En las entrañas de algunas de las montañas más altas de los Pirineos se conserva un tesoro natural que ha permanecido oculto durante miles de años. Son depósitos de hielo que guardan restos de plantas, insectos y pequeñas burbujas de aire capaces de contar cómo era el clima mucho antes de que existieran los registros meteorológicos actuales. Sin embargo, este archivo natural está desapareciendo a una velocidad preocupante.
Un joven investigador español está tratando de descifrar toda esa información antes de que se pierda definitivamente. Su trabajo forma parte de las investigaciones impulsadas por la Fundación "la Caixa", que ha concedido becas a científicos que buscan comprender mejor los efectos del cambio climático y desarrollar herramientas para afrontar sus consecuencias.
El protagonista de esta investigación es Mario Bielsa Torres, un geólogo de 26 años natural de Castejón de Sos (Huesca), que estudia los depósitos de hielo de las cuevas de los Pirineos. Su objetivo es reconstruir la evolución del permafrost, la capa de suelo que permanece congelada de manera permanente, y conocer cómo ha cambiado el clima de la cordillera a lo largo de miles de años.
El investigador trabaja en cavidades situadas a más de 3.000 metros de altitud, en lugares como el macizo de Monte Perdido. Allí, el hielo ha conservado durante milenios elementos que permiten reconstruir la historia ambiental de las montañas.
"En ese hielo, igual que en los anillos de los árboles o en los depósitos de los lagos, se encuentran archivos naturales que conservan información sobre el pasado climático y ambiental de los Pirineos", ha explicado Bielsa.
Entre los restos recuperados aparecen hojas, flores, pequeñas plantas e insectos que llevan miles de años atrapados en el hielo. Algunos se conservan en un estado sorprendente, lo que permite analizar su composición y estudiar cómo era la vegetación en otras épocas.
Las burbujas de aire atrapadas también proporcionan información sobre las condiciones atmosféricas del pasado. Gracias a todos estos elementos, los investigadores pueden reconstruir la evolución climática de los Pirineos y conocer los cambios que han experimentado sus ecosistemas.
Sin embargo, el principal problema es que ese hielo está desapareciendo.
"En muchas cuevas, ese hielo, que puede llevar más de 10.000 años ahí, está desapareciendo a gran velocidad y eso hace que se pierda toda la información que hay dentro", ha advertido el geólogo.
Mario Bielsa y su equipo han comprobado que el retroceso del hielo alcanza muchos centímetros al año e incluso varios metros en algunas cavidades. La pérdida se ha hecho especialmente visible durante los últimos cuatro años.
Para estudiar este fenómeno, los científicos extraen bloques helados mediante barrenas y los transportan manteniendo su temperatura. En ocasiones deben trasladarlos a pie hasta el refugio de Góriz, situado a 2.200 metros de altitud, para evitar que las muestras se deterioren.
Los investigadores también utilizan distanciómetros láser para medir con precisión cuánto hielo desaparece en las cuevas.
Los resultados de sus observaciones reflejan un cambio climático de enorme magnitud. "Podemos decir que en los últimos 4.000 años los Pirineos no han sufrido un calentamiento tan fuerte como el actual", ha señalado Bielsa.
El científico ha advertido de que, desde la llegada de los primeros agricultores y ganaderos a estas montañas, la cordillera no había experimentado unas condiciones climáticas como las actuales.
La beca de doctorado de la Fundación "la Caixa" le ha permitido continuar con este trabajo, que requiere la colaboración de especialistas en diferentes disciplinas, desde la microbiología y la hidrología hasta la genética y la geoquímica.
La investigación sobre los hielos pirenaicos es uno de los tres proyectos científicos que la Fundación "la Caixa" ha destacado este martes para mostrar cómo sus investigadores están abordando la crisis climática desde ámbitos muy diferentes.
Otro de ellos pretende resolver una cuestión fundamental para el futuro de los bosques: saber cuándo los árboles están empezando a sufrir una sequía antes de que sus efectos sean visibles.
El biólogo David Chaparro Danon, de 37 años, trabaja en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), donde desarrolla técnicas para conocer el estado hídrico de la vegetación mediante satélites, drones y sensores remotos.
Su objetivo es identificar las zonas forestales que están perdiendo agua y que, por tanto, pueden presentar un mayor riesgo de mortalidad de árboles e incendios.
La investigación tiene especial interés en territorios con grandes superficies forestales, como Navarra, aunque las pruebas descritas por la Fundación se realizan principalmente en las montañas de Prades, entre Tarragona y Lérida.
En esa zona, el investigador ha observado una importante mortalidad de pinos silvestres como consecuencia de la sequía.
"Hay zonas que parecen quemadas y que, en realidad, son árboles muertos que provocan un preocupante cambio del paisaje", ha explicado Chaparro.
A través del proyecto MOIST, el científico trabaja en la elaboración de mapas que permitan conocer la humedad de los árboles y anticipar situaciones de riesgo.
Aunque el sistema todavía está en desarrollo, sus responsables esperan que pueda convertirse en una herramienta útil para las administraciones y los servicios de prevención de incendios.
La tercera investigación respaldada por la Fundación "la Caixa" conecta el cambio climático con un ámbito aparentemente muy alejado de la Tierra: los agujeros negros y las galaxias.
El astrofísico David Izquierdo Villalba, de 32 años y natural de Teruel, trabaja en el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC), donde estudia la formación y evolución de los agujeros negros supermasivos mediante simulaciones informáticas.
Su investigación parte de una idea sorprendente: algunos de los modelos matemáticos que permiten recrear el comportamiento del universo también pueden utilizarse para estudiar el clima terrestre.
El científico participa en el proyecto internacional L-Galaxies, que utiliza herramientas computacionales para generar universos virtuales y compararlos con las observaciones reales.
Su intención es perfeccionar estos modelos para mejorar las predicciones de sistemas complejos y explorar su aplicación al estudio climático.
"El objetivo es que se puedan hacer predicciones más precisas a corto plazo y también a meses, años o décadas vista", ha explicado Izquierdo.
Los trabajos de estos tres científicos forman parte del programa de becas de investigación de la Fundación "la Caixa", que ha concedido un total de 100 ayudas para desarrollar proyectos en España y Portugal.
De ellas, 60 corresponden al programa de doctorado INPhINIT y otras 40 al programa de posdoctorado Junior Leader, con el objetivo de atraer y retener talento investigador.
El director general de la Fundación "la Caixa", Josep Maria Coronas, ha destacado que estas ayudas buscan ofrecer a los científicos las mejores condiciones para desarrollar sus ideas y favorecer investigaciones capaces de transformar la realidad.
Desde las cuevas heladas de los Pirineos hasta los bosques mediterráneos y los confines del universo, las tres investigaciones comparten un mismo propósito: entender mejor los cambios que experimenta el planeta para anticiparse a sus consecuencias.