Navarra recauda cifras históricas, exprime a ciudadanos y empresas como no se había hecho antes, pero ese esfuerzo no se traduce en calidad de vida ni en servicios públicos dignos.
Ahora que ha empezado la campaña de la declaración de la renta, vuelve a tocar la reflexión, hermanos. Al final siempre llegamos a las grandes preguntas de la humanidad: ¿quiénes somos, adónde vamos, de dónde venimos y dónde van nuestros impuestos, que no se nota?
El otro día, cuando partí al exilio recorriendo la autovía/autobia de la Barranca, me lo volví a preguntar.
Esta carretera está en un estado lamentable. La usan sobre todo los aberchándales, que son los que mandan, para ir a diario a Irroña a gritar o a Vitoria a gasteiz los dineroz. Si ni siquiera son capaces de arreglar la carretera que usan ellos, que parece el pantalón lleno de petachos de un payaso/paiaso, cómo estarán de putrefactas las de otras zonas donde les da igual porque no hay aberchándales.
¿Adónde coño va el dinero público, que no son capaces ni de tener esta autovía/autobia en condiciones aceptables de conservación?
Nunca en Navarra se recaudó tanto como en 2025. Récord absoluto. El año pasado Txibite y sus socios del partido de la Eta y demás aberchándales dispusieron del mayor presupuesto de la historia, y con ese dato no son capaces de mantener estos 35 kilómetros de Irurzun a Ciordia con un mínimo de decoro.
Cómo de terroríficas deberán de estar las infraestructuras de Tudela y la Ribera, a las que odian porque no quieren ser aberchándales, sin capacidad económica de decisión en el presupuesto de Navarra y sus actuaciones.
Que los de Alsasua, Huarte Araquil, Echarri Aranaz se peguen todo el santo día en Pamplona reclamando la solución de los problemas mundiales y luego no sean capaces de decir nada de la falta de seguridad en esta vía que les lleva a las manifas semanales dice mucho de cómo funcionan esas cabezas. Pero bueno. No vas a pedir a estas alturas de la película a un aberchándal que use la cabeza para pensar y no para embestir, que decía Machado.
Habrá que aceptarlos como son: una mezcla entre incompetentes, iluminados y empleados de Servinabar.
Y si solo fuera esta carretera hecha un desastre, ni tan mal. Pero es el conjunto. La sanidad pública, que antes era un orgullo, hoy acumula listas de espera interminables; conseguir una cita se ha convertido en una ascensión al Everest. La educación pública, tomada ideológicamente, que poco tiene que ver con mejorar el nivel o los medios de los alumnos, es otra muestra de un deterioro que ya no se puede ocultar.
Más dinero que nunca y peores servicios públicos que nunca. Navarra recauda cifras históricas, exprime a ciudadanos y empresas como no se había hecho antes, pero ese esfuerzo no se traduce en calidad de vida ni en servicios públicos dignos. Al contrario: cada año pagas más y recibes menos. Eso sí, las Korrikas de los etarras, las que quieras; para eso siempre hay pasta pública fresca dispuesta.
El discurso oficial habla de progreso, de derechos y de avances, pero la realidad diaria es otra: baches, esperas, trámites eternos y servicios cada vez más lejos de lo que deberían ser. Y así, entre propaganda y realidad, Navarra se desliza hacia una situación en la que recaudar más significa lo contrario de que el conjunto de los ciudadanos viva mejor.
El aberchandalato que se han montado los del PSOE con sus socios es un estado paralelo que vive como Dios de los dineros de los navarros. Y eso es todo.