No, no nos vamos a callar. Y cuanto más intenten desacreditarnos, más alto vamos a hablar.
No, no nos vamos a callar. Y cuanto más intenten desacreditarnos, más alto vamos a hablar.
Lo primero, mi recuerdo y mi respeto para las víctimas del terrible accidente ferroviario de Toledo, para sus familias y para todos los afectados. Ante una tragedia de esta magnitud, lo mínimo que merecen es respeto, verdad y respuestas. No merecen excusas ni una batalla política para proteger a quienes ocupan los despachos del poder.
Y precisamente por respeto a las víctimas, hay preguntas que no podemos dejar de hacer.
¿Qué está pasando con nuestros trenes? ¿Qué está pasando con nuestras infraestructuras? ¿Cómo es posible que volvamos a enfrentarnos a una tragedia ferroviaria de semejante magnitud en el mismo año en que otro accidente se llevó decenas de vidas en Adamuz?
Las investigaciones tendrán que aclarar qué ocurrió en Toledo y quién tiene responsabilidades. No voy a condenar a nadie antes de tiempo, pero tampoco voy a aceptar que la exigencia de responsabilidades políticas se convierta en un asunto secundario.
Por eso, pido la dimisión inmediata de Óscar Puente.
Sí, señor director, la pido. Porque un ministro de Transportes no puede limitarse a comparecer ante los medios, ofrecer explicaciones iniciales y continuar como si nada hubiera pasado. Su obligación es garantizar que su departamento funciona, que se toman las medidas necesarias para proteger a los viajeros y que se revisa todo aquello que pueda poner en riesgo su seguridad.
Y cuando ocurre una tragedia de esta gravedad, su responsabilidad política debe estar sobre la mesa.
El propio ministro ha descartado dimitir. Parece que abandonar el cargo nunca entra en los planes de quienes llegan al poder, por muchas explicaciones que tengan que dar. Pero ¿para qué sirve entonces la responsabilidad política? ¿Solo para exigirla a los adversarios?
Óscar Puente, no basta con decir que se va a investigar. Hay que esclarecer lo ocurrido, colaborar con todas las investigaciones y explicar a los ciudadanos qué ha fallado. Y, mientras tanto, usted debe entender que su continuidad al frente del Ministerio está legítimamente cuestionada.
La dimisión no sería una condena judicial. Sería asumir una responsabilidad política. Y eso también forma parte de gobernar.
Pero este hartazgo viene de mucho antes de Toledo.
Llevamos años pagando impuestos, soportando subidas de precios y escuchando promesas. Los ciudadanos hacemos esfuerzos para llegar a fin de mes, mientras nuestras carreteras necesitan mejoras, las infraestructuras acumulan problemas y los usuarios del transporte público esperan un servicio a la altura de lo que pagan.
¿Para qué pagamos tantos impuestos? ¿Para escuchar discursos y contemplar enfrentamientos en las redes sociales? ¿Para que los ministros dediquen más tiempo a responder a sus adversarios que a explicar qué están haciendo para solucionar los problemas?
Óscar Puente parece sentirse mucho más cómodo en sus enfrentamientos políticos que dando la imagen de seriedad que exige su cargo. Un ministro no está para repartir descalificaciones ni para convertir cada crítica en una pelea. Está para trabajar, dar explicaciones y asumir las consecuencias de su gestión.
Y si no está a la altura, que se marche.
Pero hablemos también de algo que indigna a muchos ciudadanos: los escándalos que han salpicado al entorno del PSOE.
Ahí está José Luis Ábalos, antiguo hombre de máxima confianza de Pedro Sánchez, exministro y protagonista de informaciones e investigaciones relacionadas con una trama que ha generado preguntas muy graves sobre contratos públicos, presuntas comisiones y su entorno personal.
Y entre esas informaciones, el escándalo de las mujeres vinculadas a su entorno y las presuntas prostitutas. Un asunto que ha levantado una enorme indignación y sobre el que deben aclararse los hechos y las responsabilidades que correspondan.
Mientras miles de españoles se levantan cada mañana para trabajar, pagan sus impuestos y hacen cuentas para llegar a fin de mes, la política vuelve a aparecer asociada a escándalos que exigen explicaciones.
¡Qué diferencia entre la España de quienes se ganan la vida trabajando y la de quienes han vivido durante años en las altas esferas del poder!
Y que nadie me malinterprete: aquí no se trata de condenar a nadie por adelantado ni de convertir la vida privada de una persona en un juicio público. Se trata de exigir transparencia cuando aparecen indicios de posibles irregularidades y de comprobar si se han utilizado recursos públicos de manera indebida.
Porque el dinero público no es de los ministros, ni de sus amigos, ni de sus partidos. Es de los ciudadanos.
Señor Sánchez, usted no puede exigir ejemplaridad a los demás mientras pretende que los españoles pasemos página cada vez que un escándalo afecta a su entorno político.
Y aquí es donde uno se pregunta: ¿hasta cuándo?
¿Hasta cuándo vamos a tener que escuchar que todo es una campaña de la derecha? ¿Hasta cuándo se va a intentar desacreditar al mensajero en lugar de responder a las preguntas? ¿Hasta cuándo vamos a confundir la lealtad a un partido con la obligación de defender la verdad?
Porque la corrupción no tiene ideología. Y quien haya cometido un delito debe responder ante la justicia, sea del partido que sea.
Pero tampoco nos van a callar quienes pretenden repartir carnés de demócrata según nuestras ideas políticas. Ni quienes creen que denunciar los errores de la izquierda es crispar, mientras justifican cualquier cosa cuando afecta a los suyos.
Estoy harto de esa doble vara de medir.
Harto de que se nos quiera enfrentar a unos españoles contra otros. Harto de que se utilice el pasado cuando interesa y se eviten las preguntas incómodas sobre el presente. Harto de que se nos quiera hacer creer que criticar al Gobierno es atacar a España.
¡Pues no!
Criticar a Pedro Sánchez no es atacar a España. Exigir la dimisión de Óscar Puente no es condenarlo judicialmente. Denunciar posibles irregularidades no es perseguir a nadie. Es ejercer nuestro derecho a opinar y exigir responsabilidades a quienes nos gobiernan.
Y tampoco necesito permiso de los de la calle del Sol, de quienes pretenden monopolizar las protestas ni de quienes confunden la discrepancia con el odio para decir lo que pienso.
Que nos llamen ultras, retrógrados o lo que quieran. No van a conseguir que renunciemos a nuestras ideas.
España no es propiedad de Pedro Sánchez. Navarra no es propiedad de ningún partido. Y la libertad de expresión no pertenece en exclusiva a quienes gobiernan ni a quienes gritan más fuerte.
Por eso, el próximo 29-N debemos hablar con nuestro voto. Sin miedo, sin complejos y sin permitir que nadie decida por nosotros.
Yo quiero decir adiós al sanchismo y a una forma de gobernar que considero agotada. Quiero una política que se preocupe por los ciudadanos, que defienda los servicios públicos y que entienda que los cargos públicos no son privilegios, sino responsabilidades.
Y quiero que quienes gobiernan comprendan algo muy sencillo: los ciudadanos no estamos para aplaudirles. Estamos para exigirles cuentas.
Porque cuando uno ve algo que considera intolerable, tiene dos opciones: mirar hacia otro lado o levantar la voz. Yo hace mucho tiempo que elegí la segunda.
Señor Sánchez, señor Puente: no nos vamos a callar. Queremos explicaciones, queremos responsabilidades y queremos una política a la altura de los españoles.
Y a quienes creen que basta con resistir en el cargo, les recuerdo que los ministerios no son propiedades particulares y que los votos de los ciudadanos no son cheques en blanco.
¡Basta ya de soberbia, de excusas y de mirar por encima del hombro a quienes pagan las consecuencias de sus decisiones!
Óscar Puente debe dimitir. Los escándalos deben aclararse. Y el Gobierno debe responder por su gestión.
No, no nos van a callar. No vamos a bajar la cabeza ni vamos a renunciar a denunciar aquello que consideramos intolerable.
Porque una democracia no se debilita cuando los ciudadanos exigen responsabilidades. Se debilita cuando quienes gobiernan pretenden que nadie se las exija.
Y yo, mientras tenga voz, no pienso guardar silencio.
Juan Antonio Extremera Apesteguia