• miércoles, 25 de febrero de 2026
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Opinión / A mí no me líe

Hay que prohibir la Korrika ya

Por Javier Ancín

Si se prohíben unos espectáculos por considerarlos denigrantes, habrá que revisar también otros: el bombero torero y la Korrika son dos expresiones calcadas del mismo problema.

A mí la Korrika siempre me ha parecido un sinsentido: fomentar una lengua corriendo, tú, sin resuello, que precisamente lo que hace es que no tengas ganas de hablar con nadie, que bastante tienes con no echar el bofe. Quien haya salido a correr con algún cansalmas empeñado en que le hables mientras caen los kilómetros sabe del coñazo al que me refiero.

Motivos para prohibir la Korrika ya teníamos unos cuantos. Por ejemplo, que cada año se exhiban fotografías de asesinos aberchándales en ella. Ahora se ha sumado otro más: el bombero torero.

Ayer el Gobierno de Sánchez prohibió el espectáculo taurino del bombero torero porque supone —abro comillas— una mofa pública de personas con discapacidad —cierro comillas—. Y lo primero que me vino a la cabeza fueron esas humillantes fotos anuales que obligan a Hualde y al alikate Asiroff a hacerse, destinadas a la mofa pública, en chándal/txandal participando en ese show cómico-lingüístico de la Korrika.

Se me ocurren pocos espectáculos públicos más humillantes que contemplar a dos personas con evidentes problemas de sobrepeso trotando por las calles de Irroña para mayor gloria de la ideología aberchándal.

La exposición anual de esos barrigones, convertida en rito, resulta difícil de justificar desde el punto de vista de la dignidad humana. Basta ya. Una ideología que obliga anualmente a dos gordos a someterse a esas humillaciones públicas, poniendo además en serio peligro su salud —que cualquier día les da un infartazo y la liamos—, no puede ser considerada en el siglo XXI como una opción política válida.

Que, además, este espectáculo fomentado por una empresa privada se financie con dinero público lo convierte en algo todavía más intolerable. Si de verdad queremos adaptarnos a los nuevos tiempos y evitar cualquier forma de mofa o degradación pública, habrá que aplicar el mismo criterio en todos los casos: el bombero torero y la Korrika son dos expresiones calcadas del mismo problema. Ya está bien.

No, las personas con discapacidad, sea en el bombero torero o en la Korrika, no pueden elegir libremente participar en esos espectáculos; son arrastradas a ellos por la presión de esta sociedad euskoneoliberal aberchándal fascista en la que vivimos. ¡La Korrika gana dinero con el exhibicionismo de los problemas de salud de la gente! Tú pones Korrika en Google y solo aparecen Hualde/Falde y el alikate Asiroff con un grotesco chándal y un palo de amasar con una ikurriña pidiendo perras para la causa.

Basta ya. Si se prohíben unos espectáculos por considerarlos denigrantes, habrá que revisar también otros. La Korrika, tal y como queda demostrado, no debería quedar al margen de esa prohibición. Por la dignidad de los pueblos y las pueblas, de los cargos públicos y las cargas públicas, Korrika, kanpora.

Y si alguien, después de todo lo que hemos expuesto, aún quiere participar en este akelarre vejatorio de la Korrika, que deje de ser un puto gorrón de dinero público y que haga como yo todos los años cuando me apunto con mis colegas a hacer el mangarrán en la Behobia-San Sebastián: pagarme de mi bolsillo el dorsal. Y eso es todo.

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