Su marcha deja un vacío insustituible en el cuerpo, pero su legado de profesionalidad y entrega queda grabado para siempre en la memoria de nuestra Navarra.
Navarra viste de luto y, con un profundo respeto, despide a cinco de sus servidores públicos. El trágico accidente de ayer en Elgoibar ha apagado las vidas de mi amigo Fermín Sola, Mintxo, Jesús Vidaurreta, Miguel Crespo, Miguel Antonio D’Entremont y Juan Martín. Cinco policías forales que compartían una misma vocación: proteger, servir y garantizar la seguridad de todos los navarros.
Su marcha deja un vacío insustituible en el cuerpo, pero su legado de profesionalidad y entrega queda grabado para siempre en la memoria de nuestra Navarra, a la que defendieron hasta el último día.
Hablar de estos cinco policías es hablar de una amplia y contrastada experiencia en las secciones de mayor riesgo de Policía Foral. Enfrentándose a situaciones de máximo peligro con la serenidad de quien conoce su oficio y la firme convicción de que su labor diaria hacía de Navarra un lugar mejor y más seguro para vivir.
Su pérdida no solo golpea con dureza a sus familias y amigos, sino también a toda la sociedad navarra, que hoy se descubre un poco más desprotegida sin su diaria y silenciosa vigilancia. El servicio a Navarra no era para ellos una profesión; era un compromiso vital con su tierra y con su gente.
En cada control, en cada auxilio en carretera, en cada noche de patrulla bajo la lluvia o la niebla, en dispositivos especiales de orden público, estos cinco agentes demostraron que la vocación de servicio público está hecha de sacrificio y generosidad.
Hoy, Navarra llora a sus cinco policías forales, pero también se rinde en agradecimiento a una trayectoria de vida dedicada por entero al bienestar de los demás. Que la tierra les sea leve y que su ejemplo de entrega guíe siempre el camino de quienes continúan su labor en favor de todos los navarros.