Soy un intruso. Lo reconozco.

Soy un intruso. Lo reconozco.
El otro día me inyecté en vena mi dosis donostiarra. Creo que sucedió a eso de las tres de la tarde. Hacía calor. La gente paseaba a cámara lenta.
Yo permanecía de espaldas a la neogótica catedral de El Buen Pastor. Estaba parado, intentando enviar un mensaje desde mi teléfono móvil a no sé quién.
Me di cuenta de que tenía a mi lado, invadiendo sin rubor mi espacio vital, a una pareja. Intuí que eran peruanos o devotos de aquel trozo del mapamundi, pues los delataban sus camisetas de fútbol, las viseras y más de un rasgo.
Entonces, vi cómo enfrente, un adolescente hacía una foto; les hacía una foto; nos hacía una foto. A los tres; o quizá a los dos, pues ellos eran una sola carne…
Yo, pillado a traición, sonreí levemente. Sobreactué sin saber por qué.
Imaginé que les deslumbró El Buen Pastor; que la luz de aquel día les maravilló; y que, de regreso, imprimirían aquella instantánea para enmarcarla, ponerla en el salón y exhibir músculo turístico ante sus familiares, amigos y conocidos.
Una instantánea en la que habían sido inmortalizados junto a un intruso, que era yo.
Ideación de ‘Intruso’
He escuchado en un bar de San Sebastián (sic) que a El Buen Pastor le hacen más fotos que al Guggenheim y mi imaginación se ha ido por las ramas...
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