Nunca unas generales se presentaron rodeadas de tantas incertidumbres como en esta ocasión. Cualquiera de las cuatro principales opciones puede alzarse con unos resultados que le permitan negociar su elevación a La Moncloa. Acaban de celebrarse en Portugal las generales y tampoco allí se ven las cosas muy claras, naturalmente por la eterna división de la izquierda, pero sí un poquito más claras que aquí. En este desdichado país -España- nos dedicamos de lleno a esa división, hasta el extremo incomprensible de que ni siquiera IU y Podemos se entienden para acudir juntos a los comicios, y no digo ya de la situación del tema desde la perspectiva del PSOE. Y eso que el partido de Pedro Sánchez ya se bautizó en las aguas del Jordán de la izquierda, como demuestran las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos -la ciudad de Madrid y otras muy importantes y comunidades como Valencia, Aragón, Extremadura...- donde ambos partidos confluyeron poselectoralmente para facilitar uno el gobierno del otro.
Pero a lo mejor es que no es lo mismo confluir en las elecciones que después de ellas, con lo que me están diciendo que fueron divididos innecesariamente a las urnas, pues para acabar juntos digo yo que será mejor ir juntos y no regalar así bazas de la ley d*Hondt a la derecha desde la izquierda. Pero en fin, me parece que todavía es mucho peor eso de no entenderse entre Podemos e IU, con algunos otros grupos alrededor. Qué risa me da ver a Alberto Garzón y a Pablo Iglesias en riesgo de encabezar candidaturas enfrentadas. A ver si se percatan de algo tan elemental como el riesgo de regalar el triunfo a PP y Ciudadanos para entre los dos hacer posible la continuidad de Rajoy al frente del Gobierno de la nación. A mí que no me vengan luego con lamentos ni con explicaciones escatológicas, por favor, que imbecilidades las justas. Claro que, por otra parte, también tendría su gracia ver gobernar aquí a otro Passos Coelho que garantizase la continuidad de la obediencia ciega a la Troika, a la Merkel y a la Bruselas. Dos meses y medio divertidísimos si no fueran escandalosamente escatologiquísimos. Venga, un poquitín de paciencia y ya está.