• miércoles, 12 de agosto de 2026
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Opinión / Presidente de la Junta Local del PPN en la Zona Norte.

Menos superávit público, más dinero en nuestros bolsillos

Por Juancho Extremera

No se trata de enfrentar al sector público con el privado. Se trata de encontrar un equilibrio. Necesitamos una Administración que funcione y unos servicios públicos de calidad, pero también necesitamos ciudadanos con capacidad económica para consumir, ahorrar, invertir y emprender.

El consejero de Economía y Hacienda, José Luis Arasti, junto a María Chivite, presidenta del Gobierno de Navarra, durante el Pleno del Parlamento. PABLO LASAOSA
El consejero de Economía y Hacienda, José Luis Arasti, junto a María Chivite, presidenta del Gobierno de Navarra, durante el Pleno del Parlamento. PABLO LASAOSA

Estos días hemos conocido con cierto triunfalismo que el Gobierno de Navarra presenta superávit en sus cuentas. Una noticia que, según parece, todos deberíamos celebrar.

Pues permítanme discrepar.

Como ciudadano navarro, cuando escucho que al Gobierno le sobra dinero, mi primera pregunta es bastante sencilla: ¿y cuánto dinero les sobra a los navarros después de pagar impuestos?

Porque ese dinero que aparece en las cuentas públicas no ha caído del cielo. Sale del esfuerzo de los ciudadanos. Del trabajador que todos los meses ve cómo una parte de su sueldo se va en impuestos, del autónomo que intenta sacar adelante su negocio, de la pequeña empresa que lucha por mantenerse y contratar, y de las familias que cada día tienen que hacer más números para llegar a final de mes.

Por eso no entiendo demasiado ese orgullo por recaudar y acumular más.

Yo prefiero que haya menos superávit en las arcas públicas y más dinero en nuestros bolsillos.

Y no estoy diciendo que no haya que pagar impuestos. Naturalmente que hay que financiar la sanidad, la educación, los servicios sociales, las carreteras y todos aquellos servicios que una sociedad necesita. Lo que cuestiono es esa idea de que cuanto más recauda el Gobierno, mejor.

No necesariamente.

Si después de cubrir las necesidades de Navarra existe margen, ¿por qué no dejar ese dinero donde, en mi opinión, mejor puede estar: en el bolsillo de quien se lo ha ganado trabajando?

Porque ese dinero también mueve la economía.

Si una familia dispone de 100 euros más, puede comprar unos zapatos en el comercio de su barrio. El comerciante tendrá más ingresos, podrá comprar más género y mantener o incluso ampliar su actividad. El proveedor también trabajará más y sus empleados recibirán sus salarios.

Otro ciudadano puede utilizar esos 100 euros para llevar el coche al taller. Otro, para arreglar una avería de casa. Otro, para ir a comer con su familia. Otro puede ahorrarlos para una vivienda. Y un autónomo puede utilizarlos para comprar una herramienta, mejorar su negocio o contratar un servicio.

El dinero no deja de mover la economía porque no esté en las cuentas del Gobierno.

También la mueve cuando está en nuestros bolsillos.

La economía real está en nuestras calles, en las tiendas, en los bares, en los talleres, en las pequeñas empresas y en los autónomos. Está en las decisiones que tomamos cada día sobre qué comprar, dónde gastar, qué negocio abrir o qué inversión realizar.

Por eso me cuesta entender que el éxito de una Administración se mida únicamente por cuánto consigue recaudar.

Para mí, un buen Gobierno debería presumir de gestionar bien, de eliminar gastos innecesarios, de facilitar la vida a empresas y autónomos y, cuando exista margen, de bajar impuestos.

Porque el dinero que administra el Gobierno no es suyo.

Es nuestro.

Y cada euro que dejamos de pagar en impuestos es un euro que podemos decidir nosotros dónde utilizar.

Ese euro puede acabar en una tienda de nuestro barrio, en el taller de un autónomo, en un restaurante, en una pequeña empresa, en una reforma de nuestra vivienda o simplemente en una cuenta de ahorro. Y todas esas decisiones, tomadas libremente por miles de ciudadanos, también generan actividad económica.

No se trata de enfrentar al sector público con el privado. Se trata de encontrar un equilibrio. Necesitamos una Administración que funcione y unos servicios públicos de calidad, pero también necesitamos ciudadanos con capacidad económica para consumir, ahorrar, invertir y emprender.

Y creo que aquí está la gran diferencia.

El Gobierno administra nuestro dinero; nosotros sabemos lo que necesitamos en nuestros hogares y en nuestros negocios.

Por eso, cuando escucho hablar del superávit, no puedo evitar pensar que quizá deberíamos mirar las cosas desde el otro lado.

¿De qué sirve que las arcas públicas tengan cada vez más dinero si el ciudadano tiene cada vez menos capacidad para decidir sobre el suyo?

¿No sería también una magnífica noticia anunciar que los navarros van a pagar menos?

¿No sería una buena noticia que un autónomo tuviera unos cientos de euros más para invertir en su negocio?

¿Que una familia pudiera ahorrar un poco más?

¿Que una pequeña empresa pudiera utilizar ese dinero para contratar?

¿Que un joven pudiera disponer de más recursos para independizarse?

Creo que todos responderíamos que sí.

Así que enhorabuena por el superávit, señores del Gobierno.

Pero permítanme una pequeña ironía:

yo no quiero que Navarra presuma solamente de que al Gobierno le sobra dinero.

Quiero que podamos presumir de que a los navarros nos sobra un poco más.

Porque quien trabaja todo el mes tiene derecho a disfrutar de una parte mayor del fruto de su trabajo.

Y si hay margen para que el Gobierno tenga un poco menos y los ciudadanos tengamos un poco más, yo lo tengo claro.

Prefiero el dinero en mi bolsillo.

Porque sé lo que cuesta ganarlo.

Y porque sé que, una vez allí, podré decidir libremente si lo gasto, lo ahorro, lo invierto o lo utilizo para ayudar a mi familia.

Ese dinero también mueve Navarra.

Ese dinero también crea empleo.

Ese dinero también mantiene abiertos nuestros comercios.

Ese dinero también permite invertir y emprender.

Por eso creo que deberíamos cambiar un poco la manera de entender el éxito económico de una Administración.

Una Navarra próspera no es solamente aquella en la que el Gobierno tiene las cuentas llenas.

Es aquella en la que sus ciudadanos pueden vivir mejor, sus empresas pueden crecer, sus autónomos pueden trabajar sin tantas trabas y sus familias tienen capacidad para decidir sobre el fruto de su esfuerzo.

Así que menos triunfalismo con el superávit público y más preocupación por el bolsillo del ciudadano.

Porque, al final, el mejor superávit que puede tener Navarra es el que queda en los bolsillos de sus ciudadanos.

Juan Antonio Extremera Apesteguia

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