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COMERCIO LOCAL

La Maleta del Caracol abre en Pamplona: Jorge González convierte Casa Garatea en una academia de pintura: "Lo que más trabajo es la acuarela"

El artista pamplonés ha convertido la centenaria 'Casa Garatea' en un espacio artístico que ya reúne a numerosos alumnos.

Jorge Silva en su academia de pintura La Maleta del Caracol en Pamplona. Navarra.com
Jorge Silva en su academia de pintura La Maleta del Caracol en Pamplona. Navarra.com

Donde durante décadas se trabajó el cuero, ahora se mezclan colores, se preparan pinceles y se pintan acuarelas. Una de las tiendas más históricas del Casco Viejo de Pamplona ha comenzado una nueva vida sin perder su esencia.

La antigua guarnicionería Casa Garatea, situada en el número 30 de la calle San Gregorio, se ha convertido en una academia de dibujo y pintura. Un establecimiento con 120 años de historia que ha cambiado de actividad, pero que conserva buena parte del aspecto que conocieron generaciones de pamploneses.

Detrás de esta transformación está Jorge González Silva, un pintor pamplonés de 42 años, que ha trasladado hasta este local su academia La Maleta del Caracol. Junto a su mujer, María Baigorri, ha conseguido dar continuidad a un proyecto artístico que lleva una década funcionando como academia.

Y lo más curioso es que el anterior propietario, Antonio Fernández Sola, no solo ha aceptado encantado el cambio. Cuando ha regresado para visitar su antigua tienda, apenas ha reconocido las modificaciones.

De una guarnicionería centenaria a una academia de pintura en Pamplona

La historia de esta transformación comenzó cuando Jorge decidió que había llegado el momento de comprar un local propio. Hasta entonces, su academia había pasado por diferentes direcciones de Pamplona.

Primero estuvo en la calle Tajonar, frente al colegio de los Jesuitas. Después de la pandemia se trasladó a Paulino Caballero, 49, donde permaneció durante cinco años. Pero Jorge quería encontrar un espacio definitivo. Y antes de decidir dónde establecerse, hizo algo bastante sencillo: preguntar a sus propios alumnos de qué zonas venían.

"Quería comprar un local y pregunté a mis alumnos de dónde vienen. Así abrí las miras por el Casco Viejo", explica el pintor. Fue entonces cuando apareció la oportunidad de instalarse en Casa Garatea, una guarnicionería histórica cuyo propietario llevaba alrededor de tres años intentando traspasar el negocio.

Jorge se puso en contacto con Antonio y le explicó su proyecto. La respuesta fue mejor de lo que esperaba. "Hablé con Antonio, el dueño de la guarnicionería, y se puso muy contento cuando le trasladé la idea. Le hacía ilusión que se convirtiera en un espacio artístico", recuerda.

Una reforma que ha respetado la esencia de Casa Garatea

La transformación del establecimiento ha requerido varios meses de preparativos y un verano especialmente intenso. Sin embargo, Jorge tenía claro que no quería borrar la personalidad de un comercio con más de un siglo de historia.

Las obras se han centrado principalmente en adaptar el local a la normativa actual. Se ha construido un baño accesible y se ha instalado un nuevo sistema de ventilación. "Hemos remodelado por normativa, con un baño adaptado y una ventilación nueva. Por lo demás, el local está bastante fiel", señala.

El resultado ha sorprendido incluso al antiguo guarnicionero. Antonio ha visitado recientemente el establecimiento y ha comprobado que el espacio mantiene buena parte de su apariencia. "El otro día vino y me dijo que apenas había notado nada", cuenta Jorge, satisfecho con la reacción.

El baño es ahora más grande y la maquinaria de renovación del aire se ha colocado de manera discreta. El resto del establecimiento conserva buena parte de su carácter original.

La nueva academia comenzó a funcionar el 15 de septiembre y ha afrontado octubre con una intensa actividad. Para Jorge, el cambio de dirección ha supuesto mucho trabajo, pero también la tranquilidad de contar con un alumnado fiel.

Una academia de acuarela que está prácticamente llena

"Llevamos ya diez años y hay un grupo de gente bastante consolidado. El cambio no suponía un gran riesgo", explica Jorge, que trabaja junto a su mujer, María Baigorri. La acogida ha sido muy buena. De hecho, el pintor asegura que las plazas disponibles están prácticamente cubiertas.

"Estoy prácticamente lleno y en este aspecto estoy contento. La obra durante el verano ha sido intensa, pero con la idea de que abres y no empiezas de cero", reconoce. La especialidad de La Maleta del Caracol es la acuarela, aunque sus alumnos también pueden trabajar otras técnicas de dibujo y pintura.

"Sobre todo lo que tengo es acuarela, que es por lo que más me busca la gente. Tengo ocho turnos de acuarela y otros ocho donde eligen su técnica y yo les ayudo", detalla.

La academia está dirigida a adultos y cuenta con personas de diferentes edades, aunque la media se sitúa entre los 40 y los 50 años. No ofrece clases infantiles y ya tiene adultos esperando para conseguir una plaza.

Su horario refleja la actividad que ha conseguido reunir. Jorge imparte clases todas las mañanas excepto los lunes y todas las tardes salvo los viernes.

Los jueves son especialmente intensos, con una concentración importante de sus clases de acuarela. "La gente está contenta. Hay de todo", comenta sobre los alumnos que han acompañado a la academia en su traslado al Casco Viejo.

De camarero en la calle San Nicolás a profesor de pintura

La trayectoria de Jorge González Silva no comenzó entre caballetes y pinceles. Antes de dedicarse profesionalmente al arte, trabajó en la hostelería del Casco Viejo de Pamplona.

Fue camarero en La Cocina Vasca, en el número 13 de la calle San Nicolás, aunque siempre tuvo claro que su verdadera vocación estaba en la pintura. "Yo les decía a mis jefes que era un pintor que trabajaba de camarero", recuerda entre risas.

Con el tiempo decidió alquilar un estudio y dedicar más horas a aprender y perfeccionar su técnica. Pasó diez años aprendiendo a pintar, una etapa que terminó marcando su futuro profesional.

Aquel primer estudio, que no estaba abierto al público, ya tenía un nombre muy particular: La Maleta del Caracol. La inspiración llegó de un cuento infantil que había escuchado en la radio. Le gustó tanto que decidió utilizarlo para bautizar su espacio de creación.

"Aquel estudio lo llamé así, aunque no estaba abierto al público. Cuando hice el cambio a academia, mantuve el nombre", explica. El nombre lleva acompañándolo alrededor de 20 años, mucho antes de que su proyecto encontrara su nueva sede en San Gregorio.

"No es tan bonito como parece": la realidad de vivir de la pintura

Jorge ha conseguido convertir su pasión en una profesión, pero reconoce que trabajar enseñando pintura también tiene sus dificultades. La principal paradoja es que, entre tantas clases y alumnos, apenas encuentra tiempo para desarrollar su propia obra.

"Se puede vivir de este negocio, como de la enseñanza, pero es difícil sacar tiempo para pintar uno mismo", admite. Tampoco idealiza su trabajo. Aunque disfruta enseñando y está satisfecho con la trayectoria de la academia, insiste en que detrás de cada clase hay muchas horas de dedicación.

"No es tan bonito como parece, pero estoy contento con mi trabajo", asegura. Su nueva etapa en Casa Garatea ha comenzado con las aulas prácticamente llenas, una clientela consolidada y la satisfacción de haber encontrado un espacio con una historia muy especial. "Contento, feliz y a buscar ratos para pintar y a seguir", resume Jorge sobre sus próximos objetivos.

Antonio Fernández Sola y los 120 años de historia de Casa Garatea

La nueva vida artística del establecimiento tiene detrás una historia comercial que comenzó hace más de un siglo. En una entrevista publicada por Navarra.com el 18 de mayo de 2023, Antonio Fernández Sola recordaba cómo había evolucionado el negocio familiar y las dificultades que atravesaba el comercio tradicional.

Los orígenes de Casa Garatea se remontan a comienzos del siglo XX. En 1903, el negocio estaba situado donde posteriormente se encontraba el bar La Montañesa. El establecimiento de San Gregorio, 10, se utilizaba entonces para guardar los carros que llegaban a Pamplona.

Después, el negocio pasó a manos de Ángel Garatea Josué. En 1960 se hizo cargo Javier Fernández, padre de Antonio, que había comenzado a trabajar en el oficio con tan solo 12 años. Tras su fallecimiento en 1993, Antonio continuó al frente de la tienda.

"Yo salía del colegio de Escolapios para ayudarle cuando era un chaval", recordaba el antiguo comerciante, que dedicó más de tres décadas a mantener abierto el establecimiento.

Durante muchos años, Casa Garatea fue una referencia para quienes necesitaban artículos de guarnicionería, ganadería y equitación. En sus estanterías podían encontrarse cencerros, collares, sillas de montar, cabezadas, botas y otros complementos relacionados con el mundo del caballo.

Sin embargo, el paso del tiempo y la competencia de las ventas por internet fueron complicando la continuidad del negocio. Antonio reconocía en aquella entrevista que las dificultades económicas hacían muy complicado encontrar un relevo.

"Cuando yo me jubile aquí no sigue nadie. Se sigue vendiendo para sacar un mísero sueldo, pero nada más. De negocio, nada", lamentaba entonces. También advertía de la situación que atravesaban muchos pequeños establecimientos del centro de Pamplona. "Como no cambien las políticas estamos abocados a cerrar todos", aseguraba.

Tres años después de aquella entrevista, la antigua guarnicionería ha encontrado un destino diferente al que tuvo durante más de un siglo. Jorge González Silva y María Baigorri han convertido el espacio en La Maleta del Caracol, una academia donde los artículos de cuero han dejado paso a las acuarelas, los dibujos y los pinceles.

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