"Si un sistema educativo no puede proteger a una chica durante años de acoso, no es un sistema educativo: es un sistema de abandono".
El Estado no sirve para nada. Para nada útil, digo. Para robarte dinero y repartírselo entre los que mandan, lo que quieras. Para enchufar a sus mujeres, novias, maridos, amantes y amantas al presupuesto público, sin problema. Ahí funcionan con la precisión de un reloj suizo. Cada segundo, un millón para el bolsillo. Cada dos, una querida aupada a un sueldo público.
Pero como te vengan mal dadas, mal dadas de verdad, cuando estás desesperado, cuando necesitas realmente ayuda, date por jodido. El Estado solo se pone de perfil y se lava las manos con una frialdad terrorífica y funcionarial: esa maquinaria despersonalizada del “vuelva usted mañana”. No podemos hacer nada. ¡El siguiente!
¿Tiene usted hora? Pues lo primero que tiene que hacer es pedir hora, que sin hora tampoco podemos decirle que no podemos hacer nada con su caso. ¡El siguiente!
Mira a los enfermos de ELA: no solo desamparados por el poder, sino que además, vacilados. ¿Qué queréis, una ley? Tomad una ley y seguid muriendo como siempre. O el bullying, donde no hay mes que no nos enteremos de algún suicidio asociado al acoso escolar.
¿De verdad es tan difícil atajar las situaciones de bullying en un sistema educativo como el navarro? Ni que fueran los acosadores una organización criminal perfectamente engrasada, oculta, y no unos simples criajos hijos de fruta los que martirizan a otro compañero.
Navarra tiene 61 institutos públicos. Por empezar a ponerle nombre y cifras al asunto.
¿De verdad nos está diciendo el gobierno de Txibite que no son capaces de impedir que se torture a ningún chaval en 61 centros de enseñanza? Pues si no son capaces, ese sistema no sirve, está mal, y hay que rehacerlo, empezando por la propia Consejería de Educación, que es la responsable de cada caso de bullying no frenado.
Móntenselo como quieran los gobernantes. Piensen, ejecuten, que para eso les pagamos un sueldazo, copón. Y si no saben hacerlo, lárguense. La política es un lugar donde solo se debería estar para aportar soluciones, no es un trabajo al uso.
Pero es intolerable que, como nos enteramos ayer, una chica de 17 años de Cintruénigo se haya suicidado después de años —años, dice la noticia, años denuncian los familiares—, años, joder. Que no es una situación puntual, un arrebato incontrolable: son años de acoso escolar sin que nadie haga nada.
Si un sistema educativo no puede proteger a una chica durante años de acoso, no es un sistema educativo: es un sistema de abandono.
Excusas tendrán miles. Lo que nunca aparece es un responsable. Quien quiere escaquearse de sus obligaciones las encuentra perfectas, maravillosas excusas. Joder, tan grandiosas que algunas veces te quieren colar que las víctimas reales son ellos, los propios políticos.
Mira al ministro de Transportes, Óscar Puente, hace cuatro días: 47 muertes a su espalda y llorando porque llevaba un par de días durmiendo poco.
Pero el asunto es que si hay bullying en Navarra es porque al consejero de Educación y a la presidenta Txibite les importa tres cojones que lo haya. No hay más. Si les importara algo, no existirían casos o habrían dimitido por no saber cómo evitarlos.
Señoras, señores: no he sabido proteger la vida de esta chica. Adiós, me voy. Nos vamos. Somos unos inútiles. Que lo intente el siguiente.
Lo demás, milongas. Y eso es todo.