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Blog / Cartas al director

40 años de tres trágicos atentados de ETA en Navarra

Por La voz de los lectores

Carta enviada por la Junta directiva de Anvite (Pilar Ollo Luri, Julio Vidaurre Ruiz, Mª Paz Prieto Sáenz de Tejada, José Ignacio Toca López de Torre, Luis Álvarez Atarés, María José Moral García).

Homenaje al general Juan Atarés, asesinado por ETA en 1985 en la Vuelta del Castillo de Pamplona. PABLO LASAOSA
Imagen de archivo de un homenaje a víctimas de ETA. PABLO LASAOSA

Cuarenta años pueden ser muchos o pocos, según se mire. Según para qué y, sobre todo, según para quién. Para las familias de Jesús Alcocer, Juan José Visiedo y Tomás Palacín seguramente cuatro décadas son un mundo; pero, a la vez, cada uno de esos 14.610 días que separan este 13 de abril y el de 1984 han sido y son eternos. Aquél día también fue de los más largos que ha vivido Navarra y, posiblemente, el más negro por el triple asesinato a manos de la banda terrorista ETA.

Largo viernes que amaneció tiñendo de sangre Mercairuña. Jesús Alcocer -comandante del Ejército retirado- acudió al mercado mayorista como tantas veces a comprar género para sus supermercados. No llegó a cruzar el umbral de la puerta. Dos pistoleros le dispararon en la cabeza lo que provocó en el acto la muerte de Alcocer. Esa inmediatez se tornó en eternidad cuando el cuerpo sin vida del comerciante permaneció más de 90 minutos tendido en el suelo hasta que el juez ordenó su levantamiento.

Pero en menos tiempo, tras huir los etarras en un coche conducido por un cómplice, se identificó y localizó el vehículo en la Vaguada, a tres kilómetros del crimen de Alcocer. Apenas 45 minutos fueron suficientes. Lo que no se imaginaban el cabo primero Tomás Palacín y el policía nacional Juan José Visiedo era la terrible y trágica sorpresa que les esperaba en forma de 15 kilos de goma2 en el interior del coche. La etarra Mercedes Galdós detonó la bomba que causó la muerte en el acto de ambos. Otra vez el tiempo fue efímero.

Y de aquello han pasado 40 años: aquél viernes sangriento con tres asesinados por ETA en la misma mañana que muchos no podríamos olvidar aunque quisiésemos. Pero también habrá muchos que hayan olvidado por distintos motivos. Y quizá más que ni habían nacido o no eran conscientes de lo que ocurría. Por todos, sin distinción, queremos recordar lo que el paso del tiempo no podrá borrar por mucho que algunos se empeñen.

Por esto, según interese, esos cuarenta años pueden ser muchos o pocos. Quienes quieren olvidar y sitúan en la lejanía aquellos años de plomo no pueden obviar qué implicó para la sociedad aquella época sangrienta representada hoy en los nombres de Jesús Alcocer, Juan José Visiedo y Tomás Palacín. No es el olvido de quienes apretaron el gatillo aquél 13 de abril el que pretenderíamos remover. Eso es imposible. Pero hay otros que en su día avivaban la memoria y el recuerdo y hoy han entrado en el juego a cambio de poder. Que incluso restan importancia en pos de su ambición.

La historia recogerá no sólo los terribles e injustificables episodios sangrientos. También señalará que quienes nunca condenaron dichos actos fueron ganando peso en las instituciones. Y contará que fue a costa de muchos vecinos inocentes. Y gracias a unos compañeros de viaje que hace esos cuarenta años era inimaginable que se apuntasen a su relato. Con un giro de 180 grados, el Partido Socialista pasó del bando de quienes levantaban cadáveres y lloraban a sus muertos a entregar la alcaldía de Pamplona al brazo político de sus verdugos, como ocurrió el pasado 28 de diciembre.

Pues igual 40 años si han sido muchos años, suficientes como para que olviden lo que hicieron sufrir a una sociedad y, particularmente, a muchos socialistas.

Los años seguirán pasando y dejarán atrás esas cuatro décadas. No podemos permitir que la indiferencia se apropie de lo que ocurrió durante años en España. Nos tacharán de pesados, de no querer pasar página. Porque no se puede avanzar en la historia cerrándola en falso. Debemos aprender de lo ocurrido para no cometer en el futuro los mismos errores. Y eso pasa por contar la verdad de lo sucedido y aplicar la justicia sin fisuras para mantener la dignidad de las víctimas que no pueden caer jamás en el olvido.

Carta enviada por la Junta directiva de Anvite (Pilar Ollo Luri, Julio Vidaurre Ruiz, Mª Paz Prieto Sáenz de Tejada, José Ignacio Toca López de Torre, Luis Álvarez Atarés, María José Moral García).

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