UPN y Partido Popular van a negociar una coalición para concurrir juntos a las elecciones generales del próximo 29 de noviembre, pero el acuerdo está todavía lejos de cerrarse. Las dos formaciones comparten la voluntad de explorar una candidatura común, aunque afrontan varios asuntos de suficiente importancia como para complicar o incluso hacer descarrilar las conversaciones si no consiguen acercar posiciones.
Sobre la mesa aparecen al menos cuatro cuestiones fundamentales: la posición que ocupará cada partido en las listas, los nombres concretos de los candidatos, la posibilidad de ampliar el pacto a las elecciones forales y municipales de mayo de 2027 y el interés de UPN de que su representante pueda integrarse posteriormente en el Grupo Mixto para mantener voz propia en Madrid.
Uno de los primeros asuntos que deberán resolver afecta al orden de las candidaturas. Fuentes del Partido Popular consideran que el número uno al Congreso debería corresponder al PP, utilizando como argumento que fue la formación más votada de las dos en las elecciones generales de 2023.
Los populares obtuvieron entonces 57.134 votos, frente a los 52.188 de UPN. Cada formación logró un diputado. Desde esa posición, el PP entiende que debería encabezar una eventual lista conjunta, mientras UPN ocuparía el segundo puesto de salida.
Más allá del orden de las siglas, ambos partidos tendrán que decidir quiénes integrarán realmente las candidaturas. El acuerdo no se limita al Congreso, ya que también deberán pactar los nombres y el reparto de los puestos correspondientes al Senado, con tres puestos en liza.
Esta negociación personal, tras el duro episodio vivido con la salida de Sergio Sayas y Carlos García Adanero de UPN hacia el PP puede resultar especialmente sensible. Aquella disputa se libró con Javier Esparza de presidente de UPN, uno de los nombres que ahora suenan para poder concurrir en las listas.
EL GRAN DEBATE: QUÉ OCURRIRÁ EN MAYO DE 2027
La diferencia de mayor calado, sin embargo, aparece en el horizonte de las próximas elecciones autonómicas y municipales. UPN quiere centrar inicialmente el acuerdo en las generales del 29 de noviembre, mientras que desde el PP existe voluntad de explorar un entendimiento de mayor recorrido que pueda extenderse también a mayo de 2027.
En el Partido Popular consideran que tendría difícil explicación concurrir juntos ahora y volver a enfrentarse electoralmente apenas seis meses después. UPN, en cambio, quiere conservar mayor margen de maniobra política en Navarra y evitar quedar condicionado de antemano para futuros pactos o acuerdos institucionales.
El cuarto gran punto de la negociación afecta a la posición que tendría UPN una vez celebradas las elecciones. Los regionalistas quieren que su diputado pueda pasar posteriormente al Grupo Mixto, una fórmula que les permitiría concurrir conjuntamente con el PP pero mantener una voz diferenciada en el Congreso.
Este movimiento tendría un carácter estratégico para UPN. El partido quiere evitar quedar completamente integrado en el Grupo Popular y conservar capacidad propia de intervención parlamentaria, tanto en el Congreso como en el conjunto de las Cortes.
Esa autonomía posterior no impediría que el pacto electoral incluyera compromisos políticos comunes. Entre ellos estaría el respaldo de UPN a una eventual investidura de Alberto Núñez Feijóo, además de garantías sobre determinadas votaciones relevantes durante la legislatura.
El objetivo común de ambas formaciones es contribuir a un cambio de Gobierno en España después del intento fallido de 2023, cuando Pedro Sánchez logró mantenerse en La Moncloa pese a la victoria nacional del Partido Popular.
EL SENADO REFUERZA EL INTERÉS POR IR JUNTOS
La candidatura conjunta tiene especial importancia en el Senado. En las elecciones de 2023, el PSOE consiguió tres de los cuatro senadores elegidos por Navarra, mientras UPN obtuvo uno y el PP ninguno.
Con los votos alcanzados por ambas formaciones entonces, UPN y PP juntos habrían conseguido tres senadores. La concentración del voto convierte por ello esta Cámara en uno de los argumentos más potentes a favor de recuperar una candidatura común.
En el Congreso, UPN y PP sumaron en 2023 109.322 votos. Con exactamente esos resultados, una candidatura conjunta habría obtenido también dos diputados, los mismos que consiguieron por separado.
La coalición serviría, por tanto, para proteger esa representación frente a posibles movimientos internos del voto del centroderecha y evitar que la competencia entre PP, UPN y Vox pudiera perjudicar a alguno de los dos partidos.
UPN AFRONTA UN RIESGO MAYOR SI VA EN SOLITARIO
Ese riesgo afecta especialmente a UPN. Las elecciones generales se votan principalmente en clave nacional y una campaña muy polarizada entre Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal podría favorecer la concentración de una parte del electorado en las marcas nacionales.
UPN obtuvo 52.188 votos en 2023, mientras el PP alcanzó 57.134 y Vox se quedó en 19.491. Un crecimiento importante de Vox y una mayor movilización popular podrían alterar ese equilibrio y poner en riesgo el escaño regionalista si los tres partidos concurren por separado, aunque es un escenario complicado por la fuerte implantación de UPN en Navarra.
IBARROLA Y SAYAS TIENEN AHORA LA NEGOCIACIÓN EN SUS MANOS
Las conversaciones quedan principalmente en manos de la presidenta de UPN, Cristina Ibarrola, y del presidente de la gestora del Partido Popular de Navarra, Sergio Sayas. Ambos partidos han abierto ya la puerta a negociar una fórmula conjunta.
La dirección de UPN ha considerado adecuado explorar el acuerdo, mientras Sayas ha mostrado públicamente su disposición a concurrir junto a los regionalistas. En el caso del PP, cualquier pacto deberá contar además con el respaldo de la dirección nacional.
La coalición, por tanto, no depende únicamente de decidir si UPN y PP quieren aparecer en la misma papeleta. El reparto de posiciones, los candidatos, el futuro del pacto en mayo de 2027 y la presencia de UPN en el Grupo Mixto son cuestiones centrales que todavía deben resolverse.
Ambos partidos tienen incentivos electorales claros para recuperar una fórmula que utilizaron durante décadas. Pero también existen diferencias políticas suficientes como para que la negociación requiera algo más que un simple reparto de puestos. De cómo resuelvan esos cuatro asuntos dependerá que la coalición llegue finalmente a las urnas el próximo 29 de noviembre.