Los militantes de la CUP empataron ayer en la votación para apoyar a Artur Mas y prorrogaron la decisión al 2 de enero
Los militantes de la CUP empataron ayer en la votación para apoyar a Artur Mas y prorrogaron la decisión al 2 de enero
Si no fuera trascendente para la sociedad catalana y española parecería cómico. Que el futuro inmediato de una comunidad autónoma tan importante como Cataluña esté en manos de un grupo antisistema resulta grotesco y refleja la cota de degradación alcanzada por los políticos nacionalistas catalanes y, muy especialmente, por los dirigentes de Convergencia i Unió. Ayer, en la asamblea de la CUP convocada para votar sobre la investidura de Artur Más, se produjo un empate entre los partidarios y detractores de apoyar al candidato convergente, de forma que la formación anticapitalista prorrogó la decisión hasta el 2 de enero.
La sociedad catalana no se merece esta incertidumbre. La deriva secesionista puesta en marcha por Artur Mas solo puede acabar con la dimisión inmediata de este y su retirada de la vida política. Su empecinamiento en aferrarse al cargo está conduciendo a un callejón sin salida tanto a su partido, al que ha causado un enorme quebranto en cuanto al apoyo popular, como a la mayoría de los catalanes, que el pasado septiembre dieron la espalda a sus pretensiones independentistas. Por desgracia, el sainete continúa y el próximo 2 de enero asistiremos a una nueva entrega. ¿Será la última?