• jueves, 18 de julio de 2024
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Opinión / A mí no me líe

No le perdonan que fuera libre

Por Javier Ancín

En realidad a Sánchez Dragó lo que no le perdonaba la izquierda era que Franco lo hubiera encarcelado por antifranquista. Un clásico. Con Tamames, otro encarcelado por la dictadura, les ha pasado últimamente lo mismo.

Fernando Sánchez Dragó
Fernando Sánchez Dragó

Al final el "milenarismo" nos alcanza a todos. Irremediablemente. Parece que puedes librarte, que vas sorteándolo, pero siempre te encuentra y te caza, bajándote de la vida por la vía rápida. Llega el revisor que es la parca y aunque te escondas en mitad de Soria, te pica el billete, para siempre.

A Sánchez Dragó lo recuerdo paseándose en Pamplona por San Fermín con una camiseta negra donde ponía que era el drago, sin tilde, el árbol, el milenario... pero él tampoco llegó a los mil años. A lo que sí llegó es a morirse joven con 86, que no deja de ser un mérito también en en esta vida donde tanto joven es un viejo.

La izquierda se la tenía jurada, dicen que por un literario pasaje sexual con una niña de 13 años en uno de sus libros, la misma izquierda que no tiene problemas con los abusos reales, nada literarios estos, de niñas de la misma edad, tuteladas por maridos de consejeras valencianas rojas investigadas por encubrirlos. La misma izquierda que a la estación de Atocha le pone el nombre de la escritora que se felicitaba por las violaciones de milicianos rojos en la guerra civil. ¿Y esa barbaridad cómo pudo decirla sin que no pasara nada, sin que el feminismo se le echara encima? Las mujeres violadas eran monjas. Ah, vale. Ahora entiendo.

En realidad a Sánchez Dragó lo que no le perdonaba la izquierda era que Franco lo hubiera encarcelado por antifranquista. Un clásico. Con Tamames, otro encarcelado por la dictadura, les ha pasado últimamente lo mismo. Qué sabría Franco sobre los desafectos a su régimen que encarcelaba.

Para la izquierda actual, esos pijos que al mayor peligro que se han visto expuestos es a comer algún yogur caducado, Franco solo enchironaba a personas de derecha, para que 50 años después la izquierda no pudiera llamarles fachas. Así funciona la cabecica averiada de nuestros zurdos contemporáneos: por las celdas franquistas solo pasaron los fachas.

Todo esto no dejaría de tener su coña, por demencial, sino fuera porque esta izquierda hoy controla la memoria histórica por decreto. Ellos deciden lo que es verdad y lo que es mentira de los libros de historia con los que se enseñan en los colegios y, lo que es aún más inquietante, ellos colocan a los disidentes o simplemente a quien se cuestiona esa verdad oficial, en el lado de los fugitivos, en el lado de los que delinquen contra su ley.

A Sánchez Dragó lo leí poco, confieso, no era mi rollo, pero me hizo leer mucho con sus programas de libros en tele. Programas por los que desfilaban sin sectarismo alguno, eso hoy la RTVE de Sánchez es impensable, escritores de derechas, de izquierdas, de centro, de arriba, de abajo, de dentro, de fuera y medio pensionistas. Ni eso le reconocen.

Yo voy a echarlo mucho de menos como animal radiofónico, en tertulias de pelaje siempre cultural, y como referente de persona libre, persona que decía lo que le salía de los huevos en cada oportunidad de micrófono que le daban sin importarle lo más mínimo las consecuencias. Y eso es todo.


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