• lunes, 13 de abril de 2026
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Opinión / A mí no me líe

Osasuna siempre es casa

Por Javier Ancín

De lo que sí que estoy seguro es de la sensación de felicidad inmediata que siempre me ha producido Osasuna. Desde el minuto uno. Osasuna siempre ha sido la alegría. Si mis recuerdos de la infancia son todos felices es también por Osasuna.

Homenaje a la plantilla de CA Osasuna que logró el ascenso a Primera División en 1980. IÑIGO ALZUGARAY
Homenaje a la plantilla de CA Osasuna que logró el ascenso a Primera División en 1980. IÑIGO ALZUGARAY

No me acuerdo del ascenso de Osasuna en Murcia. He intentado hacer memoria toda mi vida, incluso años después, con la camiseta de Echeverría en la mano —una de algodón, blanca, con ribetes rojos en las mangas y cuello en pico, preciosa, sanferminera, festiva— que, por cosas de la vida, una vez pude tocar; pero era muy pequeño y no he conseguido recordar nunca nada.

Mi primer recuerdo futbolístico es de dos temporadas después y ni siquiera es de Osasuna, sino de Maradona. Vivíamos al lado del Ciudad de Pamplona y mi padre me llevó en hombros a ver la llegada del Barcelona. Solo me acuerdo de Maradona… Incluso, hilando fino, solo recuerdo el pelo de peluche negro de Maradona, que lo ocupa todo en mi memoria, bajando los escalones del autobús, rodeado por un enjambre de gente que hacía pasillo hasta la puerta del hotel.

El primer recuerdo que tengo de Osasuna ni siquiera tiene imágenes: fue aquel partido en el que los indios de Alzate le calzaron un uno a cero al Barça del Pelusa, y yo estaba en la cocina de mi abuela escuchándolo en la radio, saltando como un loco de silla en silla porque les habíamos ganado nosotros.

O quizá ni siquiera fue aquel partido, sino el anterior, el primero después del regreso a Primera, con los mismos indios de Alzate en la misma cocina de mi abuela, donde Osasuna también ganó al Barcelona, esta vez por tres a dos, con dos goles de Iriguibel y uno de Lumbreras.

La memoria va por libre y hace con nuestra vida lo que quiere. De lo que sí que estoy seguro es de la sensación de felicidad inmediata que siempre me ha producido Osasuna. Desde el minuto uno. Osasuna siempre ha sido la alegría. Si mis recuerdos de la infancia son todos felices es también por Osasuna.

Y con los años uno intenta ordenar todo eso, ponerle palabras, entender de dónde viene. Pero no hace falta. Porque en el fondo nunca fue una cuestión de entender, sino de sentirlo así desde el principio.

Incluso me ocurrió algo que, para un niño, era casi imposible.

Macua, uno de aquella mítica plantilla, llegó a vivir en mi edificio. Y yo miraba su nombre en la chapa del buzón cada vez que bajaba a jugar al fútbol por los descampados de aquel Iturrama polvoriento de principios de los ochenta, sin poder creer que compartiera dirección con un dios del Olimpo.

Cómo me alegro de ser de este equipo. Cómo me gustó ayer domingo verlos salir por el túnel de vestuarios de nuevo al Sadar, con nuestra blusa de antaño y la bandera, como el roble montañés y el vino de la Ribera... vibra en ti Navarra entera. Donde quiera que estés, de eso se trataba: de saber que, pasara lo que pasara, siempre habría un sitio al que volver. Siempre, al verlos, es casa. Y eso es todo.

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