• viernes, 15 de mayo de 2026
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Opinión /

Familias que sostienen el futuro

Por Eradio Ezpeleta

"Las desigualdades económicas y sociales condicionan profundamente el bienestar familiar y, de manera especial, el desarrollo de la infancia"

Dos familias, sentadas en la Vuelta del Castillo de Pamplona. PABLO LASAOSA
Dos familias, sentadas en la Vuelta del Castillo de Pamplona. PABLO LASAOSA

Cada 15 de mayo se celebra el Día Internacional de las Familias, una fecha que no debería ser una mera fecha oficial o un gesto simbólico. En un contexto de incertidumbre económica, precariedad laboral y declive demográfico, hablar de familia no es nostalgia, es hablar del bienestar real de nuestra sociedad. Porque, aunque a veces se olvide, la familia sigue siendo el primer lugar donde se aprende a vivir, a convivir y a construir esperanza.

Sin embargo, no todas las familias parten del mismo punto. Las desigualdades económicas y sociales condicionan profundamente el bienestar familiar y, de manera especial, el desarrollo de la infancia. Las cifras sobre pobreza infantil, vivienda inaccesible o precariedad laboral no son simples datos: son hogares que viven con miedo a no llegar a fin de mes, niños que crecen con menos oportunidades educativas, madres y padres que no pueden dedicar tiempo a sus hijos porque la urgencia de sobrevivir lo absorbe todo.

Las desigualdades se cuelan por la puerta de casa. Determinan qué alimentación se puede ofrecer, qué actividades se pueden pagar, qué apoyo educativo se recibe o qué estabilidad emocional puede construirse. Y, aunque las familias hagan todo lo posible, la falta de recursos termina pesando. En esos casos, la infancia paga un precio silencioso pero duradero, con menos estímulos, menos seguridad y menos redes de apoyo.

Por eso, hablar de políticas familiares no es un debate ideológico, sino una obligación moral y una inversión social. La familia es el núcleo básico de la sociedad donde cada persona tiene un valor único. En ella se transmiten el esfuerzo, el respeto, la solidaridad y el cuidado de los más frágiles. Allí se forman ciudadanos antes de que existan votantes o trabajadores.

La preocupación demográfica ya no puede ocultarse. La natalidad cae año tras año y el resultado es una sociedad envejecida, con menos jóvenes y más dificultades para sostener servicios públicos. El problema no es solo que nazcan menos niños, sino que muchas parejas desean tener hijos y no se atreven. No por falta de ilusión, sino por miedo a no poder cuidarlos bien, a pagar una vivienda, a perder estabilidad laboral o a no poder conciliar.

Por eso no bastan campañas simbólicas. Hacen falta políticas familiares sólidas, estables y ambiciosas que promuevan prestaciones universales por hijo, no limitadas solo a situaciones extremas. Formar una familia tiene un coste real, y una prestación progresiva, según número de hijos, reconoce que educar es una contribución al bien común, especialmente en familias numerosas.

Hay que impulsar permisos parentales amplios, remunerados y corresponsables. El bienestar infantil exige presencia y tiempo. La conciliación no es un favor, es un derecho que debe ir acompañado de una cultura donde padre y madre colaboren de manera real. La referencia materna y paterna aporta seguridad y equilibrio educativo, cada una con un valor propio.

La defensa de la familia exige garantizar una educación infantil asequible y de calidad, especialmente de 0 a 3 años, y poder elegir qué educación queremos para nuestros hijos es primordial. También se deben reforzar políticas sociales con servicios de orientación a padres, acompañamiento psicológico, mediación… Junto a ello, se deben impulsar ayudas por nacimiento o adopción, bonificaciones en comedor y material escolar, apoyo a la formación, vivienda accesible, incentivos fiscales reales y horarios laborales compatibles con la crianza. Tener hijos no puede convertirse en un lujo ni en una penalización profesional.

El matrimonio y el compromiso familiar merecen también ser defendidos sin complejos. En tiempos de lo provisional, formar una familia sigue siendo un acto profundamente humano. Hay alegría en el compromiso, en construir un hogar y educar. Hoy, Día Internacional de las Familias, debemos recordar que apoyar a las familias es apostar por el futuro. Donde una familia se sostiene, una sociedad entera respira.

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