En las últimas elecciones presidenciales hubo incluso algún candidato que puso a la Benemérita como ejemplo y propuso la creación de un cuerpo similar en la república mexicana.
Y es que cuando uno lleva años viviendo fuera de su país se da cuenta de la suerte que tenemos los españoles al contar con cuerpos como la Guardia Civil y la Policía Nacional, sin olvidar a las municipales y autonómicas. En este país, y en toda Latinoamérica en general, casi nadie llama a la policía para nada y son pocos los que confían en ella. Algo extraño para un español, que muy pronto siente aquí una ausencia de seguridad y tranquilidad cuando va en carretera, cuando camina de noche por las calles de la ciudad, cuando viaja en autobús o cuando pasea por las zonas turísticas.
Se ‘extraña’, y mucho, la profesionalidad, la eficacia, la entrega y la honradez de nuestras policías, y más cuando lees noticias como la detención, tras 18 años de trabajo, del asesino de Eva Blanco, la rápida captura en Rumanía del asesino Sergio Morate o el arresto de criminales etarras.
Hasta los que desprecian e insultan a esos profesionales, como estamos viendo en las últimas semanas en Navarra, recurren a ellos cuando les hace falta o necesitan su protección, y son atendidos en estricto cumplimiento del deber. Asomado a la ventana desde el otro lado del charco siente uno vergüenza del comportamiento de algunas autoridades municipales y forales con quienes han dado tanto por nuestra tierra, por la libertad y la democracia. Suerte que la Justicia, a veces con rapidez, pone las cosas en su sitio.