“Navarra será lo que los navarros quieran que sea y nuestro problema no es la TRANSITORIA sino que seamos capaces de convencer a las nuevas generaciones de que Navarra no puede quedar reducida a una provincia más de Euskadi”
El título de este escrito podría llevar a engaño, ya que no me refiero a la alta siniestralidad del tránsito viario en Navarra —en 2025 se produjeron casi medio centenar de fallecidos en nuestras carreteras, duplicando la cifra del ejercicio anterior—, una triste y dolorosa coyuntura, y donde quizás pueda tener su influencia el deplorable estado del firme o la capa de rodadura de gran parte de la red viaria foral.
Pero no, mi escrito trata sobre la Disposición Transitoria Cuarta (en adelante, “La Transitoria”) de la Carta Magna española de 1978. Esta norma nació envuelta en la controversia. Aunque fue aprobada por una gran mayoría en Navarra (75,7% de votos a favor frente a un 16,9% en contra, y una participación del 66,65 %), fue también una de las causas, si no la principal, que dio origen a la creación de UPN el 3 de enero de 1979.
Es reseñable la fundamentada defensa que siempre ha hecho de la Transitoria J. I. del Burgo, presidente de la Diputación Foral en aquella época.
Ya en 1983, el libro Estudio sobre la extinción de la Transitoria Cuarta, del abogado y diputado de UPN Fernando Medrano, recogía opiniones de varios letrados y expertos, cuyo resumen ofrecía en la contraportada de la publicación el catedrático pitillés, J. Antonio Sagardoy: “la razón jurídica indica que ‘La Transitoria’, como norma intertemporal, perdió su vigencia con la aprobación de la LORAFNA (Ley 13/82)”.
Dando un salto en el tiempo, siguiendo con este “tránsito” de la dichosa Transitoria (según V. M. Arbeloa viene de “dicha”), he querido rescatar como muestra de estas divergencias algunas significativas firmas y opiniones políticas, publicadas en varios medios, que han marcado el debate en la última década.
Rafael Berro Uriz (06/12/17) o UPN-PP (19/09/18) y Ana Beltrán (PPN, 25/09/18), posicionándose claramente a favor de eliminar la Transitoria, que ya no tiene lugar en el marco actual.
Geroa Bai (27/09/18), a través de sus portavoces, sosteniendo que derogarla supondría quitar capacidad de decisión a la ciudadanía navarra.
O la de dos fallecidos históricos regionalistas: José Javier Viñés (12/12/18), “un contrafuero que atenta al estatus jurídico e histórico de Navarra”, y Javier Gómara (03/01/2019), “la Transitoria no tiene sentido. Ha caducado”.
Y un artículo, hace unos días, de la presidenta de UPN, “cerrar la puerta para que Navarra nunca deje de ser Navarra”, no puede ser una imagen más clara del objetivo a conseguir, aunque en el partido regionalista siempre han estado presentes diferencias al respecto, y cuando se tuvo la ocasión PP-UPN no llevaron a cabo la derogación.
Por otra parte, no me pareció por parte de UPN optar por el momento más propicio para sacar la cuestión a colación y conseguir el objetivo, dada la actual composición del Congreso. Sin embargo, sí ha servido para remover conciencias frente a la estratégica abstención de la franquicia del PS en Navarra, que califica la propuesta de UPN al Congreso de “chapuza jurídica” y acusa de desorientación a UPN, resultando su postura un tanto sospechosa de cara al futuro de NAVARRA.
Y como colofón de estas opiniones quiero destacar el significativo párrafo de un reciente artículo de J. I. del Burgo, publicado en este medio, titulado Transitoria cuarta: un debate estéril, que dice: “Navarra será lo que los navarros quieran que sea y nuestro problema no es la TRANSITORIA sino que seamos capaces de convencer a las nuevas generaciones de que Navarra no puede quedar reducida a una provincia más de Euskadi, sujeta a la voluntad del Parlamento y del Gobierno vascos”.
Como final me tomo la libertad, una osadía, de trasladar mis dudas sobre el incierto tránsito de esta TRANSITORIA, sea para su derogación o, en su caso, implementación:
Dudo de la posibilidad de una derogación, según el art. 167 de la C. E., dada la composición del Congreso actual y la dificultad de obtener la mayoría cualificada requerida.
La curiosa paradoja de quienes apelan a la “libertad” de los navarros a elegir y nos ponen una señal de dirección obligatoria: Euskadi sí o no. “Libertad condicional”.
La complejidad técnica de un referéndum: ¿cómo se fijarían el quórum y la participación? Especialmente preocupante es la influencia del incremento del censo electoral según las medidas que está adoptando el Gobierno central.
Considero, en su caso, la integración como un tránsito o paso irreversible; una vez que se produjera, no se podría volver a la anterior situación.
JOSE LUIS DIEZ DIAZ -Funcionario jubilado-