Lo más divertido de los políticos del PSOE de provincias es cómo lo dicen y no lo que dicen, una retahíla de palabras chorra y de lugares comunes que les mandan de la central de Ferraz en forma de argumentario-tedio, y que espolvorean sobre la realidad como aquel chef gilipollas que tiraba sal a los platos haciéndola resbalar por su antebrazo.
Intentar analizar los discursos desde la provincia de políticos de la provincia es lo más deprimente que puede haber en el mundo, pero de algo hay que vivir. Qué le vamos a hacer, a mí me gustaría hacer crítica gastronómica de los restaurantes de tres estrellas Michelin o de los hoteles de cinco en Roma, pero cada uno damos para lo que damos, como Remírez da para lo que da. Jugamos todos en la misma liga, la del extinto Trofeo Boscos. Así que allá vamos.
A Remírez, que por fin empieza a tener la edad que siempre aparentó, lo que más me divierte es verlo hacerse el juvenil delante de la chavalería. Ey, yo soy como vosotros, miradme, con mis pintas de señoro, mis hechuras de señoro, mi lenguaje de señoro, que dice “acojonados” así como para hacerse el guay pensando que va a temblar el misterio. ¿Qué misterio? Como buen socialista, solo se me ocurre el de su cuenta corriente, claro.
A mí me recuerda a aquel desubicado que encontrábamos solo al final de la barra cuando éramos unos críos y que se acercaba a las tías, a las que llamaba “titis”, creyéndose un moderno irresistible. “Socialismo democrático”, soltó ayer. Vete tú a saber qué coño quiere decir más allá de lo obvio: que cuando necesitas recalcar algo es porque no se aprecia en ese algo por sí mismo. Nadie necesita decir que es de día cuando es de día, o que llueve cuando diluvia. O soltar un “París” cuando sale la torre Eiffel en el cine, a tu acompañante, con esa sonrisa estúpida de fingida superioridad intelectual: no te habías dado cuenta, titi, ya vengo yo aquí a explicarte lo que ves, lo que piensas y lo que debes aplaudir.
Es decir, que socialismo y democrático son conceptos que chocan desde el principio de los tiempos ideológicos. O es socialismo o es democrático, que la implantación de la dictadura del proletariado de democracia no tiene ni el nombre. Como aquella República Democrática Alemana, tan socialista ella, que tuvo que crear la policía más represiva de la historia, la Stasi, y levantar un muro para que sus ciudadanos no se pasaran al otro lado.
¿Será esa la democracia cuando Remírez, a punto de reventar de consignas, pide más democracia? Yo qué sé, cualquier día apela al sistema métrico decimal: “necesitamos más sistema métrico decimal”, y se queda igual de ancho. Lo de ancho va con segundas, claro. ¿Cómo no va a ir con segundas si lo está cada vez más?
Le conviene bajarse del coche oficial y pasarse a la bici oficial o al pinrel oficial; desde que sus socios dejaron de matar tampoco va a tener en Pamplona grandes problemas de seguridad, no es ni mujer ni joven ni sube sola de la carpa. Se lo digo de corazón, copón. Cuídese, deje las barras ideológicas de los bares y pásese al deporte y la vida sana. Predique con el ejemplo de una vida de hábitos saludables y deje la palabrería, que la palabrería ya sabemos adónde nos lleva: a mentirle hasta al médico cuando nos pregunta si fumamos. “No, solo dos o tres paquetes al día después de cada comida. Nada más.”
Ah, la impostura, qué cosas tiene: esa sí que acojona, cómo destruye el fondo y la forma de personajes como Remírez.