• jueves, 25 de julio de 2024
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Opinión / A mí no me líe

El gesto

Por Javier Ancín

Son bonitos los gestos, sobre todo porque no sirven para nada. Haces un gesto y oh, ya todo es mejor, seguro, creen los incautos. ¡Ha hecho el gesto!, incluso le aplauden, aunque en realidad no ha mejorado nada. Ni empeorado.

Veo que los mamarrachos parlamentarios del partido de la Eta y aledaños: Podemos, Sumar, Trincar/Trinkar… o como se llame aquí la cosa esa populista de extrema izquierda, se han calzado un pañuelo palestino como gesto, el gesto, un gesto. Y así se han paseado en el escaño y por ese patio de Monipodio que hay en el edificio del parlamento, que es para verlo.

Son bonitos los gestos, sobre todo porque no sirven para nada. Haces un gesto y oh, ya todo es mejor, seguro, creen los incautos. ¡Ha hecho el gesto!, incluso le aplauden, aunque en realidad no ha mejorado nada. Ni empeorado. Ha dejado las cosas en el mismo punto en el que estaban, ajenas al gesto. El gesto como constatación de la impotencia del gesto. El gesto como una pérdida de tiempo mayúscula. El gesto como artilugio con el que tranquilizas a tus bases, sin esfuerzo alguno. Votasteis gestos, tenéis gestos, que decía un celebrado tuit de una no menos célebre tuitera.

Recuerdo en los tiempos escolares, a unos cuantos comprometidos con el ser humano, que les dio por sentarse en el suelo del patio durante el recreo como gesto de solidaridad con no recuerdo ya si era la paz en el mundo o acabar con el hambre.

La cosa duró poco más de lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks. Es decir, menos de una semana. Lo que tardó alguien en sentirse ridículo por la inutilidad del gesto y dejar de poner el culo en el suelo frío. Esa ausencia de gesto, curiosamente, tuvo más repercusión que el gesto, porque el goteo fue incesante, se fueron levantando, hasta que no quedó ninguno realizándolo.

No hay cosa más absurda que un gesto y si lo acompañas con una cara intensita, solemne, ni te cuento. Los gestos son como ese guiri que se pone la faja roja sanferminera sobre la camiseta sacada por fuera, atando un fardo, o con unos vaqueros. Vamos, que chirrían, y si decide anudársela con unas bermudas, ya de forma estruendosa incluso.

En los parlamentarios los gestos irritan, porque se les paga para que se dejen de chorradas. Si quieren contribuir a un mundo mejor, solucionen los problemas que están bajo tu competencia, como son las desorbitadas listas de espera sanitarias de Navarra, por ejemplo, y se dejen de buscar su título de miss o mister universo en lejanos paraísos.

Imagínense llevar un coche al taller, pierde potencia, no sé qué le pasa, comentas… y el mecánico en vez de tratar de averiguar desmontando el motor, subiendo el coche para verlo por abajo con una linterna, esas cosas que hacen los mecánicos, le da por realizar un gesto, el que quieran, agarrarse la oreja derecha con la mano izquierda y la nariz con la mano que le quedaba libre.

-¿Qué hace?- preguntas intrigado.

-Realizo un gesto para denunciar los desperfectos de todos los coches mundiales y que se arreglen cuanto antes.

-Ah. ¿Y ya ha arreglado el mío?

-No, aún no me he puesto, estaba con el gesto, luchando contra todas las averías del planeta.

-Maravilloso.

Y eso es todo.


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El gesto