• miércoles, 11 de marzo de 2026
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Opinión / A mí no me líe

Korrika y un idioma enredado con el crimen

Por Javier Ancín

“Si quieres que tu idioma deje de aparecer como consustancial al crimen, tendrás que empezar tú por apartarlo de él, mi chico.”

Luego se cabrea el alikate Asirón porque les llamamos “el partido de ETA”, “la ideología de ETA”, y se extrañan ante el bajísimo uso del euskera en Navarra. No entienden que ninguna persona normal —que no sea un fanático— quiera verse enredada con un idioma que no solo se ha convertido en un marcador identitario de una ideología concreta, sino que además aparece una y otra vez vinculado a homenajes a asesinos.

¿No eres capaz de disociar el asesinato de tu idioma y pretendes que ese viaje lo haga yo, exigiéndome una finura intelectual que tú no quieres usar? No, hombre. Si quieres que tu idioma deje de aparecer como consustancial al crimen, tendrás que empezar tú por apartarlo de él, mi chico.

En fin, que si se enfada, que se enfade, qué vamos a hacerle. Si la reivindicación de la enseñanza de un idioma, el pititistaní, no es capaz de alejarse de los homenajes a violadores, imagina qué ganas pueden quedarle a cualquiera de aprender y usar el pititistaní. Lo dicho: si eres una persona normal, ninguna. Todo para vosotros. Disfrutad el pititistaní.

¿De verdad hace falta explicarte lo obvio, Asirón? Hay una foto siniestra de Josu Ternera, paradigma de la salvajada aberchándal, que ilustra muy bien de lo que estamos hablando. En ella aparece el asesino etarra —bien visible, para que no haya dudas de que va de eso el asunto, con toda la comitiva detrás— llevando el amasador ese de pan adornado con una ikurriña que usan como testigo de la Korrika.

Pues nada, que no sea porque no lo volvemos a explicar. Allá vamos.

Si pones a José Bretón a anunciar cuchillos, lo normal es que la gente no compre esos cuchillos. No porque los cuchillos sean malos —que a lo mejor son estupendos; ni siquiera entramos en eso—, sino porque la mayoría de la gente no está tan zumbada como para comprar algo asociado a un criminal.

Imagínate liarte con alguien, ir a su casa, pasar la noche con esa persona y que, a la mañana siguiente, desayunando, te saque para untar la mantequilla en la tostada uno de los cuchillos de José Bretón.

Las ganas que te quedan de volver a ver a esa persona y de regresar a su casa son más bien pocas.

—¡Pero si solo son unos cuchillos! ¡Solo es un idioma! ¿Cómo puedes ponerte así, cuchillófobo, euskarófobo?—

Que sí, que sí, lo que tú quieras. Pero quita, quita… todo para ti. A mí no me enredes con asesinos.

Eso es lo que han vuelto a votar los aberchándales en Pamplona —los aberchándales del partido de ETA y los otros aberchándales, los del partido recolector de las ensangrentadas nueces de ETA—, que da igual que en la Korrika se homenajee a asesinos: el dinero público que les van a meter seguirá siendo el mismo, aunque vuelvan a aparecer fotos o alusiones al terrorismo nacionalista vasco.

Las lenguas se aprenden para entenderse, no para asociarlas con asesinos.

Si decides convertir la tuya en un pozo inmundo, luego no te sorprendas de que la inmensa mayoría prefiera salir de allí corriendo.

Con la nariz tapada.

Y eso es todo.

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