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Opinión / Tribuna

Juan Velarde Fuertes, mi rector

Por José Ignacio Palacios Zuasti

Ahora, en el momento de su muerte, son muchas las cosas que se pueden destacar de esa vida tan longeva, intensa y fecunda que ha tenido pero, para mí, el profesor Juan Velarde Fuertes, siempre será mi rector.

El profesor Velarde Fuentes en una imagen tomada el 31 de agosto de 1974, después de la clausura de los Cursos de Verano de la Universidad de La Rábida.
El profesor Velarde Fuentes junto a un grupo de alumnos en una imagen tomada el 31 de agosto de 1974, después de la clausura de los Cursos de Verano de la Universidad de La Rábida.

Porque en esa faceta de rector fue como le conocí y traté en la Universidad Hispanoamericana de Santa María de La Rábida, en Huelva, en el mes de agosto de 1974, en un momento en el que en este país se barruntaba el cambio que estaba a punto de llegar pues, unos meses antes, había sido asesinado el presidente Carrero Blanco y su sucesor, Arias Navarro había presentado lo que se llamó el Espíritu del 12 de febrero.

Además, en la vecina Portugal, se había producido el golpe de Estado que derrocó a Oliveira Salazar y a Marcelo Caetano y, aquí, en España, desde el 19 de julio, el Príncipe don Juan Carlos había asumido la jefatura del Estado a causa de la enfermedad y hospitalización de Francisco Franco y, como nota de modernidad, en el Consejo de Ministros que se celebró el 9 de ese mes de agosto, presidido por el Príncipe, por primera vez hubo ceniceros sobre el tapete, pues Franco no permitía fumar durante las reuniones.

El profesor Velarde había tomado el timón de esa Universidad pocos meses antes y con él ésta, que tenía ya un tercio de siglo de vida, inició una nueva etapa en la que se planteó un curso novedoso de «Humanismo y Comunidad», con el que pretendió realizar una inmersión en las diversas ciencias humanas, desde la Antropología filosófica a la Geografía, la Economía o el Derecho, pasando por la Teología y todo lo relativo a la Defensa Nacional, fomentando las mesas redondas y el debate, entre alumnos de distintas Facultades y Escuelas procedentes de toda la geografía española, que ya teníamos metido dentro el gusanillo de la política. 45 fuimos los alumnos que en él participamos, todos con poco más de veinte años, que pertenecíamos a facultades de Biología, Derecho, Económicas, Filosofía y Letras, Físicas, Historia, Medicina, Políticas, Psicología, Químicas y Veterinaria, así como a Escuelas de Ingeniería, Agrónomos, Industriales, Navales y Telecomunicaciones, de diversas universidades españoles.

Allá nos encontramos andaluces, aragoneses, asturianos, canarios, cántabros, castellanos de ambas Castillas, la Vieja y la Nueva, como entonces se decía, catalanes, gallegos, mallorquines, madrileños, murcianos, navarros, valencianos y vascos, que durante cuatro semanas, entre el 5 y el 31 de agosto, tuvimos una intensa convivencia, no ya sólo en las conferencias que nos impartieron personajes de la categoría, por citar sólo a algunos de ellos, de Manuel Clavero Arévalo, Manuel Lora Tamayo, Enrique Fuentes Quintana, Federico Mayor Zaragoza, Fernando Sebastián Aguilar, Olegario González de Carderal, Joaquín Pérez Villanueva, general Jesús González del Yerro, Rodrigo Fernández-Carbajal González que, además, era vicerrector, o el propio Juan Velarde Fuertes que, a sus 47 años, estaba en la plenitud de la vida y era un hombre omnipresente en todas las actividades que realizábamos, no sólo las académicas, sino en las actuaciones lúdicas y en las visitas culturales. Esas cuatro semanas fueron una experiencia única que yo creo que todos los que la vivimos, a pesar de que han pasado ya casi 50 años, no la olvidaremos jamás.

En esa nueva etapa de esa Universidad «de verano» se siguió celebrando, también, un Curso que en ella era ya tradicional: el de «Americanismo». Cosa lógica, por estar anclada donde lo estuvieron las tres carabelas y ser ese lugar la última imagen de Occidente que se llevaron los conquistadores y pobladores que partieron para América. A este asistían, también, profesores y alumnos de ambos lados del Atlántico. Y lo que resulta sorprendente y demuestra la visión de futuro del profesor Velarde, es que en ese momento, año 1974, cuando nadie hablaba de la emergencia climática, ni de la Agenda 2030, se celebrara, también, un Curso de «Ecología» que se presentó como «un cruce de caminos en el que se citan casi todas las ciencias naturales y humanas, puesto que casi todas apuntan algo a la solución del gran problema de construir un mundo habitable, en el que coexistan armónicamente los diversos ecosistemas y quede asegurado el ambiente natural. No hay que ser profetas para prever el gran futuro reservado a esta ciencia de síntesis».

Cuando el 31 de agosto se clausuró el Curso, acto al que asistió el ministro de Educación, Cruz Martínez Esteruelas, todos, profesores y alumnos, nos despedimos con pena y buen sabor de boca y volvimos a nuestros respectivos lugares de procedencia para seguir con nuestros quehaceres. Después, y como suele suceder en estos casos, con muy pocos de esos compañeros me he vuelto a reencontrar. Con el que sí he estado en varias ocasiones es con el profesor Velarde, con el que hemos recordado con nostalgia esos días. De él guardo un libro que nos envió unos meses más tarde, como recuerdo de nuestra estancia en tierras onubenses, que iba acompañado de una cariñosa carta. Era la Segunda Antolojia (sic) Poética de Juan Ramón Jiménez que ahora hojeo en homenaje al rector que acaba de fallecer.


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Juan Velarde Fuertes, mi rector