Osasuna afronta meses decisivos en el terreno deportivo, pero también en la faceta institucional. Comienza la guerra sucia contra Vicente Moreno para atacar a la directiva y a la institución en pleno año electoral. No se dejen embaucar.

Por si alguien no se ha enterado todavía, entramos en 2025, un año electoral en Osasuna, y los movimientos para tratar de convertir incluso los éxitos deportivos y del club en un desastre comienzan ya a notarse de una manera preocupante.
Osasuna está firmando otro buen año deportivo en Primera División, dentro de una situación casi idílica en el terreno social y económico. Sobre todo, si miramos unos años atrás y comprobamos de dónde viene el club y dónde lo dejaron quienes ahora tratan de sacar tajada por una racha de resultados sin ganar.
El sector nacionalista que tanto trabajó para intentar la desaparición de Osasuna (recuerden que tanto Geroa Bai como Bildu votaron en contra de la Ley Osasuna en 2014, que evitó el concurso de acreedores y el descenso administrativo) ya se relame con un par de empates ante el Rayo Vallecano y Las Palmas, y señalan directamente al entrenador para crear una crisis deportiva artificial.
Lo hacen con el equipo holgado en mitad de la tabla (7 puntos por encima del descenso y a 3 de Europa) y a punto de afrontar una eliminatoria de Copa del Rey que puede meter a Osasuna en semifinales por segunda vez en tres años. Fútbol es fútbol, y la pelotita puede entrar o no, pero a uno de los presupuestos más bajos de la categoría, y con el modelo intacto de club que no es sociedad anónima, es muy difícil pedirle más dentro del complicado mundo del fútbol actual.
Vicente Moreno no canta bertsos, eso es cierto. No sabemos si podrá aguantar una racha de 13 partidos seguidos sin ganar, como la que cosechó Jagoba Arrasate hace unas temporadas. Una situación en la que todo el osasunismo cerró filas para apoyar al equipo y al entrenador. Ahora mismo el equipo enlaza 9 partidos sin ganar, pero habrá que mantener el mismo apoyo y cerrar filas si llegamos a las 13 jornadas. Por cierto, en aquel momento éramos firmes candidatos al descenso y últimos en la tabla.
Desde la llegada de Luis Sabalza a la presidencia de Osasuna en 2014, el club se ha transformado de una manera inimaginable, vista la crisis deportiva, institucional y económica en la que Archanco y compañía dejaron a la entidad. No olviden que Archanco era el ejemplo a seguir por todos aquellos que ahora preparan las escopetas tras un empate fuera de casa en Primera División.
La gestión del club puede tener aspectos criticables, igual que en la faceta deportiva, pero no olvidemos quiénes somos, dónde estamos y de dónde venimos, así como la suerte de haber encontrado a Luis Sabalza en el camino. Un hombre que, junto a aquellas primeras personas que conformaron la junta directiva del renacimiento de Osasuna, se jugó su prestigio y sus ahorros para poder afrontar los críticos primeros meses al frente de Osasuna, cuando las alimañas ya preparaban la desaparición del club y todo el viento soplaba de frente.
Tenemos unas cuentas saneadas, una situación económica restablecida, un nuevo estadio, hemos sido subcampeones de Copa, nos hemos clasificado para Europa, estamos consolidados en Primera, seguimos ilusionados con una buena temporada y podemos jugar otras semifinales de Copa. Tajonar y la cantera brillan de nuevo con un modelo ejemplar de gestión deportiva, siguen brotando jugadores para el primer equipo y el Athletic sufre ahora para poder llevarse a algún jugador de la primera plantilla de Osasuna si no quiere pasar por caja.
No se dejen llevar por el resultadismo a corto plazo de los que más ruido meten. Sí, estén tranquilos, Vicente Moreno no cantar bertsos, pero es momento de estar con él y, sobre todo, con Osasuna.