• domingo, 21 de julio de 2024
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Opinión / A mí no me líe

Las escaleras que la Eta manchó de sangre y jamás fregó

Por Javier Ancín

Cuando empezó a llegar todo el ruido, me acordé de aquel asesinato etarra que me impactó especialmente –muchos niños en Pamplona, en algún momento, hemos temido quedarnos huérfanos por los hoy socios del Psoe. 

El diputado de EH Bildu, Joseba Asiron saluda a su predecesora en el cargo, Cristina Ibarrola tras proclamarse alcalde de Pamplona. EFE

Qué maravilloso es el ruido, ver cómo surge, cómo asciende, cómo se propaga, cómo lo pringa todo… y poder silenciarlo ni te cuento. Yo ya no escucho el ruido, me largo en cuanto intuyo que puede haberlo.

Estaba en el Londres tomándome un negroni navideño, leyendo un rato en paz, y me han empezado a llegar ecos del ruido, vibraciones mudas, mensajes atronadores sin sonido porque mi oído ya no tolera tanta estridencia.

Se han puesto a desfilar por mi móvil vídeos que me mandaban de Coronalzórriz que miro sin activar el sonido, como veo desde aquí el mar, sin escuchar las olas tras la cristalera. Coronalzórriz muteado es solo un pez payaso boqueando, parece estar comiendo pienso, o lo que coman los bichos esos en los acuarios. Ya lo han llenado todo de ruido. Son unos genios en la izquierda creando ruido. Pringándolo todo de mucho ruido. Que el ruido no te deje escuchar nada, que el ruido lo tape todo. Mucho, mucho ruido; tanto, tanto ruido, que cantaba Sabina.

Es indignante -te avasalla la izquierda vociferando- que alguien haga una comparación con un trabajo sacrificado y duro y mal pagado. Antes que pactar con la Eta me pongo a limpiar escaleras. ¿Dónde estará el clasismo en esa comparación?, pienso. No está, pero hay que hacer que esté a toda costa, para que cuele la ignominia de regalar el ayuntamiento de Irroña al partido de la Eta.

Nunca verás a ninguno de estos muertos de hambre de la izquierda, a Mauleon, por ejemplo, que lleva una vida de rico desde hace décadas, saltando de cargo público en cargo público, viviendo en la zona pija de la comarca, elegir el trabajo duro en vez de pactar con los asesinos de currelas.

Cuando empezó a llegar todo el ruido, me acordé de aquel asesinato etarra que me impactó especialmente –muchos niños en Pamplona, en algún momento, hemos temido quedarnos huérfanos por los hoy socios del Psoe- de la mujer que repartía periódicos por los portales, los rellanos, las escaleras de Pamplona y que despedazaron en la calle Cortes de Navarra los que acaban de acceder al ayuntamiento.

¿Cómo fue aquello?, me he dicho, y he estado leyendo la crónica del atentado en El País. Fue terrible. Los bomberos y policías, cuenta el periódico del Psoe, estuvieron buscando restos humanos hasta en los balcones de los edificios por la violencia de la explosión que pilló de lleno a esa madre de 63 años con 6 hijos.

Toda esa sangre no la limpiaron los socios del PSOE. Toda esa sangre la limpiaron otros currelas para que los señoritos de la Eta pudieran ayer cantar sus canciones sanguinarias y agitar las banderas de sus asesinos, con jabalí feliz en la ventana del ayuntamiento disfrutando del espectáculo siniestro de la plaza consistorial.

La eta para esto mató. Para lo que acaba de ocurrir llenó de sangre rellanos y portales y aceras que nunca limpiaron, otros tuvieron que fregarlas, que retirar los restos humanos esparcidos, para que el Psoe un día les hiciera sus socios y les regalara el ayuntamiento de la capital de Navarra.

El partido del Gal y de la Eta de la mano, dejando un reguero de vísceras y sangre en las escaleras del poder. A ver quién limpia luego toda esta carnicería inmoral de los pactos del PSOE con Bildu. Y eso es todo.


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Las escaleras que la Eta manchó de sangre y jamás fregó