• lunes, 02 de marzo de 2026
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Opinión / Tribuna

Apremiante necesidad de auténticos políticos

Por José Luis Díez Díaz

Es apremiante, en esta coyuntura, la necesidad de auténticos políticos, capaces de anteponer el bien común a su interés o brillo personal, “desarmando” el lenguaje y fomentando el pacto con aquellas formaciones con las que les une mucho más de lo que les separa.

José Mari Aierdi, José Luis Arasti, la presidenta María Chivite, Begoña Alfaro y Fernando Domínguez, en su llegada al Parlamento de Navarra con motivo del debate del Estado de la Comunidad. Pablo Lasaosa
José Mari Aierdi, José Luis Arasti, la presidenta María Chivite, Begoña Alfaro y Fernando Domínguez, en su llegada al Parlamento de Navarra con motivo del debate del Estado de la Comunidad. Pablo Lasaosa

Estamos inmersos en una fase de desencanto profundo hacia los políticos o la clase política en general. Parece que solo percibimos, escuchamos o leemos, y con cierto morbo, cómo se insultan o descalifican, y el “tú más”, incluso convirtiendo las sedes parlamentarias en graderíos de un espectáculo deportivo, con aplausos, pataleos y abucheos.

El reciente mensaje de una autoridad moral y religiosa, al menos para los cristianos, el Papa León XIV, con motivo del comienzo de la Cuaresma, exhorta a desarmar el lenguaje, renunciando a juicios rápidos, hirientes, calumnias, etc., y reducir la agresividad verbal ambiental.

No obstante, el ambiente que rodea a la clase política, con la corrupción instaurada en sectores del Gobierno nacional, con el origen y cuota de “marca” Navarra, el asedio a las Instituciones y la erosión del Estado de Derecho, han provocado una grave polarización de la ciudadanía.

Una gran parte de la masa seguidora del, o de la líder de turno, no razona ni analiza las noticias o titulares de medios que actúan, a menudo, como sesgado altavoz amplificador de lo que acontece, en vez de contextualizarlo y objetivarlo.

Los fans de inmediato toman partido, más en contra de los otros que a su favor. Se enfundan la camiseta y, como ocurre con los dos equipos de fútbol más representativos nacionales, se declaran “anti”, y lo más deseable es que el otro pierda.

Esta polarización es barrera infranqueable para los pactos hasta entre partidos afines, pues, al pretender diferenciarse, no utilizan precisamente un lenguaje “desarmado”, sino que inciden y escarban agrandando ese sutil matiz para reafirmar una identidad propia. Y no digamos en el caso de los “anti”, donde allí no hay freno ni en un lado ni en otro, con lo cual es imposible un diálogo, que debiera ser la prioridad del político para resolver problemas y dedicar sus esfuerzos en pro del bienestar de sus ciudadanos.

Se abusa de recurrir a la memoria histórica o democrática, de hechos de hace casi un siglo, tanto por el Gobierno central como por el foral, al objeto de desviar la opinión pública, rememorando sucesos no precisamente ejemplares. Pero se tiene una amnesia selectiva del doloroso legado de más de cuatro recientes décadas de barbarie terrorista, y del quebranto y exilio forzoso de familias coetáneas en nuestra Comunidad Foral.

Escribía una destacada escritora, Elvira Lindo: “la memoria sentimental ha mitificado nuestra guerra civil hasta convertirla en argumento de moda con el que se nutren novelas y películas, pero dudo mucho que nos haya hecho admirar el trabajo callado y lento de los estudiosos”.

Y continuaba su artículo titulado Chaves Nogales, que estaba allí (autor que recomiendo leer): “Yo busco a voces mesuradas en medio de tanto griterío que, en vez de animar y excusar las actitudes violentas, apelen al análisis racional, y alerten contra las opiniones que no mejoran sino empeoran un ambiente confuso y crispado”.

Los políticos, a pesar del dicho de “mal necesario”, son necesarios e imprescindibles para lograr pactos que puedan conseguir una cierta estabilidad, sin fraudulentas cesiones que atenten contra el Estado de Derecho, sus Instituciones, o pretendan el desgajamiento de parte del territorio nacional o de la Comunidad Foral.

No se puede ambicionar o perseguir estar siempre en la primera línea política. Resulta vital la renovación de caras, en unos y en otros, pero quizás más en la oposición, donde hay mayor desgaste, aunque para alguno sea una zona de confort y de cierta durabilidad. El cambio de interlocutores en las diversas formaciones puede ayudar al pacto o, al menos, al diálogo positivo.

Es apremiante, en esta coyuntura, la necesidad de auténticos políticos, capaces de anteponer el bien común a su interés o brillo personal, “desarmando” el lenguaje y fomentando el pacto con aquellas formaciones con las que les une mucho más de lo que les separa, escuchando a los electores y teniendo la grandeza de saber retirarse a tiempo o a un segundo plano, donde también se puede ayudar y colaborar.

JOSE LUIS DIEZ DIAZ

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