• sábado, 13 de julio de 2024
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Opinión / A mí no me líe

Las mentiras de Sánchez para sus votantes son la verdad

Por Javier Ancín

"Lo único que le preocupa de la amnistía es que tú creas, que se quede impregnado en tu cerebro cuando la evoques que fue aprobada por el bien de la convivencia. Todo lo que vimos que sucedió, dando un golpe de estado con una violencia en las calles salvaje, con unos disturbios que no mataron a algún funcionario público de milagro, ha sido borrado. No ha existido y quien diga lo contrario, mentirá, o lo que es peor, será un fascista que no quiere la convivencia, la paz".

Manifestación independentista y altercados en las calles de Barcelona en el contexto del 'Proces'. EUROPAPRESS
Manifestación independentista y altercados en las calles de Barcelona en el contexto del 'Proces'. EUROPAPRESS

A la izquierda hace mucho, quizás desde siempre, no le interesa la realidad. Lo que le interesa a la izquierda es eso que llamamos relato. Por eso tiene tanta obsesión con que solo ellos puedan hacer memoria, hacer historia, memoria histórica, que nada tiene que ver ni con la historia ni con la memoria. ¿Quién recuerda los bombardeos de Pamplona por parte de la aviación republicana contra población civil, sin valor alguno estratégico ni militar, solo por asesinar a personas inocentes, durante la guerra civil?

Nadie, porque no interesa para su relato. ¿Y qué es el relato? Pues eso que construimos, por ejemplo, un domingo de resaca entre todos los que participamos de la juerga de la noche pasada: una historia que creamos con pizcas de distorsión, ficción, fantasía, deseo, imaginación, obviando unas partes, promocionando otras, que a partir de entonces llamamos recuerdo.

¿Es eso la realidad? No, claro, es imposible que esa narración sea la realidad porque la realidad no la podemos recordar de la borrachera colectiva que llevábamos, pero si nos la creemos entre todos, opera igual que si lo fuera. Yo nunca saqué aquella ronda de chupitos finales ni el colega ese se lió con aquella rubia que estaba tan buena, pero así ha quedado para los restos el viaje de verano que hicimos a la playa hace ya 30 años.

Esto que en un grupo de amigos es algo completamente inocente, no tiene más utilidad que echar unas risas al hablar del tema -cuando recordamos-, se convierte en algo perverso si el fin de fijar un relato determinado es el poder, su consecución, su mantenimiento, que es lo que hace la izquierda. A Sánchez la verdad le da igual, por eso miente a todos, con todo, todo el rato. Lo que le interesa es el relato que se pose en la conciencia comunitaria, la trama que la gente evoque -lo volveremos a llamar recuerdo- cuando piense en todo aquello.

Si lo consigue, eso cuando solidifica es más rocoso que el mármol, no hay forma de variarlo. Aún hoy, cuando dices que la mítica frase de Casablanca, “tócala otra vez, Sam”, nunca fue pronunciada en la peli, muchos te miran como si les estuvieras engañando, como si no tuvieras ni puñetera idea de cine. Es más fácil destruir un átomo que romper un prejuicio, que decía, a saber si lo dijo, Einstein. Eso Sánchez lo sabe, por eso no se esfuerza en actuar con rectitud, él siempre actúa guiado por su interés personal, mantener el poder a toda costa, donde se afana es en que fijes que lo que hizo o bien no lo hizo o bien fue por un motivo superior.

Centrémonos en la ley de Amnistía, la que nos aseguró y nos juró y nos perjuró en las elecciones de hace menos de un año que nunca iba a aprobar, y que al final, como la necesitaba para mantenerse en el poder, ha salido adelante este jueves. Lo único que le preocupa de ella es que tú creas, se quede impregnado en tu cerebro cuando la evoques, que fue aprobada por el bien de la convivencia. ¿Qué convivencia? ¿La de que la violada tenga que olvidar que el violador la violó? Todo lo que vimos que sucedió, que desde el poder quisieron despojar de derechos a los ciudadanos, dando un golpe de estado con una violencia en las calles salvaje, con unos disturbios que no mataron a algún funcionario público de milagro, ha sido borrado. No ha existido y quien diga lo contrario, mentirá, o lo que es peor, será un fascista que no quiere la convivencia, la paz, esas grandes palabras que como nos enseñó Orwell en 1984, en manos de mandatarios sin escrúpulos como es Sánchez y su PSOE, no significan más que la guerra. Y eso es todo.


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