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Opinión / A mí no me líe

El ocaso de Pablo Iglesias

Por Javier Ancín

Pablo Iglesias que se creía el rey, el irreemplazable ideólogo de la revolución -ya no hace falta ni que esté en las cosas del día a día, tan prosaicas y aburridas, que desde mi trono aquí arriba lo controlo todo-, ha muerto. Ay, pardillo con coleta, que creías que después de engatusar a cuatro jovencitas podías hacer lo mismo con las maduritas, regalándole con tu dedo de señoro designador, para ver si tocabas pelo, la candidatura a presidenta por Podemos.

GRA166. MADRID, 30/03/2016.- El líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante la rueda de prensa que ha ofrecido hoy tras la reunión con el líder del PSOE, Pedro Sánchez, en la que ha dicho que está dispuesto a reunirse con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, para pedirle su apoyo, "activo o pasivo" -con voto positivo o abstención-, para un gobierno de cambio que "desaloje" al PP del poder. EFE/Juan Carlos Hidalgo

En marzo ha mayeado, que llegó la primavera como un cañonazo hortera de confeti de boda, y en abril va camino de traer aguas mil. Estarán contentos los tristes apocalípticos del cambio climático con este frío húmedo, que se les veía agobiados con los 20ºC de hace un mes y ya estaban pintando mapas de un rojo casi negro, para alertarnos del peligro de que en primavera la primavera hubiera venido. No hay refrán por ahora que no se haya cumplido y si en mayo marcea, ya estaremos toda la tradición al completo, puntual a su cita.

Es lunes y hay que hablar del tiempo en el ascensor con los vecinos. ¿De qué vas a hablar si no, de la aburrida y empalagosa Yolanda Díaz, pijaza sobrevenida, y de cómo ha apuñalado a Pablo Iglesias para crear, bajo el paraguas de Sánchez, un PSOE marca blanca, una extrema izquierda aún más domesticada de lo que ya lo estaba Podemos?

Da cosilla siempre ver un cadaver, aunque sea el de un ser tan tóxico y despreciable, tan machirulo, tan de marcar paquete, invitando a la ingenua de turno a refrescarse con él en el baño o azotando traseros femeninos hasta hacerlos sangrar, como el del Chepas.

Pablo Iglesias que se creía el rey, el irreemplazable ideólogo de la revolución -ya no hace falta ni que esté en las cosas del día a día, tan prosaicas y aburridas, que desde mi trono aquí arriba lo controlo todo-, ha muerto. Ay, pardillo con coleta, que creías que después de engatusar a cuatro jovencitas podías hacer lo mismo con las maduritas, regalándole con tu dedo de señoro designador, para ver si tocabas pelo, la candidatura a presidenta por Podemos. Todo esto lo explica muy bien la teoría de la erótica del poder que has comprado como verdadera, Pablete, pero que te ha fallado también, como todas tus anteriores majaderas ideas.

Llega un día que dejas de hacer gracia, a todos nos pasa, de golpe. Se precipitan los acontecimientos, los castillos de naipes se derrumban, y ya solo eres un muerto que no sabe que ya está liquidado. Pero si hace un segundo estaba vivo, más vivo que nunca, se estará ahora diciendo el Pableras frente al espejo. Y un segundo después mueres, como todos los muertos. Es lo que hay. A ver si lo asumes ya.

Y solo queda la desbandada, claro. Menudo espectáculo, el de correr como pollos sin cabeza los que aspiran a tener sueldo también en el nuevo artefacto, que el viejo ya huele a putrefacción y nadie quiere irse a pique, sal-pique, sin tener bien asegurado el riñón para seguir viviendo del cuento, del de la criada y sobre todo del de la lechera.

Cuando nos votéis, ahora sí, no como estos últimos cuatro años que llevamos en el gobierno, con vicepresidencias y ministerios, os vamos a hacer felices. Que sí, que está vez es verdad de la buena, créeme. Tú vota y dentro de cuatro años, cuando no te hayamos solucionado ninguno de tus problemas ni laborales ni económicos, nos vuelves a votar porque volverá a ser la buena esa, la que aún está por llegar, la definitiva. Y si no, pues habrás ayudado a que paremos al fascismo cavando trincheras en forma de piscinas en chaletes con jardín para que corran los niños, que ya solo tienen niños, a punta pala, los dirigentes de esta nueva izquierda. Para la pringada que vota están reservados los abortos y gatos.

Qué formas de quitarse la chaqueta a la carrera para enfundarse la nueva, palpando en el bolsillo interior la cartera que esperan seguir llenando de billetes de los gordos. Para los dirigentes rojos tender puentes es coleccionar los que salen en los reversos de los billetes de euros. Es decir, Sumar, a ser posible un buen fajo. Y eso es todo.


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El ocaso de Pablo Iglesias