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En defensa de Napardi

Por Cartas al director

Carta enviada por Víctor Valdivia.

Miembros de la Sociedad Napardi en el momento del fallo del Gallico de Oro. ANA BELÉN POZA
Miembros de la Sociedad Napardi en el momento del fallo del Gallico de Oro. ANA BELÉN POZA

Soy socio de Napardi. Tengo 31 años, soy de Pamplona de toda la vida, estudié en ikastola y mis padres de siempre han votado a la izquierda, bastante a la izquierda.

No suelo escribir cartas a periódicos. De hecho, esta es la primera. Pero, a la vista de lo que está pasando esta semana, no he podido evitarlo.

Para quien no lo sepa, Napardi es, en el fondo, una sociedad de señores mayores que se junta los fines de semana a cocinar carrilleras, cantar jotas de Navarra y echar unas partidas de mus. Eso es. No es una corporación. No es un poder fáctico. Es una sociedad gastronómica con setenta años de historia en la que los socios se ponen el delantal, fríen, sirven y comen bien.

Una institución tan peligrosa para la igualdad que el Instituto Navarro para la Igualdad le ha enviado un requerimiento oficial.

Me avergüenza. Y me parece un gasto de dinero público que no tiene ninguna justificación.

Ahora permitidme contaros algo que a muchos os sorprenderá.

Todos los fines de semana, decenas de madres, hijas y amigas de los socios vienen a Napardi. Se sientan. Comen. Disfrutan. Y no pueden hacer absolutamente nada más, porque está prohibido. No pueden entrar en la cocina. No pueden servir un plato. No pueden fregar. Solo sentarse y que les traigan la comida.

Personalmente, me parece un sueño.

Y desde aquí animo a todas las lectoras que compartan esa opinión a crear su propia sociedad gastronómica de socias, para que algún día me inviten a mí y tenga garantizado que voy a mesa puesta sin mover un dedo. Que no me dejan, no porque no quiera.

Dicho esto, hablemos de la ley. El artículo 22 de la Constitución Española garantiza el derecho de asociación. Las asociaciones privadas tienen autonomía para fijar sus propios estatutos siempre que no incurran en actividades ilícitas. Napardi no incurre en ninguna.

Entretanto, en Pamplona funcionan hoy mismo varios gimnasios exclusivos para mujeres o entidades públicas y privadas que organizan eventos, formaciones y ayudas exclusivamente para mujeres. Negocios privados y públicos que segmentan por sexo sin que el INAI les haya enviado una sola carta. Igual que no le escribe a ninguna asociación de mujeres, de las que hay decenas en Navarra, financiadas muchas de ellas con subvenciones públicas.

¿Por qué a Napardi sí y a ellos no?

(Personalmente, celebro que haya espacios y entidades solo para mujeres. Al igual que para hombres).

Mandar esa carta del INAI a Napardi es tan absurdo como enviarle una carta a Obenasa pidiéndole que contrate más mujeres para poner cemento y ladrillos, porque yo en las obras solo veo hombres.

O escribir al Hospital de Navarra para exigirles que contraten más hombres en enfermería y administración, porque la plantilla es abrumadoramente femenina.

Nadie en su sano juicio haría eso. Porque hay contextos, hay historia, hay razones. Pues las mismas razones aplican aquí.

Trabajo en una empresa privada donde el 67% de la plantilla son mujeres. Mi jefa es mujer. La jefa de mi jefa también. Tengo madre, hermana y novia.

No escribo esto desde ningún resentimiento. Lo escribo desde el hastío de ver cómo un organismo financiado con mis impuestos malgasta su tiempo y su presupuesto en una sociedad que hace carrilleras los domingos, mientras los problemas reales de las mujeres de esta comunidad siguen sin resolverse.

Porque los datos son para ponerse muy serio. Navarra es la comunidad autónoma donde más han aumentado las violaciones en toda España: un 48% solo en el primer semestre de 2025 y un 154% en el último lustro. Ninguna otra región tiene esos números.

A enero de este año, más de 2.100 mujeres navarras viven bajo protección policial por riesgo de ser agredidas de nuevo. Y, sabiendo que, según el Ministerio del Interior, solo se denuncia el 11% de la violencia sexual real, la cifra verdadera es inimaginable. Por si fuera poco, el 65% de los detenidos por agresión sexual en Navarra en 2025 son de origen extranjero, dato que la Policía Foral recoge en sus propios informes y que muchos prefieren no mirar.

Eso es lo que debería mantener en vela al INAI. No los estatutos de una peña de jubilados que se junta a hacer caldo.

Los jóvenes de esta comunidad no podemos acceder a una vivienda digna. Los empleos precarios no desaparecen. El futuro de las pensiones sigue sin resolverse. Y el instituto creado para proteger a las mujeres de Navarra está enfocado en Napardi. Con nuestro dinero.

Hasta hoy había votado a Bildu y a Geroa Bai en todas las elecciones. Con este tipo de ruido, con este uso del dinero público, con esta forma de marcar prioridades ideológicas, me lo han puesto muy difícil. Hoy han perdido mi voto. Y espero que no sea el único.

Me encantaría firmar esta carta con mi nombre y apellidos. Sería lo honesto. Pero vivimos en una sociedad cada vez menos libre, donde escribir algo como esto te coloca automáticamente en el mismo saco: machista, fascista, racista, machirulo y todo lo que haga falta, sin leer, sin pensar.

Estoy seguro de que los estatutos de Napardi cambiarán solos algún día, como cambia todo en la vida. Pero forzarlo ahora, así, con esto, es perder el norte y dinero de todos, todas y todes.

Un socio de Napardi

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