• viernes, 05 de junio de 2026
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Opinión /

Rafael Gurrea Induráin, un titán, un gigante

Por Ignacio Martínez Alfaro

El pueblo que disponga, a futuro, de recursos hídricos controlados en cantidad y calidad, tendrá la llave de su desarrollo futuro.

Presa de Itoiz. WIKIPEDIA / AGAZZR
Presa de Itoiz. WIKIPEDIA / AGAZZR

Con motivo de las últimas avenidas en el Levante, se ha reavivado la polémica sobre las arrumbadas e imprescindibles obras hidráulicas, que deben garantizar la vida de las personas y la integridad de sus bienes cuando se producen avenidas de periodo de retorno elevado.

En un país como es España, con climatología extrema —tenemos próximos predesiertos como Bardenas—, pluviometría irregular y una hidrología tan particular y errática, bueno es, aunque lamentablemente aquí solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, que reflexionemos sobre nuestros eternos deberes pendientes en materia hidrológica e hidráulica.

Lo más importante sería que, renacido el debate, ello supusiese que hemos dejado atrás la política ineficiente y estéril —concretada y resumida en Twitter— y por fin se dedicase nuestra clase política, devenida en una casta de vividores instalados en la mamandurria, a procurar y trabajar de manera eficiente por el bien común.

Deberíamos empezar a ocuparnos de asuntos serios y a poner en marcha las actuaciones hidráulicas que son perentorias, y que servirán para que las generaciones futuras tengan resueltos sus problemas de abastecimiento —regulación fluvial—, saneamiento, depuración, control de avenidas —laminación—, regeneración de riberas y revitalización de cauces, ya que es perfectamente factible y compatible un consumo útil e inteligente del recurso, y velar por el medioambiente fluvial y su preservación y cuidado.

A fin de cuentas, el agua para los usos de abastecimiento de boca, para la industria y el regadío, y el tributo del caudal ecológico, se postula como un elemento fundamental para garantizar el desarrollo e incluso la supervivencia de las futuras generaciones. El pueblo que disponga, a futuro, de recursos hídricos controlados en cantidad y calidad tendrá la llave de su desarrollo futuro.

El agua del embalse de Itoiz ha servido, y el mismo ha sido un elemento “nuclear”, para evitar y paliar el desabastecimiento en la Comarca de Pamplona en estos últimos estíos, y todo apunta a que las necesidades irán en aumento y muy probablemente —el manantial de Arteta cada vez es menos “productivo” y su aportación es ya prácticamente nula—, a futuro, el embalse de Itoiz previsiblemente tendrá que “echar una mano” de mayor entidad al embalse de Eugui.

A mayor abundamiento, hoy ya tenemos el dato de que la potabilizadora de Tiebas está suministrando prácticamente el 60% del agua de abastecimiento de la Comarca de Pamplona, lo que supone que en 2025 se ha bombeado un volumen doce veces mayor de agua con origen en Itoiz respecto al volumen que se utilizó en el inicio de la planta potabilizadora de Tiebas, cuando se inauguró en 2006.

En concreto, el mes punta del año 2025, agosto, se utilizaron algo más de 2 hm³, de los casi 10 hm³ que se emplearon en ese año para abastecer la Comarca.

Y obviamente el consumo crecerá a futuro… Nadie podía imaginar a mediados de los años 90 que Navarra, a finales del primer cuarto del siglo XXI, por causas de la emigración, iba a tener 150.000 almas más, y ello indudablemente genera una mayor necesidad de incrementar el volumen del abastecimiento.

No todo es cuestión de discursos progresistas y de postureo con la multiculturalidad y el acogimiento… Habrá que garantizar el abastecimiento, la vivienda, la sanidad, la educación, etc.… En fin, eso con lo que pomposamente se llenan la boca y definen como el Estado del bienestar, y por lo que habrá que trabajar de verdad y no con mantras y recetas de campanario.

Pero, además, hay otros beneficios colaterales que se producen por parte del embalse de Itoiz en la laminación de avenidas —además de la potencial hidroelectricidad del salto y los beneficios turísticos añadidos—, y que, conjuntamente con el embalse de Yesa, garantiza que el sistema de los ríos Aragón-Irati, afluentes tributarios del río Ebro, no genere desde Funes hacia aguas abajo problemas añadidos en el río Ebro, algo que bien conocen en Valtierra y Arguedas cuando sus defensas se ven desbordadas en las riadas, y en lo que sí colaboran otros ríos navarros —Arga y Ega principalmente—, que desafortunadamente no tienen regulación y que, con su situación actual, difícilmente pueden laminar sus avenidas.

En la convicción de que el embalse de Itoiz era una pieza fundamental para el desarrollo futuro de Navarra, en septiembre de 1996, cuando accedimos al Gobierno de Navarra, nos encontramos con que la situación técnico-constructiva, legal y administrativa del embalse de Itoiz estaba muy comprometida, ya que se encontraba prácticamente en un embrollo, en un limbo jurídico, que hacía harto difícil la materialización y la conclusión de la construcción del embalse.

El Sábado Santo de Semana Santa de 1996, un grupo autodenominado Solidarios de Itoiz, y próximos a “los de siempre”, cortó, en un sabotaje, los cables de acero del blondín que transportaba el cubilete que permitía transportar el hormigón desde la planta y colocarlo en cada uno de los bloques del cuerpo de la cerrada. Ello supuso la paralización de la obra durante casi un año y generar unos sobrecostes importantes que hubieron de soportar los contribuyentes.

Un grupo de personas, lideradas por el presidente Sanz —omito sus nombres por no ser injusto, que la memoria me sea infiel y pueda olvidar a alguna de ellas—, decidieron seguir adelante con el proyecto, y entre todas ellas quiero destacar y citar a dos: a alguien que ya no está entre nosotros, y cuyo compromiso, tenacidad y determinación sirvió para que hoy estemos en la situación en que nos encontramos respecto al embalse de Itoiz; y la otra persona, que no puedo dejar de nombrar, es mi colega Raimundo Lafuente Dios, un ingeniero de caminos maño y tan tenaz como buena gente, que llevaba la dirección de obra por parte del Estado, y sin cuyo concurso difícilmente el embalse de Itoiz hubiera sido una realidad.

Quien nos dejó, y que considero en gran parte artífice de la conclusión del embalse de Itoiz, se llamaba Rafael Gurrea Induráin —q. e. p. d.—.

Cuando hace más de veinticinco años —19/09/1996— juramos como consejeros del Gobierno de Navarra, nos encontramos, como he señalado, con el expediente del embalse de Itoiz “hecho unos zorros”, en estado agónico.

Administrativa, legal, técnica y económicamente, el reto animaba más a salir corriendo, desistir y tirar la toalla que a continuar.

El Parlamento Foral, una vez más y en la línea que le caracterizó, y dentro de su proverbial torpeza para darse “un tiro en el pie”, aprobó su absurda Ley de bandas de protección pretendidamente medioambiental, y con ello acabó de remachar los clavos en el ataúd del embalse.

Con cargo a esa controvertida y problemática Ley, la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional había dictado una sentencia que daba la última paletada de tierra al proyecto del embalse. A todo ello no era ajena la repulsa y la muy activa y beligerante oposición liderada por la coordinadora anti-Itoiz, que con sus quejas ante la Comisión Europea había puesto en jaque el proyecto.

La sentencia, entre otras cosas, negaba que la declaración de “interés general” del sistema embalse de Itoiz-Canal de Navarra fuera jurídicamente válida con solo un decreto estatal, y el magistrado Requero, ponente de la misma, aducía que inexcusablemente debía hacerse por ley para que tuviera validez jurídica.

Hogaño, y más de un cuarto de siglo después, la Ribera sigue esperando abastecerse con agua de Itoiz y regar con ella, y a ello se opone la ineptitud y la desidia de los últimos gobiernos de Navarra que padecemos, incapaces de ejecutar la segunda fase del Canal de Navarra, empecinados en su verborrea y charlatanería ineficiente y vacua.

Con el convencimiento absoluto por parte del presidente Sanz de que había que seguir trabajando, y con la proverbial tenacidad navarra, y auspiciado por él, en la sede del Ministerio de Administraciones Públicas —Castellana, 3— tuvimos la primera reunión de una larga serie entre los representantes del Gobierno de España y el de Navarra, cuya delegación encabezaba Rafael Gurrea; y me cupo el honor y la satisfacción de formar parte de la misma, y de ser testigo de lo que allí ocurrió.

Tras las tomas de los reporteros gráficos, y una vez retirados estos, y comenzada la reunión, D. Mariano sacó de su petaca un veguero king size de manufactura cubana y lo prendió, echando un par de volutas de humo —por aquel entonces fumar en público no era “políticamente incorrecto”—, y tras ello abrió el debate, y este fue el inicio del diálogo que presencié entre Mariano Rajoy —a la sazón vicepresidente y ministro de Administraciones Públicas— y el vicepresidente del Gobierno de Navarra, Rafael Gurrea:

—Mariano Rajoy: A ver, Rafa, me ha dicho José María —Aznar— que ha hablado del tema de la situación legal del embalse de Itoiz con Miguel —Sanz— y que me ponga a tu disposición para hacer lo que necesitéis.

¿Qué es exactamente lo que queréis?

—Rafael Gurrea: Una ley, Mariano.

—Mariano Rajoy: ¡Los navarros siempre pidiendo poco!

…/…

Huelga decir que en un par de meses la ley declarando de “interés general” al embalse de Itoiz y el Canal de Navarra estaba publicada en el BOE, y que ese fue el principio de las actuaciones que permitieron desentrañar el nudo gordiano del embalse de Itoiz.

Sería injusto por mi parte no señalar que con posterioridad tuve conversaciones con diputados en el Congreso pertenecientes al Partido Socialista, a los que, una vez explicada la problemática de la situación legal que se quería subsanar, lo entendieron y dieron su apoyo a la ley en el Congreso, que fue aprobada por una mayoría abrumadora.

A cada quien lo que le corresponde. Aquellos no eran tiempos de cainismo, Sánchez aún estaba afortunadamente en el instituto.

Así que cada vez que demos un sorbo a un vaso de agua del grifo, acordémonos de personas que, como Rafa Gurrea Induráin, dieron lo mejor de sí mismos en beneficio de las generaciones de navarros venideras.

A fin de cuentas, y lo reitero para que no lo olvide nuestra flaca memoria: el pueblo que posea agua de calidad y en cantidad en el siglo XXI tendrá la llave de su desarrollo futuro.

Hoy, con un Gobierno de Navarra poblado de liliputienses, Rafa destaca como Gulliver… ¡Todo un gigante! ¡Todo un titán!

 

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