• lunes, 26 de enero de 2026
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Opinión /

La brújula de Pedro Sánchez

Por Jaime Ignacio del Burgo

Desde su llegada al poder, Sánchez ha demostrado que para él las ideologías carecen de valor y que gobernar consiste en resistir, aunque sea a costa de pactos que erosionan la Constitución y el interés general.

Pedro Sánchez participa en un mitín reciente. EUROPA PRESS
Pedro Sánchez participa en un mitín reciente. EUROPA PRESS

En su libro Manual de resistencia (2019), Pedro Sánchez cuenta la epopeya de su vuelta en 2017 a la secretaría general del Partido Socialista Obrero Español. También se refiere a la socialdemocracia, término que utiliza como sinónimo de socialismo. Actualmente, los politólogos prestan mucha atención al fenómeno socialdemócrata. Por eso vale la pena recuperar el pensamiento de quien ostenta la presidencia de la Internacional Socialista, cuyos partidos miembros, en su mayor parte, se denominan socialdemócratas.

Pedro Sánchez revela su pensamiento sobre la socialdemocracia. Actualmente se habla mucho de la ideología socialdemócrata. Pero nuestro personaje va más allá, pues se siente investido de una misión mesiánica para liderar tanto en España como en el resto del mundo. Estas son sus principales reflexiones.

Considera que el actual debate sobre la socialdemocracia en el mundo se debe a que “se trata de la única ideología que ha logrado históricamente contener los aspectos más descarnados del capitalismo y por eso a muchos les gustaría que estuviera en crisis”.

“¿Cómo demuestras —se pregunta— que hay diferencias entre que gobierne la socialdemocracia o la derecha? Desde el Gobierno. Con políticas reales es como la gente ve que sus gobernantes apuestan por la sanidad, por la educación… y no diciéndolo. Una de las cosas en que nos hemos equivocado es cuando no hemos cumplido en el Gobierno lo que decíamos en la oposición. De ahí también mi convicción de que debíamos ser firmes en el «no es no». La clave en aquellos tiempos pasaba por cumplir nuestra palabra”. Sin duda, en 2026 no se atrevería a reproducir este pasaje.

La libertad no es prioritaria para Sánchez. La palabra mágica se llama igualdad, como si ambos conceptos no estuvieran indisolublemente unidos: “En este momento de la historia el reto de la socialdemocracia no es reinventarse, no es renunciar a sus ideas de redistribución de la riqueza y del poder, de establecer justicia social, de acabar con la desigualdad”.

Da por muerto el gran proyecto europeo que “se basó en un pacto entre la democracia cristiana y la socialdemocracia. Era un pacto de cohesión social, de redistribución de riqueza. Se ha roto con la crisis financiera global, y la democracia cristiana actual está en otros parámetros”. El ejemplo de Alemania y de los Países Escandinavos desmiente el diagnóstico de Sánchez. Y precisamente la alianza entre ambas corrientes ideológicas es una garantía para el porvenir de la Unión Europea.

Desde su llegada al poder, Sánchez ha demostrado que para él las ideologías carecen de valor. No solo ha construido un muro contra el Partido Popular, sino que ha puesto de manifiesto que sus intereses políticos personales son la brújula de su acción de gobierno. Nunca ha ganado unas elecciones generales. Y para llegar y mantenerse en la Moncloa no vacila en formar gobierno de coalición con los neocomunistas de Podemos y, como eso no basta, en convertir en socios y dar patentes de demócrata a quienes nunca han pedido perdón por sus crímenes y rechazan los pilares de la Constitución de 1978, porque solo anhelan romper la unidad de España y aplastar el pluralismo político.

¿Gobernar es resistir?

El presidente tiene una concepción de la gobernanza muy peculiar. No nos consta que haya leído El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, que utiliza la palabra Príncipe como sinónimo de gobernante. En el capítulo XVIII, titulado en latín Quomodo fides a principibus sit servanda [De qué forma tiene que mantener su palabra un príncipe], Maquiavelo no puede ser más claro: “Por tanto, un señor que actúe con prudencia ni puede ni debe observar la palabra dada cuando vea que volverse en su contra y que no existen ya las razones que motivaron su promesa. Y si todos los hombres fuesen buenos, este precepto no sería justo; pero, puesto que son malvados y no mantendrían su palabra contigo, tú no tienes por qué mantenerla con ellos. Y a un príncipe nunca le han faltado razones legítimas para excusar su inobservancia. De ello se podrían presentar infinitos ejemplos modernos y demostrar cuántas paces y cuántas promesas han sido rotas por la infidelidad de los príncipes”.

Da la impresión de que Pedro Sánchez asume la idea de que el fin justifica los medios, que se atribuye falsamente a los jesuitas. Lo cierto es que su comportamiento político responde a esa idea, porque con tal de mantenerse en el poder no le importa pactar con quienes no tienen otro objetivo que poner fin a lo que llaman despectivamente “régimen de 1978”, bien para implantar el comunismo, conseguir la independencia o ambas cosas.

Lo que sí ha dicho Pedro Sánchez es que “gobernar es resistir”. La frase suele atribuirse a Cánovas del Castillo, pero no hay constancia documental de que la hubiera pronunciado. Quien sí la pronunció fue Juan de la Cierva cuando, al conocer que Alfonso XIII había tomado la decisión de abandonar precipitadamente España, trató de convencerle de lo equivocado de su decisión: “Majestad, gobernar es resistir”. De la Cierva consideraba que no “podía confundir una derrota política [en las elecciones municipales] con una imposibilidad de gobernar. Había que mantener la autoridad del Estado y resistir la presión de la calle y ganar tiempo”. No tuvo éxito.

Ahora bien, en boca de Pedro Sánchez adquiere un significado radicalmente diferente. Para el presidente es imprescindible mantenerse en el poder, aunque sea con un gobierno de minoría permanente que le obliga a pactar con sus socios, con alta fragmentación parlamentaria, y a acceder a sus pretensiones. Esto podrá ser bueno para Sánchez, pero no para España ni para el interés general.

Hay otro adagio latino que también podría estar en la mente de Sánchez. Fue Publio Ovidio Nasón (43 a. C.–17 d. C.) quien, en Heroidas, carta II (Phyllis a Demofonte), introduce el siguiente verso: Exitus acta probat, que literalmente significa “el resultado prueba los actos”. Andando el tiempo se tradujo el verso como “el fin justifica los medios”.

En este caso, el fin no es otro que mantenerse en la Moncloa y los medios, la claudicación humillante ante unos socios muy distantes del pensamiento ideológico del PSOE desde la Transición. Todo esto sin contar que en la Moncloa anida la corrupción, lo que agrava su debilidad.

Muchas de las claudicaciones son inconstitucionales. Por eso Sánchez no va de frente. Desde 2019, la deconstrucción de la Constitución se realiza por vía de hecho. Y aunque los tribunales le intenten poner coto, siempre estará el paraguas de Conde-Pumpido.

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