La novedad ya no es el escándalo, sino la acumulación. No es una tormenta, es una lluvia constante, durante semanas, días, eterna.
La novedad ya no es el escándalo, sino la acumulación. No es una tormenta, es una lluvia constante, durante semanas, días, eterna.
El PSOE nunca decepciona: si no te apaga un país entero, ocasionando ocho muertos por la pérdida de fluido eléctrico, o su deficiente mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias te cuesta la vida en un descarrilamiento evitable, te amaña Sánchez unas elecciones primarias —o dos, o tres, o saber— o te roba hasta la camisa que, diligentemente, en esos vuelos de aviones presidenciales que nadie explica, se llevarán para custodiarla en la República Dominicana.
El sanchismo solo fue de poder y de robar. Desde el minuto uno. Ya lo sabíamos, pero es que ahora lo constatamos. Hemos entrado en una nueva fase. Cada día tenemos nuevas revelaciones, como el plat du jour que dicen los gabachos, el nuevo delito de la jornada de la factoría del PSOE liderada por Sánchez.
La novedad ya no es el escándalo, sino la acumulación. No es una tormenta, es una lluvia constante, durante semanas, días, eterna.
Si el diluvio en Cien años de soledad dura exactamente 4 años, 11 meses y 2 días, nosotros ya llevamos 7 años, 8 meses y 16 días de chaparrón de corrupción con Sánchez de presidente.
Investigaciones abiertas, informes policiales, mensajes que aparecen y nombres que se repiten. Lo que antes se despachaba como caso aislado empieza a revelarse como un sistema. Y lo más llamativo es la naturalidad con la que todo convivía con el discurso oficial de ejemplaridad y regeneración. En mitad de este lodazal de corrupción, Sánchez hablaba hace dos días de rearme moral de su gobierno, como si nada de todo esto fuera con él.
Esto en el votante socialista no tendrá ningún impacto. Mira Aragón: con toda la mierda de corrupción brotándole al PSOE a borbotones, sacó un 25 % de votos. Hay que ser conscientes de ello. Pero las risas que nos vamos a echar viendo los WhatsApp de Koldo van a ser legendarias.
Si por algo se ha caracterizado el votante y simpatizante del PSOE es por no pedir explicaciones a sus dirigentes jamás: les dicen que llueve mientras les mean en la cara y no tienen problema alguno. Ejemplos tienes unos cuantos, pero el cambio de postura de la noche a la mañana que tuvieron con el tema del Sáhara es uno de los que más descojono me produce.
Es maravilloso cómo a los votantes y manifestantes del PSOE, de un día para otro, les quitaron las banderas del Sáhara para sustituírselas por las palestinas y que siguieran con las mismas manifas de siempre para que todo cambiara siguiendo todo igual. ¿Alguien pidió alguna explicación? Ninguno. Siguieron manifestándose contra Eurasia, porque siempre hemos estado en guerra contra Eurasia, fachita, que no nos engañas, al menos desde 1984, y todos felices en este mundo y soma para todos para celebrarlo.
Para los viejunos, es como cuando en la serie de Will Smith, El Príncipe de Bel-Air, nos cambiaron de un día para otro a la tía Viv (una alta y esbelta, la otra, bajita y rechoncha) y nadie dio ninguna explicación y todos actuaron como si nada hubiera ocurrido. Esta es la nueva tía Vivian de siempre. Pues será la nueva tía Vivian de siempre y a callar.
Y así, entre chaparrones eternos y cambios de guion sin explicación, se sigue viendo la telepantalla como si nada. El problema no es que cambien la tía Vivian. El problema es que nadie se levanta del sofá, al menos un ratito, como Winston Smith. Y eso es todo.