Hace diez años, un reducido grupo de ingenieros y pioneros del sector renovable fundó en el centro de Pamplona una pequeña empresa orientada a resolver un dilema global: cómo transportar e instalar los descomunales aerogeneradores de nueva generación sin depender de gigantescas grúas. Hoy, esa firma llamada Nabrawind se ha convertido en un referente internacional que emplea a 125 personas y cuyas patentes se exportan a los cinco continentes.
Tras su integración en 2025 en el grupo multinacional australiano Fortescue, la compañía ha dado un nuevo salto estratégico al estrenar su nueva sede en pleno centro de la capital navarra, concretamente en la emblemática Avenida Carlos III. Un espacio abierto, colaborativo y digital desde el que se lideran proyectos de ingeniería eólica a escala planetaria.
Torres de 188 metros y cimentaciones que ahorran un 80% de hormigón
El secreto del éxito meteórico de esta firma navarra reside en sus tecnologías disruptivas, diseñadas para abaratar el coste de la energía limpia y simplificar la logística en terrenos complejos:
- Megaestructuras autoizables: Su sistema Nabralift permite erigir torres eólicas de hasta 188 metros de altura de buje sin necesidad de utilizar grúas de gran tonelaje, una solución que ya opera en parques de Australia y China.
- Revolución ecológica en África: En parques eólicos de Namibia, sus cimentaciones especiales (Nabrabase) logran reducir hasta un 80 % el consumo de hormigón, permitiendo además la instalación de palas con vientos extremos de hasta 20 m/s mediante el dispositivo Skylift.
- Sello 100 % local: A pesar de su dimensión global, la mitad de su plantilla se ha formado en las universidades navarras, gran parte de sus componentes se fabrican en la comunidad foral y sus 37 familias de patentes están registradas en Navarra.
Un motor de alta tecnología con arraigo en Navarra
Esta combinación de respaldo financiero internacional y talento local ha permitido a la empresa llevar sus sistemas de montaje a mercados tan exigentes como Estados Unidos, México, Brasil, Francia o España. Su modelo demuestra cómo la innovación nacida en Pamplona es capaz de competir en la cúspide de la transición energética mundial.