El bar de Pamplona que hornea su propio pan y conquista con su ajoarriero y platos colombianos
Jorge Mosquera y Victoria Torres han cumplido cinco años al frente de uno de esos bares de toda la vida en Pamplona. Una barra de barrio, con almuerzos, bocadillos, menú del día y clientes que entran casi como si estuvieran en casa.
La pareja, de origen colombiano, trabaja junto a sus hijos en el bar Katiuska, situado en la calle Monasterio de la Oliva, 7, en pleno barrio de San Juan. Allí han encontrado un lugar en el que echar raíces después de una larga trayectoria en la hostelería navarra.
Jorge, de 56 años, y Victoria, de 54, llegaron al Katiuska tras la pandemia. Antes habían llevado durante 20 años el histórico bar Lerma, en Estella, donde también se hicieron conocidos por su trato cercano y su cocina casera.
El Katiuska no es un bar nuevo. El local lleva ya unos 60 años abierto en Pamplona. Sin embargo, los últimos cinco han tenido el sello de esta familia, que ha mantenido el espíritu de bar tradicional y ha añadido también algunos platos típicos de Colombia.
“Estamos muy contentos y felices. La gente nos ha acogido muy bien en el barrio, excelente”, explica Jorge. El bar lo cogieron por medio de un amigo, en un momento complicado para la hostelería. “Tras la pandemia decidimos dar el salto”, recuerda.
Desde entonces, el negocio se ha convertido en un proyecto familiar. En el bar trabajan ellos dos y también sus tres hijos cuando pueden echar una mano. Dennis, de 24 años, nació en Estella; Angi vive en León y les ayuda los fines de semana; y Jorge Esteban también acude cuando hace falta.
La continuidad, sin embargo, no está clara. Jorge y Victoria reconocen que ninguno de sus hijos parece dispuesto a coger el relevo. “Esto tiene que gustar para luego estar agradable con la gente”, señalan. Saben bien de qué hablan: la hostelería exige muchas horas y mucha entrega.
El día empieza pronto y termina tarde. “Hay que estar todo el día, desde las ocho de la mañana hasta muy tarde, sobre todo los fines de semana. Estamos todo el día aquí con amor y cariño. Apenas estamos en casa”, reconocen.
El bar abre todos los días, de domingo a domingo. No es una forma de hablar. Jorge y Victoria apenas descansan, aunque no se quejan. “Lo fuerte es que hay variedad de todo”, explican al hablar de la oferta del Katiuska.
Entre semana sirven un menú del día por 15 euros, con cuatro primeros, cuatro segundos, bebida, postre y café. Todo, aseguran, es casero. También preparan menú de fin de semana, ensaladas, hamburguesas, pinchos recién hechos y bocadillos con pan recién horneado en el propio local.
Ese pan es una de las claves que más valoran sus clientes. “Lo horneamos aquí y está crujiente, calientito, y a la gente le encanta”, cuenta Jorge. Los bocadillos se han convertido en uno de los reclamos de este bar de San Juan, junto con los almuerzos de siempre.
En el Katiuska se pueden pedir huevos, magras, chistorra “y lo que nos pidan”. También elaboran cazuelicas de callos, ajoarriero, albóndigas o carrilleras, platos muy vinculados al bar tradicional navarro.
A esa cocina de siempre se suma una parte de su identidad familiar. Jorge y Victoria también ofrecen platos típicos de Colombia, una forma de mantener presente su origen y de acercar otros sabores a los vecinos del barrio.
El descanso llega con cuentagotas. “Nos cogemos tres días en septiembre cuando podemos. No nos podemos permitir más días. Hay muchos impuestos”, explican. Viajar a Colombia, donde vive buena parte de su familia, se ha vuelto prácticamente imposible. “Es difícil ahorrar. Hace poco vino un hermano una semana a visitarnos y se fue”, lamentan.
A pesar del esfuerzo, las reseñas de los clientes reflejan el cariño que han despertado en el barrio. “Trato inmejorable y comida deliciosa. Jorge y su familia son encantadores y se nota que todo lo que ofrecen lo hacen con mucho mimo. Súper recomendable”, ha escrito una clienta.
Otra reseña resume bien el ambiente del local: “Hemos comido de maravilla y nos hemos sentido como en casa. La comida estaba buena, bien presentada y con una excelente relación calidad-precio. Pero lo que realmente marcó la diferencia fue la atención de la camarera que nos atendió: fue cercana, amable y muy atenta en todo momento”.
Cinco años después de llegar al Katiuska, Jorge y Victoria siguen detrás de la barra, entre cafés, menús, almuerzos y bocadillos. Con pocas vacaciones, muchas horas de trabajo y una idea clara de la hostelería: atender bien, cocinar casero y hacer que cada cliente se sienta parte del bar.