“Cuando una persona atraviesa el sufrimiento, lo que necesita no es que su vida termine, sino sentirse acompañada de manera real y concreta. Necesita atención, cuidado, alivio del dolor y la certeza de que su vida sigue teniendo valor.”
Ante la reciente noticia del suicidio asistido de Noelia Castillo Ramos, la recién creada Comisión de Coordinación de la Pastoral de la Vida de la Archidiócesis de Pamplona-Tudela desea manifestar su profunda preocupación por un hecho de extrema gravedad que interpela directamente a nuestra sociedad.
Nos encontramos ante la consumación de una muerte provocada en el marco de un sistema que la permite y regula. Consideramos que este tipo de situaciones reflejan un fracaso colectivo: cuando la respuesta al sufrimiento es facilitar la muerte, en lugar de garantizar un acompañamiento integral y adecuado, algo esencial se está debilitando en nuestra convivencia.
Toda vida humana posee una dignidad que no depende de su estado de salud, de su autonomía o de su utilidad social. Por ello, preocupa especialmente que se consolide una mentalidad en la que la muerte asistida pueda percibirse como una salida aceptable ante el dolor, la enfermedad o la dependencia. Esta lógica, lejos de ofrecer soluciones reales, puede generar desprotección y desamparo en las personas más vulnerables.
Al mismo tiempo, somos conscientes de la profunda conmoción que esta situación ha provocado en muchas personas. Son numerosos quienes, con dolor e inquietud, están rezando y preguntándose cómo responder ante lo ocurrido. Cuando una persona atraviesa el sufrimiento, lo que necesita no es que su vida termine, sino sentirse acompañada de manera real y concreta. Necesita atención, cuidado, alivio del dolor y, sobre todo, la certeza de que su vida sigue teniendo valor. Nadie debería sentirse solo o una carga en los momentos más difíciles.
Acompañar de verdad significa estar al lado del que sufre, con respeto y dedicación, poniendo todos los medios para aliviar su dolor y sostenerle humana y espiritualmente. Significa no abandonar, incluso cuando las circunstancias son complejas o no hay soluciones fáciles. En esa cercanía es donde muchas personas encuentran consuelo, sentido y esperanza.
Queremos también reconocer y agradecer a tantas familias, profesionales sanitarios y personas que viven este acompañamiento con entrega diaria. Su labor, muchas veces discreta, constituye un auténtico servicio al bien común y un testimonio de humanidad que sostiene a nuestra sociedad.
Invitamos a todos a seguir trabajando por una cultura del cuidado, donde el sufrimiento encuentre una respuesta en la cercanía, la atención y el compromiso, y donde cada persona, especialmente en su fragilidad, sea acogida y protegida.
Nos unimos en la oración por Noelia Castillo Ramos, por su familia y por todas las personas que han participado en este proceso, pidiendo luz y consuelo para todos. Confiamos a todos ellos a Jesucristo, Señor de la Vida, y a la intercesión maternal de la Virgen María, consuelo de los afligidos.
Con dolor por lo ocurrido, pero también con esperanza.
Comisión de coordinación de la Pastoral de la Vida Archidiócesis de Pamplona-Tudela