• domingo, 27 de septiembre de 2026
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COMERCIO LOCAL

La familia búlgara especializada en los desayunos de Pamplona: “Abrimos a las 6 de la mañana y hay gente esperando”

Neri Simova trabaja junto a su hermano Mane y su madre Ayshe en Fuente del Hierro, donde celebrarán ocho años el próximo 1 de octubre.

La familia búlgara en el Ogi Berri de Iturrama en pamplona. Navarra.com
La familia búlgara en el Ogi Berri de la calle Fuente del Hierro en Pamplona. Navarra.com

A las seis de la mañana todavía cuesta encontrar persianas levantadas en Pamplona. En el Ogi Berri de la calle Fuente del Hierro 17, en pleno barrio de Iturrama, algunos clientes ya están esperando para entrar.

Detrás del mostrador están Neri Simova, su hermano Mane Arsov y su madre Ayshe Mustafova, una familia búlgara que lleva 25 años en Pamplona y que el próximo 1 de octubre cumplirá ocho años al frente de la panadería.

Neri tiene 35 años —los cumple en noviembre— y llegó a la hostelería mucho antes de hacerse cargo del negocio. “Empecé con 16 años. Estaba estudiando y trabajando a la vez”, recuerda.

Después estudió Educación Infantil, peluquería y moda, pero apareció una oportunidad inesperada. “Salió la posibilidad de coger este Ogi Berri y probé con mi hermano”, explica. Mane, que cumple 33 años en octubre, trabajaba entonces en una fábrica.

De una fábrica y una empresa de jamones a la panadería

El negocio comenzó con los dos hermanos, pero poco después se incorporó Ayshe, su madre, de 56 años. Hasta entonces había pasado una década trabajando en Jamones Romero, en Ansoáin. El cambio de oficio todavía provoca bromas detrás del mostrador. “De jamonera he pasado a panadera”, comenta Aysh sonriendo.

La decisión ha terminado convirtiendo el local en algo mucho más cercano que un simple lugar de trabajo. “Estamos muy contentos. Ya nos conoce casi todo el barrio y hay clientes habituales que conocemos desde el primer día que empezamos”, cuenta Neri.

Para ella, ese vínculo tiene todavía más importancia porque su historia familiar comenzó lejos de Navarra. “Somos de un pueblo pequeño de Bulgaria, a una hora de Grecia”, explica. Tras 25 años viviendo en Pamplona, su relación con la ciudad ha cambiado por completo.

“Somos unos pamploneses más”, asegura. Neri tiene dos niñas pequeñas, organiza su horario para poder estar con ellas y disfruta de costumbres tan pamplonesas como salir a ver los gigantes.

“Voy a Bulgaria y me siento como extraña”

La familia sigue regresando a Bulgaria durante las vacaciones. Este mismo verano, Mane pasó allí casi un mes y hasta se llevó con él a un cliente habitual de la panadería.

Neri, sin embargo, tiene muy claro dónde siente ahora que está su hogar. “Voy a Bulgaria de vacaciones y me siento como extraña. Mi vida está en Pamplona. Me gusta ir, es mi tierra, pero estoy feliz aquí. Mi sitio es Pamplona”.

De la capital navarra destaca precisamente aquello que ha terminado formando parte de su vida cotidiana. “Me gusta todo: que es tranquila, verde, las costumbres, las fiestas... Vemos los gigantes con las niñas”, relata.

También su pareja es búlgara, aunque se conocieron en Pamplona a través de un grupo de amigos. Y esa sensación de arraigo se ha extendido también a quienes cada mañana cruzan la puerta del negocio.

Clientes esperando desde las seis de la mañana

Durante el resto del año, salvo el mes que cierran en verano, la jornada comienza muy pronto. “Abrimos a las seis de la mañana y ya hay gente esperando”, cuenta Neri.

Por allí pasan desde primera hora universitarios, trabajadores de las grúas, forales, municipales y muchos clientes habituales. “A mi madre la quieren un montón. No para”, señala sobre Ayshe.

El horario es intenso. De lunes a jueves abren desde las 6 hasta las 14.30 horas y vuelven de 16 a 20 horas. Los viernes, sábados y domingos trabajan únicamente por la mañana, aunque mantienen intacta la hora de apertura: las seis.

El desayuno se ha convertido en una de sus principales señas de identidad. “Las tostadas y cafés que hacemos son una maravilla, eso es lo que nos dicen”, cuenta Neri.

Pero ella insiste en que detrás de esos desayunos hay algo que no aparece en la carta. “Los clientes son muy cercanos. Hemos estado cerrados un mes y nos dicen que nos han echado de menos por el trato y por el café”.

“Es como si fuera nuestra familia”

Después de ocho años, los tres han creado una rutina en la que muchos nombres y caras ya resultan familiares. “Estamos muy a gusto. Es como si fuera nuestra familia”, resume Neri.

Las opiniones de los clientes reflejan también ese ambiente. “Las galletitas de semillas son deliciosas. El servicio es muy cálido y el café, perfecto. Siempre es lindo parar un ratito a tomar un café en este hermoso lugar”, señala una de las reseñas.

Otra destaca el propio espacio: “Ambiente relajado en un bonito y atractivo local acristalado, con terrazas exteriores y buenas vistas desde el interior. Mostrador con periódicos y exposición de pastas, bizcochos, magdalenas y bollería variada, muy bien ordenada”.

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