• lunes, 27 de julio de 2026
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Opinión / Tribuna

Seleccionar no es entrenar

Por José Luis Díez Díaz

"Su gran virtud ha sido conocer al futbolista desde su etapa formativa, creando una línea de sucesión natural donde se prioriza el bloque y los automatismos compartidos desde jóvenes por encima de los egos individuales".

Seguimiento de la final del Mundial de fútbol entre España y Argentina en las pantallas gigantes instaladas en la Plaza del Castillo de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Seguimiento de la final del Mundial de fútbol entre España y Argentina en las pantallas gigantes instaladas en la Plaza del Castillo de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY

El reciente y unánime reconocimiento al seleccionador nacional de fútbol viene a confirmar una tesis que he sostenido durante años, respaldada por mi propia y larga experiencia en la gestión federativa: la labor de un seleccionador y la de un entrenador de club pertenecen a funciones competitivas totalmente diferentes.

Si echamos la vista atrás, los orígenes de nuestra selección en los años 20 y 30 delegaban esta función en comités formados por médicos, periodistas y pioneros de la educación física. Más adelante, en los 50 y 60, figuras legendarias como el exárbitro D. Pedro Escartín asumieron el mando, conviviendo con el modelo anglosajón del manager de despacho y el trainer de campo.

En la década de los 70, tras experimentos de dirección colegiada —como el triunvirato de Artigas, Kubala y Muñoz—, irrumpió con fuerza la preparación física moderna. Tuve el honor de vivirlo en primera persona en el INEF como alumno del “Profe” Carlos Álvarez del Villar, cuyo manual, La preparación física del fútbol basada en el atletismo, cambió todos los esquemas de entonces.

Hoy en día, las diferencias entre ambos roles son estructurales. El seleccionador trabaja en ventanas temporales muy cortas y bajo una enorme exigencia psicofísica. Su éxito radica en saber elegir y moldear el talento disponible. En concentraciones que oscilan entre los 4 y los 40 días, la preparación física ya no busca “entrenar” o mejorar la forma, sino convertirse en un control y una gestión de la fatiga.

El reto es asimilar cargas heterogéneas y recuperar lesiones en tiempo récord. De ahí la espectacular evolución metodológica desde la época analógica hasta la precisión científica de los Paredes o Miñano posteriores. Además, el seleccionador debe blindar al grupo frente a la presión de un país entero, donde cada ciudadano se siente seleccionador y estratega.

Por el contrario, el entrenador de club convive con el día a día. Su horizonte es la regularidad de la Liga y está condicionado por la dirección deportiva, el mercado de fichajes, los agentes, la gestión de la cantera y el implacable examen semanal de la grada y el palco. El técnico de club rara vez diseña su plantilla al cien por cien y su continuidad pende siempre de un hilo; bien sabemos que en España muchos no llegan a comerse los turrones en el banquillo donde empezaron la temporada.

La historia demuestra que excelentes entrenadores de club y míticos exfutbolistas han fracasado rotundamente al asumir una selección nacional por no entender este cambio de paradigma.

Por ello, me alegra profundamente el éxito del actual seleccionador español, a quien vi llegar dos años antes de mi dimisión de la RFEF, en el año 2015. Su figura encarna el triunfo de la especialización: el éxito total de la absoluta nace de la estructura de las categorías inferiores.

Su gran virtud ha sido conocer al futbolista desde su etapa formativa —en las selecciones Sub-19, Sub-21 y Olímpica—, creando una línea de sucesión natural donde se priorizan el bloque y los automatismos compartidos desde jóvenes por encima de los egos individuales.

Además, ha contado con el apoyo de un discreto equipo técnico multidisciplinar, entre ellos varios conocidos de mi etapa en la RFEF y otros más recientes. Pero, haciendo patria, señalo al psicólogo, portero profesional en varios clubes, con éxitos en selecciones inferiores y formado en la cantera de Osasuna.

No extraña que potencias históricas como Italia, según dice el nuevo presidente de su federación nacional, miren hoy la estructura de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas como el modelo de cantera nacional que copiar para construir el éxito desde la base; en definitiva, para formar equipo.

JOSÉ LUIS DÍEZ DÍAZ – Lcdo. en Derecho – Entrenador nacional

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