• lunes, 18 de mayo de 2026
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Blog / La cometa de Miel

Verde que te quiero verde: un paseo por los parques de Pamplona

Por Pablo Sabalza

Pamplona es una explosión de verdes y de música de pájaros que zigzaguean y entonan melodías entre hojas secas y naranjas y amarillas.

Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña.

Cuentan que, al escribir este poema, Federico García Lorca utilizó la naturaleza como un espejo de las emociones humanas. El verde es vida, pero también la inevitable conexión del ser humano con el entorno que lo rodea.

Un canto poético a la naturaleza que sigue resonando hoy en nuestros paisajes.

Y siempre que pienso en mi ciudad natal arriban a mi memoria estos versos recogidos en el Romance sonámbulo, del autor granadino, y perteneciente a su obra Romancero gitano, que publicó hace casi ya un siglo, concretamente en 1928.

Pamplona es una explosión de verdes y de música de pájaros que zigzaguean y entonan melodías entre hojas secas y naranjas y amarillas.

Cuánto bien se sueña despierto en la Media Luna, ¿verdad?

Es el único lugar donde mueren todas las tardes de Pamplona. No hay otro.

Entre los castaños y los cedros; en aquellos bancos con aquellas fuentes; entre los setos y las pérgolas; allá donde Pablo patina cada noche, melancólico, tocando su violín polvoriento.

El parque de la Taconera es otro enclave en el que puedes subirte a los lomos del poema de Federico y hacerlo tuyo.

Navegar acolchado en las plumas de un cisne; volar entre ramas de hayas y acebos; caminar acompañado de susurros de patos y conejos. Alzar la vista y pedir un aria a Julián que te traslade hasta su valle montañés.

La Vuelta del Castillo y la Ciudadela presentan otro escenario de nuestra ciudad donde el viento se vuelve verde entre olmos y cedros.

Allí donde los puentes son verdes y los búhos y los murciélagos y las gentes.

Unos fosos verdes, unas murallas verdes, el pulmón verde de todas las avenidas y todas las calles.

Y llegamos al Parque de Yamaguchi, en el que la ciudad cambia de atmósfera.

Japón te abraza y te abriga y transforma tus sentimientos.

Playas, estanques, cascadas, lagos, árboles… dentro de un paseo espiritual y de recogimiento personal.

Y nos despedimos del verde de la ciudad de Pamplona con el parque fluvial del Arga.

Junto al río divisarás puentes, embarcaderos, árboles, animales, merenderos…

Advertirás las murallas de la ciudad desde el exterior y te descubrirás como un peregrino medieval que no quiere regresar al siglo del que procede.

Y todo por tu culpa, Federico. Por tu gran culpa.

Yo solo quería leerte y otra vez, una más, me trasladas adonde habita mi niño y mi corazón desnudo.

Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña.

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