• lunes, 21 de septiembre de 2026
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Opinión / A mí no me líe

Con Uxue Barkos, todos los caminos llevan a Servinabar

Por Javier Ancín

Aquí consiste en votar a Barkos, sustituirla por Txibite, descubrir que todos los caminos conducían a Servinabar y volver a votar a Barkos porque te han convencido de que el cambio consiste en regresar al lugar donde empezó todo.

La novela El gatopardo, de Lampedusa, es una obra monumental: léanla. Y, si no tienen tiempo, vean la adaptación de Visconti. Y, si no tienen tiempo ni ganas, ya se la resumo yo, que para eso me pagan. Básicamente, todo cabe en la fórmula mil millones de veces repetida: si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.

El aberchandalato navarro, que es más vago y además cuenta con unas bases más fanáticas —son los nuestros y punto—, ha simplificado todavía más la fórmula: para que todo siga como está, basta con cambiar a Barkos por Txibite y, cuando Txibite empiece a oler demasiado a túnel, volver a cambiarla por Barkos.

El aberchandalato empezó con Barkos, continuó con Txibite y ahora regresa a la casilla de salida: otra vez Barkos. Entre medias, el PSOE, el partido que recoge las nueces y el partido de la ETA han gobernado, presupuestado y votado juntos sin molestarse siquiera en fingir que discutían. Solo ahora, cuando se acercan las elecciones, han empezado a levantar un poco la voz. No porque hayan dejado de compartir intereses, sino porque necesitan llegar a las urnas pareciendo tres partidos en lugar de un solo bloque. Da igual a quién votes: todos comparten la misma estructura de poder y los mismos intereses.

Siento ser yo quien os lo cuente, amiguitos aberchándales: Barkos y Txibite no son dos alternativas. Son dos turnos.

En Servinabar, esa estructura de poder adquirió forma empresarial: nombres, participaciones y contratos. Según los documentos encontrados por la UCO, Santos Cerdán habría adquirido el 45% de la empresa; otro contrato atribuye un 4% al hijo del Josebas —un siervo, un esclavo y, oficialmente, un amigo de Barkos desde hace años—, extremo negado por su familia, por supuesto, pero que le acabó costando el puesto en el Boletín Oficial del Noticias porque hacía feo. Antxon Alonso, dueño y administrador, mantuvo con la expresidenta un trato que ella califica de cordial y profesional. Anda… Leo que la empresa dirigida por el marido de Barkos también cobró 4.840 euros de Servinabar por organizar un evento.

El tal Antxon llegó incluso a sentar a Cerdán con Otegi para abrir la vía entre el PSOE y Bildu. Yo te apruebo los presupuestos; tú, con la consejera socialista de Justicia del Gobierno vasco, me vas sacando de la cárcel a mis presos etarras y me dejas construir mi Euskal Herria woke. No me extrañaría que algún etarra terminara declarándose trans para completar el álbum progresista de Woke Euskadi Askatuta.

Servinabar era el aberchandalato constituido como sociedad limitada.

Ahora conocemos una firma que estrecha todavía más el círculo. En 2021, Barkos y CoronAlzórriz —entonces número dos del PSN y mano derecha de Txibite, cuya pareja trabajó precisamente en Servinabar— impulsaron una enmienda extraordinaria para que Jesús Polo, director del Servicio de Nuevas Infraestructuras del Gobierno de Navarra, pudiera continuar en el puesto después de cumplir los setenta años. No prorrogaron de forma general a todos los funcionarios: redactaron una excepción tan precisa que solo servía para él.

¿Y para qué necesitaban prolongar la vida laboral de aquel señor en concreto? Yo qué sé. Pero dos años después, el funcionario prorrogado por Barkos y Coronalzórriz terminó presidiendo la mesa de contratación de Velate. Los otros cuatro técnicos le enviaron sus puntuaciones antes de que él fijara la suya y, con su nota, la UTE de Acciona, Osés y Servinabar pasó por delante y se llevó una obra de más de setenta millones.

Qué maravilla es todo dentro del aberchandalato: mientras la tropilla pringada pega carteles sin saber ya muy bien para qué ni contra quién —contra el kapitalismo, supongo, que es como decir contra los gamusinos—, los de arriba, en Euskadi, se forran en euros gracias a las contrataciones públicas.

Quizá Barkos no supiera nada de las operaciones investigadas. Yo qué sé, cosas más raras se han visto. Pero ya no puede presentarse como una recién llegada dispuesta a regenerar el sistema: su firma aparece en el prólogo de Velate.

Y ahora os la ofrecen de nuevo como futuro, aberchandalitos míos. Aquí tenéis a la salvadora: una señora del Segundo Ensanche que se baña en el Tenis y que os conducirá en su Mini de pijaza cuqui hasta la tierra prometida anticapitalista, antiburguesa y revolucionaria. Me descojono vivo mientras lo escribo, confieso.

Nietzsche imaginó el eterno retorno como una prueba terrible: vivir una y otra vez la misma vida. Bill Murray lo explicó mucho mejor en Atrapado en el tiempo. Tampoco nos pongamos tan culturetas. Ninguno de los dos conoció Navarra. Aquí consiste en votar a Barkos, sustituirla por Txibite, descubrir que todos los caminos conducían a Servinabar y volver a votar a Barkos porque te han convencido de que el cambio consiste en regresar al lugar donde empezó todo.

Mientras tanto, vosotros, tropilla pringada, seguid pegando carteles identitarios en unos barrios castigados por el multiculturalismo que promueven las élites aberchándales y socialistas a las que votáis, pero que jamás vivirán en ellos.

Ellos os cambian las banderas: ayer, las ikurriñas; hoy, las palestinas; mañana, cuando os lo ordenen, colgaréis del balcón las de Marruecos. Los que mandan en el aberchandalato, en cambio, no cambian ni un billete para daros una moneda de limosna. Y eso es todo.

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