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Opinión / A mí no me líe

Aquella canción de los Beatles que me cantaba mi madre

Por Javier Ancín

Mi madre es ya una abuelita que apenas oye, y yo se la cantaba luego a grito pelado, a ver si pillaba algo, ese 'Now And Then', que como canción no vale mucho pero que a mí me ha alegrado, de esa forma tan nostálgica que tengo siempre de alegrarme de algunos cosas, siendo consciente de que también se van apagando las luces de una época, como la voz de Paul McCartney.

La primera canción que recuerdo es 'Eleanor rigby', de los Beatles. Tendría yo tres años. Sonaba en la radio de la cocina y mi madre me la tarareaba mientras me secaba el pelo, sentado yo en la mesa, abrigado con la toalla. Luego llegaron las demás. Recuerdo, o creo recordar, que sonaban a todas horas los Beatles en aquella radio.

Por las fechas supongo que coincidió con el asesinato de John Lennon. Y no deberían de ser ni semanas, pero en mi memoria ha quedado así, que en aquella radio solo sonaban los Beatles. A todas horas, todos los días, y mi madre me tarareaba las canciones mientras yo dormitaba con una calma total a la que vuelvo cuando todo va mal.

Que yo sea un ser de lejanías, como el libro de Umbral, un señoro melancólico, estoy convencido de que es por esa primera canción. Si recordara otra seria un tipo completamente diferente. Yo qué sé, 'Space oddity', de David Bowie, que también revolotea por esa época en mi cabeza, sin saber en este caso el motivo, pero no elegimos las cosas, las cosas se nos acercan, nos envuelven y se nos van sin que podamos hacer nada, y a mí me tocó lo que me tocó, la muerte de John Lennon, para empezar mi vida musical.

En el 2004, mi amigo Peio y yo, que vivíamos por entonces en Madrid, nos fuimos al estadio de la Peineta a ver a Paul McCartney. Nos compramos la entrada un poco sin más, porque era un Beatle, supongo, y a un Beatle hay que verlo. Acabó siendo uno de esos momentos mágicos que recuerdas para siempre.

Te pegas la vida persiguiendo instantes y luego los instantes, como las cosas, son ellos los que te eligen, sin que puedas hacer mucho más que disfrutarlos, siendo consciente cuando están sucediendo, y conservarlos para volver una y otra vez, como un refugio, como si fueran estar en casa.

En ese concierto en el que intentamos emborracharnos con cerveza sin alcohol porque no vendían otra cosa en las barras, aún nos descojamos de aquello, fue la primera vez que llamé a alguien con un móvil para compartir una canción en directo. Cuando sonó 'Eleanor rigby', busqué a mi madre en la agenda, grite cuando intuí que había descolgado, ¡mamá, escucha! y subí el brazo con el Nokia al aire.

Ella dice que sí, pero no creo que en aquellos años rudimentarios se oyera mucho, pero si al menos le llegó un eco, algo, una nota reconocible, ya ha merecido la pena sembrar el mundo de postes repetidores de telefonía móvil.

Recordaba todo esto hace unos días en el coche, mientras sonaba esa nueva canción de los Beatles por la radio, tan melancólica como la que me tarareaba ella por primera vez en nuestra cocina de Iturrama.

Mi madre es ya una abuelita que apenas oye, y yo se la cantaba luego a grito pelado, a ver si pillaba algo, ese 'Now And Then', que como canción no vale mucho pero que a mí me ha alegrado, de esa forma tan nostálgica que tengo siempre de alegrarme de algunos cosas, siendo consciente de que también se van apagando las luces de una época, como la voz de Paul McCartney, que ya ha pasado de los ochenta años y cada vez cuesta más reconocer. Hay algo belllo también en el ocaso, en ese ver cómo se pone la vida, tranquilamente, como un sol que cae sobre los tejados de la plaza del Castillo, coloreando el cielo de cien tonos diferentes antes de hacerse de noche. Y eso es todo.


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Aquella canción de los Beatles que me cantaba mi madre