• viernes, 27 de marzo de 2026
  • Actualizado 13:22

Opinión / A mí no me líe

Ver a un Estado matar, aunque se lo pidas, siempre me produce repelús.

Por Javier Ancín

Cuando el historial de quien accede al procedimiento incluye un Estado que falló antes en cada paso, la pregunta es inevitable: ¿hay ahí libertad real, o abandono institucional disfrazado de derecho?

Al mismo Estado le puedes pedir que no se corrompa, que no monte tramas para adjudicarse obras y comisiones, que sus ministros no se pierdan en escándalos de prostitución y farlopa con dinero público… y, curiosamente, ahí no suele hacerte el mismo caso.

También puedes pedirle que no te multe por no llevar el cinturón de seguridad. Tu cuerpo es tuyo, tu vida es tuya. Un cinturón sin poner no afecta directamente a los demás conductores y, sin embargo, ahí sí interviene, ahí sí decide por ti.

¿Por qué a aquel etarra que decidió libremente ponerse en huelga de hambre hubo que alimentarlo a la fuerza? Si su cuerpo era suyo y su vida también, ¿por qué no se respetó su decisión? La respuesta siempre es política: lo que convenga en cada momento. Si conviene, tu cuerpo es tuyo. Si no conviene, tu cuerpo deja de serlo y pasa a ser propiedad pública.

Ayer se celebraba, desde ciertos sectores de la izquierda, el suicidio asistido de una joven de 25 años como si fuera un triunfo del progreso, un triunfo del Estado, de lo público. Pero cuesta no verlo de otra manera cuando conoces el contexto: una vida previamente destrozada, una tutela pública que no protegió, abusos sexuales sufridos bajo ese mismo sistema, intentos de suicidio derivados de ese trauma… y, como respuesta final, no la reconstrucción como persona, sino la vía rápida para dejar de serlo: la eutanasia.

Cuando el historial de quien accede al procedimiento incluye un Estado que falló antes en cada paso, la pregunta es inevitable: ¿hay ahí libertad real, o abandono institucional disfrazado de derecho?

Porque un Estado que primero falla en protegerte y luego te ofrece morir, con todas las facilidades del mundo, no está ampliando libertades: está cerrando el círculo de su propia incompetencia.

Y no es una intuición: es lo que ya ocurre. En Bélgica y los Países Bajos, donde la eutanasia lleva más de dos décadas aplicándose, los estudios muestran una expansión progresiva hacia personas con depresión, soledad crónica o situaciones de exclusión social. El Estado mata con más frecuencia a quienes más tendría que proteger.

El Estado debería estar para otras cosas más prosaicas: garantizar seguridad, infraestructuras, servicios esenciales. No para matar, ni siquiera cuando se lo piden. ¿Si al Estado le piden cualquier cosa, basta con que se la pidan para que sea legítima?

No sé por qué le llaman muerte digna. Pocas muertes me parecen más indignas que una a manos del Estado. Mátese usted si quiere, esa es su libertad, pero no pida que el Estado lo haga por usted.

La brújula moral de nuestro tiempo es que no hay brújula moral.

Por cierto, ahórrense conmigo la monserga socorrida de la religión: yo estoy en contra de que el Estado te mate desde mi ateísmo. Y eso es todo.

¿Tienes una tienda, un bar, un restaurante o un local comercial en Pamplona o alguna localidad de Navarra?

¿Quieres salir en nuestra sección de Comercio Local y que miles de personas conozcan todo lo que ofreces con una noticia y fotografías hechas por profesionales?

Escríbenos a esta dirección y hablaremos contigo para contactar cuando antes: [email protected]


Apóyanos para seguir realizando periodismo independiente.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Ver a un Estado matar, aunque se lo pidas, siempre me produce repelús.