• miércoles, 12 de junio de 2024
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Opinión / A mí no me líe

Asirón pone a los municipales a mirar en la basura

Por Javier Ancín

Abran esas bolsas, remuevan la mierda de los gatos, los pañales del bebé, el medio limón que todos tenemos en la nevera hasta que se pudre y lo desechamos, e tampax o un condón usado y localicen a esos peligrosos delincuentes.

Los aberchándales Asirón y el otro julai que nunca recuerdo su nombre y me da pereza buscarlo, han puesto a patrullar a operarios de la Mancomunidad y a munipas inspeccionando bolsas de basura. Directrices claras. Hay que interceptar las bolsas que muchos dejamos fuera del contenedor, cerrado a cal y canto, y tratar de localizar al peligroso terrorista antisistema. Abran esas bolsas, remuevan la mierda de los gatos, los pañales del bebé, el medio limón que todos tenemos en la nevera hasta que se pudre y lo desechamos, e tampax o un condón usado y localicen a esos peligrosos delincuentes.

Canción triste de Hill Street, versión Irroña. Así me los imagino, todos reunidos como al principio de cada capítulo, ese aire melancólico de un Los Ángeles invernal y frío, nebuloso, donde se repartían los trabajos y los pesares, con el sargento Esterhaus, el calborota Abaurrea, por ejemplo, podría dar el pego por el parecido físico, diciéndoles a sus chicos de la gorra y la porra que tuvieran cuidado ahí afuera, como si las bolsas de basura mordieran, fueran un residuo nuclear o estuvieran llenas de kryptonita. Lo veo, hago un rectángulo con los pulgares e índices para encuadrar la escena a 16:9. Puro cine.

Por no faltar, en aquella serie había hasta un madero, rescatado ahora por el alikate Asirón, aquel que siempre se escondía, para resolver los casos, en los sitios más nauseabundos y regresaba a la comisaría, con un pestazo encima, que hacía casi echar la pota a todos los compañeros con los que se cruzaba. Qué maravilla, Irroña como homenaje viviente, como los belenes que hacíamos en el cole disfrazándonos, a Steven Bochco, el creador de aquel producto tan bueno como depresivo que terminaba por hundirnos en la miseria los domingos por la noche, que era cuando la echaban por la tele.

En fin, pero a lo que vamos, que si ellos quieren revolver la mierda nosotros tenemos que ponérselo difícil para que nos pillen. No hay tregua de los cansalmas de Barricada ha cambiado de bando. Ahora los ratones somos nosotros y los gatos son ellos. Los clandestinos somos nosotros, y los mejores años nos pertenecen. Tirar el gatillo no porque nosotros no somos violentos como ellos, pero tirar bolsas de basura fuera, las que quieras. Los aberchándales empezaron esta guerra cerrándonos los contenedores, obligándonos a identificarnos para usarlos.

Lo primordial, queridos compañeros de las risas y las sombras, es que jamás, nunca, metáis dentro de la bolsa ningún papel que pueda hacer que os cacen. Todas las cartas donde aparezca vuestro nombre, apellido y dirección, todas las pegatinas de las cajas que os traen de las compras por internet, códigos de barras incluidos, no sabemos hasta dónde están dispuestos a perseguirnos los aberchándales, las recortáis y las tiráis a una papelera lejana, por ejemplo, o hacéis un burruño con ellas y las coláis por una alcantarilla, como en las películas cuando se quieren deshacer de un arma humeante.

Por ahora con esto creo que será suficiente, más adelante veremos hasta dónde están dispuestos los aberchándales a perseguirnos, si van a poner a la unidad científica analizar restos biológicos, los mocos de los niños, las dentaduras postizas rotas de los abuelos, yo qué sé, para ir variando nuestras operativa subversiva. Jotaqué.

¿Para qué vas a poner a la politzia munitxipal a perseguir ladrones, violadores o violentos navajeros, fauna tan en aumento en Irroña, si puedes usarla para mirar los restos de las cáscaras de las naranjas del zumo para el desayuno de inofensivos ciudadanos? Grande alikate Asirón. Aurrera bolie. Tú, a la mierda. Di que sí. Y eso es todo.


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Asirón pone a los municipales a mirar en la basura