones tras tumbar uno de sus socios los decretos de Vivienda, con el pretexto chavista de que el Congreso no representa al pueblo si no se vota lo que le conviene al Gobierno. Y sin despeinarse convoca una huelga general contra la OPOSICIÓN a través de los sindicatos, cuando nunca en ocho años ha habido alguna contra el Gobierno.
Y hasta aquí. No debemos entrar a rebatir ninguno de estos temas. Y explico por qué: es evidente cuál es la estrategia de Sánchez. Su único objetivo es que no se hable de la trama criminal en la que está envuelto su partido. Es decir, no debemos picar en ninguno de los señuelos que saque de aquí al 29-N, ni para criticarlos ni por muy escandalosos que sean, porque solo vamos a contribuir a alimentar su estrategia, que es que no se recuerde lo que le va a hacer, con mucha razón, perder las elecciones.
Quiere tapar que su primer acto por el que se le conoce es en sí mismo corrupto y tuvo lugar dentro de su propio partido: escondió una urna detrás de una cortina para intentar pervertir los resultados en el Comité Federal de 2016 en el que fue defenestrado.
Quiere tapar que se hizo después con la Secretaría General del PSOE con la ayuda de un Peugeot y tres individuos que han acabado todos en la cárcel.
Quiere tapar que para mantenerse en el poder ha ido desmantelando el Estado de derecho poco a poco a petición de sus socios nacionalistas, llegando a conceder una amnistía inconstitucional por delitos como el de rebelión y sedición, además de malversación. Todo ello corrompiendo órganos de la justicia como el Tribunal Constitucional, que es, en teoría, un tribunal que vela por el cumplimiento de la Constitución en las leyes que se aprueban, pero que en la práctica han convertido en un instrumento más del Gobierno para tumbar todas las sentencias del Supremo que no favorecen sus intereses.
Quiere tapar que su exministro de Transportes, José Luis Ábalos, y su asesor, Koldo García, dos de los integrantes del Peugeot, han sido condenados a 24 y 10 años de prisión, respectivamente, por delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias en la trama de «mordidas» en la adjudicación de contratos de mascarillas durante la pandemia.
Quiere tapar que el tercer integrante del Peugeot, su hombre de confianza y exsecretario de Organización, Santos Cerdán, fue enviado a prisión por riesgo de fuga y destrucción de pruebas por la comisión de posibles delitos de integración en organización criminal, cohecho y tráfico de influencias en la trama de las adjudicaciones por parte del Gobierno navarro de Chivite a la empresa Servinabar.
Quiere tapar que su fiscal general del Estado, García Ortiz, fue condenado a dos años de inhabilitación por un delito de revelación de secretos para intentar perjudicar a un rival político.
Quiere tapar que su hermano ha sido condenado a nueve años de inhabilitación por un delito de prevaricación, por lucrarse con una plaza de la Diputación de Badajoz que se creó a su medida.
Quiere tapar que su mujer está acusada de impulsar su carrera profesional aprovechando la influencia de su marido y de emplear dinero público para la cátedra que dirigió en la Universidad Complutense de Madrid sin ostentar titulación universitaria.
Quiere tapar que su mentor, el expresidente Zapatero, y entusiasta participante en todas las campañas electorales (era el más interesado en que el PSOE sacara un buen resultado), está imputado por delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental en la trama de supuestos cobros de comisiones ilegales relacionados con el rescate financiero concedido por el Gobierno español a la aerolínea Plus Ultra. Quiere tapar que se investiga la procedencia de joyas en su haber valoradas en 1.300.000 €, que en un principio eran herencia de una tía y después regalo de un rey de Arabia Saudí ya fallecido al que no podemos preguntar.
Quiere tapar que la Audiencia Nacional está investigando cientos de mensajes de Delcy Rodríguez (antes número dos de Maduro en Venezuela y ahora número dos de Trump en Venezuela) con Aldama negociando operaciones millonarias de petróleo en la causa de la financiación del PSOE. Los interlocutores empleaban los seudónimos «Vic», que identificaba a Víctor de Aldama; «Z», al expresidente Zapatero; «El Jefe» o «A», a José Luis Ábalos, y «El 1», a un tal Pedro Sánchez.
Quiere tapar que la Fiscalía Europea está investigando si el PSOE malversó fondos de la UE en el «caso Leire», la trama de las cloacas que creó en sus famosos cinco días de reflexión en abril de 2024. Que la UCO de la Guardia Civil ha cifrado en al menos 43.000 euros los pagos que el PSOE realizó presuntamente a Leire Díez para que dirigiera las maniobras contra jueces, fiscales, políticos y mandos policiales. Quiere tapar que dichas cloacas llegaron a encargar a un grupo de narcotraficantes «dar un sustillo» para «eliminar» a la jueza Biedma, que investigaba a su hermano.
Y quiere tapar también su nefasta gestión en catástrofes como las inundaciones por la DANA en Valencia en 2024, cuando huyó como un perro del lugar dejando a los reyes al frente del cólera y la indignación de la gente, o la invasión de Marruecos en Ceuta el pasado 30 de julio, permitida por el Gobierno de España, que sabía de antemano, por información del CNI, que se produciría.
La realidad es incuestionable: el PSOE no tiene salida y se dirige a la imputación como persona jurídica (cabe recordar que esto es posible gracias a una enmienda propuesta por UPyD en su día para extender la responsabilidad penal a los partidos políticos, apoyada por PP e IU y rechazada por PSOE y nacionalistas, casualidades también). Sánchez se agarrará a lo que sea para sobrevivir, pero basta con ignorarlo y recordar todo eso que él quiere tapar de aquí al 29 de noviembre.
El PSOE no tiene arreglo desde hace mucho tiempo y menos ahora, pero la democracia española y su régimen constitucional tienen todavía una mínima oportunidad. Pero eso pasa inevitablemente por sacar al PSOE del Gobierno y que la oposición aparque diferencias y se ponga de acuerdo para llevar a cabo una reforma constitucional, como ya ha explicado Carlos Martínez Gorriarán, que incluya los mecanismos necesarios para evitar que un país pueda caer de nuevo en manos de un psicópata dispuesto a lo que sea para mantenerse en el poder.
Así que tengamos claro que el 29 de noviembre no va de elegir entre «izquierda o derecha». Es la última oportunidad de salvar la democracia en España de una mafia corrupta que pretende convertirla en un régimen bolivariano. Negarse a ver la realidad no va a hacer que esta cambie, sino que acabemos más pronto que tarde siendo víctimas de ella cuando ya no tenga arreglo.