• viernes, 07 de agosto de 2026
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Opinión / A mí no me líe

Aberchándales, devolvednos a los navarros el mar que nos robasteis

Por Javier Ancín

Navarra es una tierra de frontera que podría haber cultivado lo mejor de España y lo mejor de Francia y, sin embargo, hemos tenido la mala suerte de que nos cayera encima lo peor de los vascos.

El otro día subí a Ibardin. Cuando consigues cruzar Vera de Bidasoa, que ahora la tienen levantada, dejas a la derecha la casa de los Baroja y tiras para arriba por una carretera enrevesada y estrecha. Y entonces surge el prodigio: donde solo esperas que aparezcan unas vacas, la cosa se abre y brota, como un setal, la civilización.

Me encantan estos lugares imposibles de frontera en la cima del Pirineo navarro. España y Francia se diluyen entre restaurantes, comercios y hasta gasolineras. Uno no sabe muy bien si ha salido del país, ha entrado en otro o simplemente está en Navarra, que es la junta de dilatación perfecta entre los dos. En el primer restaurante en el que intenté que me dieran mesa me dijeron que imposible. A las 14:00 ya estaba cerrada la cocina. «Horario francés», me explicaron, y seguí buscando.

Un poco más arriba hubo mejor suerte. Me dieron la carta en francés y pedí, en horario español, un plato combinado de huevos fritos con lomo y patatas.

Y mientras almorzaba me entró la melancolía viendo el mar, porque desde este punto de Navarra se ve el mar, tan cerca en lo geográfico y tan lejano en lo político.

Navarra es una tierra de frontera que podría haber cultivado lo mejor de España y lo mejor de Francia y, sin embargo, hemos tenido la mala suerte de que nos cayera encima lo peor de los vascos: el aberchandalismo, esa ideología cerril de valles cerrados que lleva décadas explicándonos a los navarros que tenemos que renunciar a nuestra condición y encerrarnos con ellos.

De nosotros, los navarros, los aberchándales solo quieren nuestro mapa. Lo curioso es que el mapa siempre se mueve hacia el mismo lado, nunca hacia el otro. Ya que nos ponemos a tocar líneas, podríamos tocarlas todas.

Nunca escucharás a un aberchándal proponer la solución verdaderamente generosa para la construcción de su fantasmagórica Euskkkalerría: que Guipúzcoa devuelva ya a Navarra Fuenterrabía y un pequeño corredor hasta el Cantábrico para que volvamos a tener salida al mar. A Guipúzcoa que no la toque nadie, que nadie la altere, que nadie le quite una lasca, una diminuta esquirla. Navarra, en cambio, se puede desmontar entera.

Después de la cuajada, con un chupito de pastís, volví a hacer los cálculos mentales que tantas veces he hecho. Desde Endarlaza hasta la desembocadura del Bidasoa hay apenas ocho kilómetros. Ocho. El río que nace en Navarra llega hasta la muga con la Comunidad Autónoma Vasca y después continúa hacia el mar. Lo despedimos con la mano: adiós. Y nos deja a unos kilómetros de nuestra propia agua salada.

Porque Navarra tuvo mar. Puestos a utilizar la historia medieval como escritura de propiedad actual, utilicémosla todos. Lo perdió hace más de ocho siglos, cuando los vascos se fueron con el rey de Castilla, abandonando ellos por iniciativa propia el reino de Navarra. Qué le vamos a hacer. La historia siguió su curso, como siguen su curso todas las historias. Las personas normales también las despedimos con la mano: adiós.

Imaginemos: Navarra con puerto propio. Navarra con actividad pesquera. Navarra con una pequeña industria naval. Navarra con logística marítima. Navarra con costa para el turismo. Navarra conectada directamente con las rutas comerciales del Atlántico. Navarra dejando de depender de puertos ajenos para determinadas mercancías. Navarra con su propia ventana al mundo.

Qué cosas podríamos conseguir si el mapa de Euskkkalerría se pudiera mover también hacia Navarra.

Se podría apañar mañana mismo. Para eso son socios los aberchándales del PSOE que gobierna. Sánchez: si quieres nuestro apoyo, además de liberar etarras, dale salida al mar por Guipúzcoa a Navarra. A fin de cuentas, según ellos, todos somos vascos y no se alteraría ni un milímetro su concepción geopolítica del asunto. Fuenterrabía no se iría a La Rioja ni a Burgos. Seguiría dentro de Euskkkalerría. Todos contentos.

Pero jamás escucharás esta propuesta en boca de un aberchándal. Los primeros que no creen en su chaladura son ellos.

Su concepto de Euskkkalerría funciona de otra manera. Navarra pone el territorio, Navarra pone la identidad, Navarra quita su bandera, Navarra cambia sus nombres, Navarra acepta que le dibujen otro mapa y Navarra termina disolviéndose en una entidad superior cuya centralidad política, cultural y económica estaría, casualmente, al oeste.

Guipúzcoa no puede poner ocho kilómetros para incentivar nuestra entrada en su momio, pero Navarra tiene que regalar gratis al proyecto aberchándal los 160 kilómetros que hay de Endarlaza a Cortes. Ni un kilómetro suyo y Navarra entera. Magnífico negocio. Para ellos.

De Navarra los aberchándales esperan que, además de ser la puta que siempre manosean, ponga la cama. Y no una cama cualquiera: una cama inmensa, más grande que los tres diminutos territorios que forman la Comunidad Autónoma Vasca.

Así que la próxima vez que los aberchándales vengan a explicarnos que Navarra y Guipúzcoa son el mismo pueblo, que lo demuestren.

Que empiecen por Fuenterrabía. Y eso es todo.

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