Reabre un conocido bar del Casco Viejo donde los bocatas son un manjar: "Son diferentes y grandes"
Hay lugares que reciben una segunda oportunidad y personas dispuestas a empezar prácticamente desde cero. Es lo que ha ocurrido este verano en pleno Casco Viejo de Pamplona, donde un hostelero con casi tres décadas de experiencia entre fogones se ha puesto al frente de un establecimiento con mucha historia y ha decidido imprimirle su propio sello.
Se llama Ronald Romero Vera, tiene 46 años, es venezolano y desde las pasadas fiestas de San Fermín está al frente del bar La Urbana, situado en la calle Navarrería, 13, junto a la plaza de Navarrería. El establecimiento, que cerró sus puertas en el mes de mayo de 2023, ha vuelto a abrir sus puertas con una propuesta renovada en la que los bocadillos, las raciones y los pinchos tienen un especial protagonismo.
Ronald ha explicado que el establecimiento llevaba un tiempo cerrado cuando surgió la posibilidad de hacerse cargo del negocio. La oportunidad llegó inicialmente a través de su hermano, que también trabaja en la hostelería. "Decidimos coger el local, pero al final me lo he quedado yo", ha señalado sobre una aventura empresarial que afronta con ilusión y consciente de que los comienzos nunca son fáciles.
La nueva etapa de La Urbana ha apostado por un concepto amplio. "Lo hemos reabierto con una idea más de cafetería, copas y vermut, además de pinchos, ensaladas, bocatas y tragos", ha explicado. El objetivo es que el establecimiento funcione en distintos momentos del día y que la comida tenga un peso importante dentro de la oferta.
Detrás de esa apuesta está una larga trayectoria profesional. Ronald asegura que lleva alrededor de 27 años trabajando en cocina y que la hostelería ha formado parte de buena parte de su vida. Antes de instalarse en Navarra ya había trabajado en restaurantes en Venezuela, aunque su recorrido profesional en Pamplona ha sido mucho más variado.
Ronald llegó a la capital navarra hace ocho años y desde entonces ha pasado por diferentes sectores. Ha trabajado en pastelería, reparto y frutería, antes de regresar en los últimos tiempos a la hostelería. "Yo siempre he estado en la hostelería. He pasado por diferentes tipos de comercio y ahora volvemos a intentarlo", ha resumido.
El hostelero habla con especial cariño de la ciudad que lo ha acogido durante estos años. "Pamplona verdaderamente me ha dado mucho. Me agrada, tiene calidad de vida y buena gente. No me puedo quejar", ha asegurado. Su llegada a España, ha aclarado, estuvo vinculada a motivos familiares y no políticos. Actualmente tiene aquí a sus hermanos y a su madre y, por el momento, no se plantea regresar a Venezuela.
En esta nueva aventura no está solo. La Urbana cuenta con otros dos trabajadores, mientras Ronald se ocupa personalmente de buena parte del trabajo de cocina y de la preparación de los pinchos. "El principio cuesta, pero esperamos la aceptación del público", ha reconocido. Su apuesta pasa por ir creciendo poco a poco, especialmente durante los fines de semana.
Y si hay algo con lo que quiere conquistar a los clientes son los bocadillos. "Lo más destacado son los bocatas y las raciones, que es lo que más llama la atención a la gente. Son un poco diferentes", ha explicado. La idea es ofrecer recetas reconocibles, pero con combinaciones que se alejen de los bocadillos más habituales.
Entre las propuestas aparece un bocadillo de solomillo con setas y vegetales salteados, además de otro de pollo con queso, bacon y huevo. A ellos se suma una combinación más contundente elaborada con piquillo, chorizo, huevo, miel y lonchas de queso Idiazábal. "Son muy simples, pero diferentes. Y son bocatas grandes", ha destacado Ronald.
La oferta se completa con raciones, platos combinados, ensaladas y pinchos, aunque el espacio disponible condiciona las posibilidades de la cocina. Por ese motivo, Ronald ha descartado por ahora ofrecer menú del día. Prefiere concentrarse en una carta más manejable y en productos que pueda preparar personalmente manteniendo el nivel que busca.
Los primeros meses han servido para poner a prueba el proyecto. San Fermín ha funcionado especialmente bien, mientras que después de las fiestas la actividad ha bajado, como suele suceder durante el verano. Ahora Ronald mira a los próximos meses con optimismo. "Estamos retomando el rumbo con ánimo, esfuerzo y dedicación. Todo comienzo es difícil", ha reconocido. Su reto pasa ahora por conseguir que los pamploneses vuelvan a cruzar la puerta de La Urbana, esta vez para descubrir una nueva etapa en la que los grandes bocadillos aspiran a convertirse en uno de sus principales reclamos.