• lunes, 26 de enero de 2026
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Blog / La cometa de Miel

Las canciones lentas de reverendas

Por Pablo Sabalza

Hace varios años, concretamente en la década de los 90, los disc jockeys de las discotecas hacían un temporal parón musical en su repertorio de música disco para pinchar un racimo de canciones lentas.

Hubo un tiempo en el que la música te daba una oportunidad en forma de balada para conquistar a una persona. Una canción que permitía acercarte a tu enamorada y pedirle que bailase contigo esa melodía. Así, sin dolor.

No había redes sociales ni aplicaciones de citas donde esconderte tras una fotografía, quizás retocada, ni un nombre ficticio como, por ejemplo, Tomás Cruise o Ricardo Gere.

Hace varios años, concretamente en la década de los 90, los disc jockeys de las discotecas hacían un temporal parón musical en su repertorio de música disco para pinchar un racimo de canciones lentas.

Recuerdo la discoteca Reverendos, hoy Ozone, de Pamplona.

Se atenuaban las luces, se soltaba una nube de humo en forma de gas denso y a presión que envolvía el ambiente y sonaba la primera canción de Bryan Adams, (Everything I Do) I Do It for You.

Muchos dimos vueltas y vueltas a la disco con nuestro arco y nuestras flechas, algunas de Robin Hood y otras de Cupido, con el firme propósito de encontrar a Marian.

Se advertía entre los jóvenes bailarines cómo las mejillas se tocaban y rozaban; y cómo se encontraban las manos y sus ojos se miraban.

Se oteaba contenta el alma de los enamorados, contrastada con aquellos, como yo, perdidos en las quimeras mismas de siempre, en los pétalos melancólicos de la rosa inalcanzable.

Los más atrevidos encontraban en este íntimo y musical momento la oportunidad idónea para dirigirse a la persona con la que, durante la semana, intercambiaban tímidas miradas o escuetas palabras y, así, invitarla a bailar.

¡Oh qué tristeza al mí de ayer!
¡Oh qué dolencia al mí rechazado!

Y así se sucedían las canciones de Sergio Dalma y Bailar pegados; Whitney Houston y su I Will Always Love You; Shania Twain y From This Moment On; Bon Jovi y Always; Faith Hill y This Kiss o Guns N’ Roses y November Rain

Y cuando las nubes de humo se disipaban y amanecía de nuevo la música disco, algo parecido a un vergel emocional germinaba en mí, pues ya todos volvíamos a ser iguales.

Mi soledad volvía a transformarse en compañía, mis amigos regresaban, más joviales, eso sí, al redil de la amistad, mientras mi corazón, ígneo y romántico, anhelaba que llegase el próximo fin de semana para que, de nuevo, Bryan Adams con su Please Forgive Me me concediese una nueva oportunidad de bailar con los ojos y, quién sabe, si abrazar con la mirada.

¡Oh corazón qué nostálgico me lates!

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