Carta de Alberto Pérez Martínez, secretario general del Sindicato Médico de Navarra
El consejero de Salud, Fernando Domínguez, pretende erigirse en capitán imperturbable de un buque sanitario que hace aguas por todos lados. Nunca habíamos asistido en Navarra —ni tampoco en el conjunto del Estado— a una movilización médica de semejante magnitud, extensión y profundidad. Y las razones son evidentes: las condiciones laborales de médicos y facultativos llevan años deteriorándose hasta límites difícilmente sostenibles.
Sin embargo, mientras en otras comunidades autónomas los responsables políticos buscan acuerdos con los sindicatos convocantes para intentar contener el conflicto y reconducir la situación, en Navarra se ha optado por una estrategia radicalmente distinta.
Aquí, el consejero proclama solemnemente que mantiene abierta la puerta al diálogo, pero acto seguido aclara que solo se reunirá con “médicos alejados del ruido político y sindical” y que compartan sus objetivos. Una afirmación impropia de quien debería representar a todo el sistema sanitario público y actuar con neutralidad institucional.
La animadversión del consejero hacia el Sindicato Médico de Navarra viene de lejos y resulta ya inocultable. Su estrategia ha consistido siempre en dividir al colectivo médico entre los “buenos”, aquellos que permanecen callados y al margen de las protestas, y los “malos”, quienes se organizan sindicalmente o se atreven a denunciar unas condiciones laborales cada vez más precarias. Pero esa actitud no solo resulta estéril; se vuelve especialmente grave cuando la descalificación personal y el sectarismo interfieren en el legítimo ejercicio de la acción sindical y del derecho a la protesta y, sobre todo, perjudican a los pacientes.
Por ello, hemos exigido una disculpa pública. No se puede desacreditar de forma tan burda a un colectivo profesional entero y actuar después como si nada hubiera ocurrido.
El consejero debería, además, participar activamente en las mesas de negociación. Muchas de las reivindicaciones planteadas afectan a varios departamentos y requieren necesariamente la implicación del Gobierno de Navarra. Sin embargo, el Sr. Domínguez evita asumir esa responsabilidad: se niega a reunirse con el Sindicato Médico de Navarra, organización mayoritaria en Salud, convocante de la huelga y principal canalizador del profundo malestar y agotamiento existente entre los profesionales médicos.
Lejos de contribuir a una solución, esa actitud solo sirve para enquistar el conflicto, aumentar la tensión y dificultar cualquier posibilidad de acuerdo.
Fernando Domínguez ha demostrado ser un pésimo gestor sanitario y está evidenciando también graves carencias políticas: sectarismo, soberbia y una preocupante prioridad por proteger su propia imagen antes que por afrontar con humildad y valentía el deterioro de la sanidad pública navarra, deterioro al que él está contribuyendo de forma determinante.
Carta de Alberto Pérez Martínez, secretario general del Sindicato Médico de Navarra