• lunes, 19 de enero de 2026
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Opinión / A mí no me líe

Crónica de una muerte anunciada

Por Javier Ancín

Nunca algo lo tuvimos todos tan claro: esto de los trenes no va bien, las señales se multiplican y tarde o temprano se sabía que una tragedia ferroviaria iba a caer.

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque… Eso es lo primero que me vino a la cabeza cuando me enteré de la masacre de viajeros ferroviarios.

Desde la primera línea de esta historia de los trenes en España ya sabíamos, como en Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, que todo iba a terminar mal.

Todos sabíamos que era cuestión de tiempo —de muy poco tiempo— que se produjera un accidente terrible de tren. Hace mucho que, desde usuarios hasta maquinistas, todos los mensajes iban en el mismo sentido: cuidado, que esto no va bien. Es más, cuidado, que hay muchas señales de lo contrario, que esto va muy mal.

Pero, como siempre pasa con lo público, donde nadie al final es responsable de nada de lo que ahí ocurre, no se hizo mucho caso a los avisos.

Ahora el gobierno nos venderá el relato que quiera. Sánchez, a estas alturas de su carrera como escritor, ya solo vende cuentos. Pero desde que entras con tu mochila en una estación de tren hasta que sales en la estación de destino, el responsable último, el que está arriba, es el gobierno.

Como ocurrió el día que dejaron a todo un país sin electricidad, intentarán difuminarlo, hacer que nadie sepa realmente qué ha pasado. Pero pocos se llamarán a engaño con este asunto. Tarde o temprano se sabía que una tragedia ferroviaria iba a caer.

A ambos lados de la trinchera —derecha, izquierda, ateos, creyentes, del Madrid o del Barça, con cebolla o sin cebolla en la tortilla de patatas—, todos cogemos trenes o conocemos a alguien que los coge a menudo. Nunca algo lo tuvimos todos tan claro: esto de los trenes no va bien, las señales se multiplican.

Con el PSOE somos muchos, además, los que sospechamos que nunca nos enteraremos de la causa real de la tragedia. El socialismo, como siempre, va de lo mismo: escurrir el bulto, ponerse de perfil y ganar dinero fácil. Pero esa es otra historia… o quizás sea parte de la misma.

Porque cuando empiezas a mirar un poco, ves que en la trama de Koldo eta amigos, según los informes policiales, donde metieron también mucha mano fue en el tema de los trenes: nombraron altos cargos en ADIF como si no hubiera un mañana. Hasta el propio Koldo fue consejero de RENFE.

Pero todo es casualidad, no trates de insinuar que hay alguna relación entre que hayan llenado la cúpula de los trenes de incompetentes con que haya un accidente, porque eso es rastrero, se apresuran a calificar. Aquí ya no hay ventorros ni insinuaciones machistas; aquí hoy se han puesto esos mismos la camiseta de la dignidad: hace falta ser miserable, te dicen, por señalar lo obvio, que de quién depende todo lo que pasa en el servicio ferroviario es del gobierno.

Todo lo que ocurre en un sistema cerrado como la red de ferrocarriles (y, por cierto, también en la red eléctrica) depende del gobierno. Ahí dentro no se cuela nada ajeno. Todo está sujeto a regulación, inspección y control, desde el tren hasta la infraestructura… se supone.

Y ahí tengo la sospecha de que está el problema, una vez más, en el "se supone". Y eso es todo.

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