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Opinión / San Fermín

Tres de marzo: Javier Sesma

El peldaño de hoy rinde homenaje al fotógrafo especialista en reportaje taurino Javier Sesma, con una foto de su torero preferido, Juan José Padilla.  

11/07/2010 Juan José Padilla se reincorpora al ruedo tras haber sufrido una aparatosa cogida. Foto: JAVIER SESMA. (Cortesía del autor)

La foto de este peldaño tiene un relato extenso, la tomó nuestro compañero fotoperiodista Javier Sesma Bergachorena el 11 de julio de 2010. “Fue una tarde rara”, así comenzaba la crónica taurina de Koldo Larrea. No podría resumirse mejor, porque aquel domingo, con toros de Miura, se sucedieron una serie de irregularidades en lo que debiera ser una tarde normal de la Feria del Toro.

La primera anomalía la protagonizaron las peñas que, a modo de protesta contra la alcaldesa Yolanda Barcina, no acudieron a la plaza de toros. En consecuencia la solanera de los tendidos 6 y 7, sin público, presentaba un patético gris hormigón. El motivo venía del año anterior (2009), cuando el equipo de Gobierno municipal de UPN, apoyado por PSN, además de suspender temporalmente la subvención a las peñas San Fermín y Armonía Txantreana, presentó una denuncia por haber mostrado éstas en sus pancartas simpatía a dos encarcelados: uno vinculado a Segi y otro perteneciente a ETA.

Días antes de los Sanfermines de 2010, la Audiencia Nacional archivó la causa al considerar que las peñas no habían cometido delito de exaltación al terrorismo. A pesar de ello, la Federación de Peñas mantuvo las protestas que había programado antes de conocer el fallo judicial; entre ellas, una merendola reivindicativa en la avenida de Carlos III. Así el coso taurino quedó desangelado sin el estruendo de las charangas y sin el vocerío de sol.

Durante el paseíllo hubo también dos singularidades: la primera, no se escucho el tradicional tarareo eurovisivo del Te Deum de Charpentier, de manera que el pasodoble de la Pamplonesa sonó como nunca; la otra, sólo desfilaron nueve mulilleros, faltó el décimo, Juan Pedro Lecuona, que había sido corneado en el encierro de la mañana en la bajada al callejón.

Llegó el primero de la tarde, de nombre ‘Lengüeto’,  que le correspondió a Juan José Padilla. Finalizando la faena de muleta, el Miura alcanzó al diestro con una aparatosa cogida y voltereta. Seguidamente, el toro encelado con el patilludo torero, lo zarandeó y lo arrastró. La desesperada lucha que libró Padilla con el Miura está perfectamente reflejada en la impresionante foto previa de Javier Sesma, que da sentido y explica en cierto modo el escalón de hoy.

11/07/2010 Foto previa, Juan José Padilla lucha desesperadamente contra ‘Lengüeto’ (Foto Javier Sesma. Cortesía del autor)
11/07/2010 Foto previa, Juan José Padilla lucha desesperadamente contra ‘Lengüeto’ (Foto Javier Sesma. Cortesía del autor)

Por fin, gracias al quite de las cuadrillas, el morlaco soltó la presa como un guiñapo. Toda la plaza estaba estremecida sospechando que el torero había sufrido cornada en la ingle; temiendo lo peor, lo trasladaron a la enfermería, al tiempo que el malherido gritaba: “¡Dejadme, voy a matar al toro!”

Al comprobar que sólo tenía magulladuras y contusiones, Padilla volvió al ruedo, cojeando con un aspecto estremecedor: cara desencajada, sin chaquetilla y con la taleguilla hecha jirones. La instantánea de Javier Sesma inmortaliza ese momento. Detrás del burladero reina cierta normalidad, distinguimos de perfil con chaqueta roja, al torilero Daniel Azcona.

11/07/2010 Juan José Padilla se reincorpora al ruedo tras haber sufrido una aparatosa cogida (Foto Javier Sesma. Cortesía del autor)
11/07/2010 Juan José Padilla se reincorpora al ruedo tras haber sufrido una aparatosa cogida (Foto Javier Sesma. Cortesía del autor)

La reaparición de Padilla produjo en el respetable una doble sensación de alivio y admiración, que premió con una clamorosa ovación. La imagen del torero gaditano, extenuado y apoyado en el burladero, representa el pundonor y la honradez de alguien comprometido con un contrato dispuesto a cumplirlo pese a las circunstancias adversas. El diestro reconoció “El guerrero nunca muere, pero tengo una paliza descomunal, todos los huesos fatal.

El especialista en reportaje taurino Javier Sesma habitualmente juega con los colores y las sombras. En este caso, la silueta del matador proyectada en el burladero abre la posibilidad de darle un significado especial, podríamos equipararla al ángel custodio que acompañó a Padilla aquella tarde para salvarle del percance con el Miura. Ciertamente el destino le fue favorable, sólo así podemos explicar la suerte que tuvo. 

El espada retomó la faena con unas manoletinas y tras despachar a ‘Lengüeto’ con una estocada baja, volvió a la enfermería. Su subalterno le llevó la merecida oreja concedida por la presidencia. Padilla lamentó la ausencia de las peñas, entendiendo que habrían presionado para conseguir una segunda oreja. No hubo más trofeos en la lidia de los cinco toros restantes. El malherido matador lidió el cuarto de la tarde con chaleco y en vaqueros prestados por un ganadero.

Sin embargo, de aquella tarde taurina la gran excepcionalidad estaba en Sudáfrica con las estridentes vuvuzelas: por primera vez en la historia la selección española de fútbol jugaba la final de un Mundial, enfrentándose a Países Bajos. En la plaza de toros en la lidia del sexto la desbandada fue generalizada y la atención se trasladó a otra plaza, a la del Castillo, para seguir el partido en una pantalla gigante. La policía (nacional, foral y municipal) se empleó a fondo para impedir disturbios entre los antiespañolistas y los seguidores de la selección que acudían con la camiseta de la Roja. Inolvidable tarde para los futboleros que vibraron en la prórroga con el gol de Iniesta.


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