El Anaitasuna pasó de ser un vendaval a un equipo que se dejó superar en todos los aspectos desperdiciando nada menos que 8 tantos de ventaja.

Lo ocurrido en la cancha anaitasunista tiene muy difícil explicación. No puede ser que en 20 minutos un equipo que pierde por 8 tantos remonte un partido por las facilidades de los locales.
El partido, sobre el papel, se consideraba iba a ser igualado, aunque partía como favorito el Cuenca. El pronóstico sólo duró 20 minutos. Tras mínimas diferencias y algunos empates el equipo local metió una marcha más.
Realizó cambios en el siete inicial. Entró Cancio bajo los palos y Ander Izquierdo en el central y éste junto a Juan del Arco transformaron el equipo. El equipo de Quique Domínguez se convirtió en un vendaval. Rompieron la defensa visitante y marcaron a placer logrando un 18-13 al descanso.
Los primeros minutos de la reanudación siguieron con el ciclón local. Un Cancio que paraba todo lo que le llegaba y el buen hacer del juego repartido por Izquierdo ampliaban la ventaja hasta en 8 tantos.
Los aficionados no podían creerse la reacción del equipo y ya daban por sentado que el partido no se podía escapar. Hasta la ola se empezó a ve en la grada.
El técnico conquense tuvo que pedir tiempo muerto hasta en tres ocasiones para reconducir la situación. Los dos primeros y el tiempo de descanso no le sirvieron para hacer reaccionar a su equipo. Pero el tercero sí.
Hasta los doce minutos del segundo tiempo Cancio se había convertido en pieza clave bajo los palos en el Anaita. A partir de aquí el protagonismo pasó al portero visitante que con sus paradas relanzó a sus compañeros.
El Anaita sufrió dos exclusiones casi simultaneas, Bazán y Aitor García, y supo sacar ventaja de ello el Cuenca. La contundente defensa local dejó de serlo. Entraron los nervios. Pérdidas de balón, lanzamientos erróneos e incluso falló en el lanzamiento de 7 metros con un 28-28.
Final de infarto. Los visitantes se pusieron por delante con un 29-30 y con su mayor experiencia se llevaron los puntos con un 30-31.
El entrenador anaitasunista intentó con dos tiempos muertos arreglar el desastre de los 15 minutos finales, pero los nervios, la impaciencia y los fallos dieron al traste con el brillante juego mostrado en la primera parte y varios minutos de la segunda.
Ver para creer. Este partido nos dejó atónitos. Como se suele decir, hasta el pitido final todo cuenta y el exceso de confianza es muy mal consejero. Todo el gozo en un pozo, y ahora a seguir remando en busca de la primera victoria.